lunes, 27 de mayo de 2013

1974 - Blue Öyster Cult - Secret Treaties


En 1974 debutaban KISS, Rush o Judas Priest, pero unos pocos dinosaurios del rock duro ya habían conseguido asentarse en la escena con un peso que pocas veces se ha visto desde entonces. Deep Purple, Black Sabbath o Led Zeppelin habían conseguido en este terreno que la atención se volcara hacia Gran Bretaña, pero, como siempre, los USA también habían tenido algo que decir.
Blue Öyster Cult llevaban años en la palestra, y habían dejado ya dos discos que podían plantar cara a los que venían de las islas. Tan técnica como oscura y rocosa, su música bien podía colocarse en el mismo escaparate que la de esos otros gigantes, pero su público, hasta el momento, estaba más limitado dentro de sus fronteras. Y su tercer disco tenía que remediarlo.

“Secret Treaties” se ha visto normalmente encasillado como el capítulo final de la etapa “en blanco y negro” con la que comenzaron su andadura (las portadas tienen la culpa), pero la verdad es que es más fácil entenderlo como un disco de transición hacia los más heterogéneos discos posteriores. En ese sentido, la voluntad de ampliar su público es evidente en la evolución respecto al sonido del anterior “Tyranny & Mutation”. Exuberantemente guitarrero, pero también capaz de dar más protagonismo a los coros y, sobre todo, a los teclados, así como de dar rienda suelta a su imaginación y excentricidades en otros registros.

Si atendemos a los resultados comerciales, iban por el buen camino. Certificado oro, estuvo catorce semanas seguidas en las listas del Billboard americano. Y con el éxito, su reconocimiento iba en alza. Poco después de su salida, la revista ¡británica! Melody Maker lo declaraba el mejor disco de Rock de todos los tiempos, empezando a colocarlo como un habitual entre los trabajos del género que la crítica ha tratado con mayor respeto. Y que sirva de ejemplo el que revistas como “Rolling Stone” y “Kerrang!” lo hayan incluido habitualmente en sus rankings de los mejores discos de siempre.

En su momento, les sirvió para que pasaran a ser habituales cabezas de cartel en grandes festivales, y allanó el camino para que el siguiente “Agents of Fortune” tuviera una recepción todavía mayor, alcanzando pronto el platino.

Con todo esto, no es raro que muchos de sus fans lo consideren el mejor disco de su carrera. Pero lo sea o no (hay mucho donde elegir, anterior o posterior, como para poder dar un veredicto rotundo), es innegablemente uno de sus más importantes, tanto popularmente como para la definición de su identidad. Ésa tan especial y compleja que los hace únicos, atrapa irremediablemente a unos, y los hace tan poco accesibles para otros.
Veamos por qué.

1. “Career of Evil”.
Primer tema y primera prueba de su evolución. Si “Blue Öyster Cult” empezaba con un cañonazo como “Tranmaniacon MC” y “Tyranny & Mutation” abría fuego de la manera más acelerada con “The Red And The Black”, “Secret Treaties” empieza a mostrar sus cartas con un medio tiempo en un formato “single” mucho más claro, en colaboración, además, con la que pronto sería diva de la escena punk americana, Patti Smith. La clase de Buck Dharma, Eric Bloom y sus chicos, eso sí, permanece intacta para firmar uno de los momentos más agradablemente accesibles del trabajo. Un clásico de su repertorio desde entonces.

2. “Subhuman”.
También derrochando clase, pero en un registro más complejo en el que la imaginativa guitarra de Buck Dharma se mueve como pez en el agua, “Subhuman” devuelve a Blue Öyster Cult a un registro más cercano a los temas “más tranquilos” de los trabajos anteriores.

3. “Dominance And Submission”.
Y, por fin, la apertura del tercer tema hace recordar a los fans de los discos anteriores la potencia de sus guitarras. Mención aparte merece la continuidad también en el terreno de las letras. Si las de los discos anteriores pueden calificarse como excéntricas, éstas no se quedan atrás.

4. “Me 262”.
De nuevo las letras llaman la atención, pero en este caso para glosar sobre el primer modelo de avión de combate a reacción. Extraño, pero recubierto de fiero rock’n roll resulta otro excelente tema habitual de sus directos.

5. “Cagey Greetings”.
Más rock’n roll, y más excentricidades. Esta vez salpican a unas melodías especialmente contagiosas. Y como es habitual en su producción, fenomenal trabajo instrumental, destacándose aquí como se integran guitarra y teclados.

6. “Harvester of Eyes”.
Lo machacón del riff principal la corona como una canción especialmente apropiada para los directos (y bien que se han servido de ella en ese aspecto). En “Secret Treaties”, además, nos lleva hacia el decisivo broche final de los dos últimos temas.

7. “Flaming Telepaths”.
Puede que no sea habitual que los dos temas insignia de un disco sean precisamente los dos últimos. En un disco relativamente corto como éste, la estrategia funciona perfectamente. Si hasta aquí era un gran disco, acabar la escucha de esta manera lleva a cualquiera a levantar su calificación hasta los extremos que se comentaban antes.
Ciencia ficción (su tema más recurrente) envuelta en psicodelia y melodías sobrecogedoras, además de enmarcada entre una de las entradas más espectaculares que se pueden encontrar y un final acelerado que no lo es menos.

8. “Astronomy”
Y por fin, lo que muchos esperaban. Como Queen harían unos años más tarde con “We Will Rock You / We Are The Champions”, el poderoso final de la anterior se corta en seco para dejar paso al piano que abre la siguiente. Y si “Flaming Telepaths” es uno de sus mayores clásicos, “Astronomy” lo es todavía más, acabando así el disco con una de sus más conocidas y recordadas canciones. Habitual en los conciertos, revisada años más tarde dentro de su disco conceptual “Imaginos”, y versionada todavía otros tantos años después por Metallica, que se unía así a la larga lista de grupos (de Lizzy Borden a HIM, pasando por Iced Earth o Candlemass) que han intentado añadir a las suyas las personales melodías de Blue Öyster Cult.
Inmejorable final... para dejar al público con ganas de empezar otra vez.

viernes, 12 de abril de 2013

1978 - KISS - Paul Stanley


En 1978 KISS hacía honor a la frase con la que abre sus conciertos: era la banda más “caliente” del planeta.
Unos años antes, “Alive!” les había hecho dar el salto definitivo a la fama y “Destroyer” los había afianzado en el estrellato. Y lo había hecho con un empuje que no sólo todavía duraba, sino que durante la gira de “Love Gun” –quizá precisamente por la voluntad de extenderlo más y más- había sido más perceptible que nunca en sus conciertos multitudinarios (se dice que entonces salían a 13.000 personas por concierto) y en la creciente ola de merchandising diverso sobre la banda. 

Pero a alguien (probablemente el que había sido su manager desde sus inicios, Bill Aucoin) se le ocurrió que todavía se podía dar algún paso más. Puede que para aprovechar un momento que difícilmente se iba a repetir, o puede que siendo consciente de que aquello no podía durar mucho. Pero había que hacer algo nunca visto.

Dos ideas salieron a la palestra: el rodaje de una película que utilizara como personajes a los alter-ego maquillados de los cuatro músicos, y la grabación de cuatro discos -¡a publicar el mismo día!- que dieran su propio espacio a cada miembro de KISS por separado.
Y, cómo no, KISS se embarcó en todo.

No es éste sitio para hablar mucho de la película (y la verdad es que tampoco sería muy reseñable, ya que hasta los propios miembros de KISS manifestaron haberse arrepentido de grabarla, dando esto lugar a la ruptura con Aucoin), pero lo de los discos fue otra cosa.
En aquel momento, las tensiones en el seno del grupo amenazaban ya con finiquitar su trayectoria, y que cada miembro trabajara en un disco por separado (aunque aparecieran bajo la marca “KISS”) podía ser una manera de regenerarse, coger aire y rebajar tensiones... o bien de competir entre todos y ensayar una posible ruptura con carreras separadas. Y por eso cada uno se lo tomó a su manera.

Para Ace Frehley y Peter Criss, los miembros “descontentos” con el papel secundario al que Paul Stanley y Gene Simmons los relegaban disco a disco, era toda una reválida. Una demostración de lo que podrían hacer si les dejaran aportar más, o incluso un escaparate para lucir influencias a las que los líderes del grupo no daban sitio en KISS. Frehley apostó por un sonido con mayor peso de las guitarras, más cercano al heavy rock que ya despuntaba popularmente en esos años, y Criss dio salida a su influencia R&B y del rock & roll de los años 50s y 60s.
Pero para Simmons y Stanley esto debía ser algo diferente: quizá otra manera más de lucirse, quizá algo que tomarse menos en serio... o incluso algo poco oportuno.

El disco de Simmons parece decir que “el demonio” (haciendo uso de esa megalomanía que tanto ha querido lucir en su carrera) vio en esto otra manera de dar brillo a sus excentricidades, y aunque quizá prestó menos atención a la composición de un disco de gran empaque o una dirección clara, se rodeó de todo tipo de colaboraciones famosas y recursos efectistas, y dejó varios momentos a tener en cuenta.
Y Stanley... Stanley se apuntó otro gran disco de KISS. 


Si quiso o no dejar claro que el que dirigía musicalmente al grupo era él es algo que cada uno puede valorar, pero sí que parece claro que para este álbum se estaba guardando algunos temas soberbios, y que además lo adornó con un cuidado y una producción que son difíciles de ver en los discos de la banda al completo.

Que de los cuatro, además, es el disco más puramente KISS, es poco discutible.

Nueve temas originales (los demás tres miembros incluyeron alguna versión) firmados por el propio Stanley, con una mezcla de temas rockeros de melodías power-pop súper pegadizas (con especial atención en este punto a “Wouldn't You Like to Know Me?” y “It’s Alright”, que podrían haber sido grandes hits en cualquier disco KISS –como grupo- de la época, y posiblemente serían habituales de recopilatorios y directos de haberlo sido), medios tiempos hardrockeros más tipicos de KISS, aunque quizá en una versión algo “más cuidada” (“Tonight You Belong to Me” o "Love in Chains", por ejemplo) y temas especialmente melódicos y baladas, destacando especialmente la power-ballad “Take Me Away (Together as One)”, aunque el único single fuera la más radiable y “popera” “Hold Me, Touch Me (Think of Me When We're Apart)”.


A la postre, la maniobra de los 4 discos no tuvo la gran repercusión esperada, y (quizá porque el público no se los tomó como discos “serios” o “reales” de KISS) en principio pareció que entre los cuatro no llegarían a los niveles de ventas que había tenido el último disco conjunto. Además, aunque finalmente todos fueron certificados como platino, con el tiempo han quedado olvidados popularmente dentro de la discografía de KISS.
A diferencia también de sus discos anteriores, sólo tuvieron un single de éxito (para la escala KISS) en el “New York Groove” de Ace Frehley, lo que hace pasar su disco por el de mayor reconocimiento de los “Solo Albums”.
Y claro, todo eso debió convencerlos para volver al redil y grabar inminentemente otro disco como formación. Pero el rumbo de los acontecimientos ya había cambiado, y a pesar de las mayores ventas a las que el super-single “I Was Made For Loving You” llevó a “Dynasty” (un disco que, significativamente, se promocionó como “el regreso de KISS”), este disco recibió peores críticas que los anteriores y no consiguió evitar la sensación de que los días de gloria de KISS empezaban a ir cuesta abajo.

Porque si bien el valorar musicalmente sus cuatro discos en solitario deja la sensación de que, de haber construido un solo disco con lo mejor de ese material, ése podría haber sido uno de los más grandes trabajos de su carrera; al hacer lo mismo con su disco del ’79 éste no parece situarse claramente por encima de ninguno de los cuatro por separado... y quizá sí por debajo, por lo menos, de los de Frehley y Stanley.
Puede que eso hable de “las ganas” con la que los 4 músicos se reencontraron, o de la situación en la que se encontraban ya en los últimos momentos de Peter Criss en la banda (en esa primera época) y en el preludio de la “larga” despedida de Ace. En definitiva, estaban en el primero de aquellos años de transición hacia su regeneración “ochentera” y desmaquillada.

Sea como sea, la extraña idea de los 4 discos nos dejó un buen puñado de canciones memorables, e incluso este disco de Paul Stanley que, si no por fama, sí por música queda muy arriba dentro de la larga discografía de KISS.

Para acabar, un juego para el que conozca los 4 trabajos. ¿No hubiera sido un disco excelente...  por ejemplo algo así?

1.Radioactive (Simmons)
2.Wouldn't You Like to Know Me? (Stanley)
3.I'm In Need of Love (Frehley)
4.Easy Thing (Criss)
5.It's Alright (Stanley)
6.What's On Your Mind?(Frehley)
7.Hooked on Rock 'n' Roll (Criss)
8.Tonight You Belong to Me (Stanley)
9.Rip It Out (Frehley)
10.Mr. Make Believe (Simmons)

jueves, 14 de febrero de 2013

1988 - Pantera - Power Metal

Hay muchos discos de bandas conocidas que son repudiados por la misma crítica que ensalza sus otros trabajos; hay discos que son incluso rechazados por los fans más acérrimos de esos famosos grupos, y por último hay discos que son apartados hasta por sus autores. En el caso que nos ocupa, esta última premisa (algo así como el colmo de la “maldición” para un álbum) se cumple hasta el punto de eliminarlos de la discografía oficial que aparece en su página oficial y de no utilizar nunca más un tema suyo en un directo.

Pantera son conocidos (súper-conocidos) por haber sido uno de los más grandes grupos de metal de los 90s, por su sonido rudo, innovador y poderoso, y por todas esas cosas que ahora no nos interesan... porque son posteriores a la época de la que hablo.
Antes de todo eso, Pantera habían sido un poco popular grupo de hard/heavy rock, como tantos, empapado del sonido de los 80s.
He conocido fans del grupo que incluso pensaban que “Cowboys from Hell” (1990) era su primer disco, y a otros que –conociendo su pasado- sencillamente lo dejaban de lado achacándolo a unos perdonables pecados “de juventud”. En algunos casos, sin molestarse en escuchar esta época y dando por buenas las habladurías sobre “la bochornosa era glam” del grupo.




Y bien, no es que vaya a reivindicar los tres primeros discos de Pantera como trabajos destacables dentro de su estilo, pero sí merece la pena romper una lanza a favor del cuarto, de nombre “Power Metal”. Básicamente, porque a pesar de no tener esa personalidad innovadora que los hizo famosos, es un soberbio discazo. En otro estilo (en clara evolución), pero un discazo.

Con “Power Metal” había empezado el cambio para Pantera. A falta de éxito dentro del hard rock mediático, el grupo quería acercarse a la escena “power” y thrash americana que a finales de los 80s estaba llamando tanto la atención (y que entonces quizá podría ir dentro del mismo cajón, aunque ahora ya tengamos tan definidas las etiquetas), y en busca de la actualización de su sonido había reemplazado al vocalista de los tres primeros discos por un tipo, Phil Anselmo, que tenía cuchillas en la garganta.
Estaba lejos del estilo grave y “redneck” que todo el mundo le conoce, pero por esos años ya demostraba enormes cualidades cantando de una manera muy cercana al Halford más agudo y chillón.



Su gran actuación, una producción más pesada y las intenciones de ir en una dirección más potente (quizás sin tener muy claro el destino, en vista de la variedad en los temas) hicieron que el salto fuera considerable respecto a sus trabajos anteriores.
En “Power Metal” hay heavy metal tradicional a lo Judas Priest o Riot, quedan retazos de un hard/heavy rock más comercial (en el buen sentido) que con el nuevo sonido puede compararse a unos Keel (cuyo guitarrista incluso les cedió una canción) e incluso hay thrash en una senda cercana a los Antrax de la época. Y a pesar de la amalgama suena coherente y ofrece disfrute en todas sus vertientes, desde la radiable “We'll Meet Again” hasta la irresistiblemente veloz “Power Metal”, o desde el carácter tradicionalmente heavy del arranque con “Rock The World” hasta la “trashera” parte final del álbum.




Por lo que pasó luego podemos entender que con su siguiente disco realmente encontraron el estilo que querían, y que lo de “Power Metal” (y lo anterior) fue “sólo” el camino de búsqueda.  Posiblemente, además, un camino ovidado.
Porque si muchos de los que disfrutan de su etapa más “dura” no aprecian tanto esta otra, y muchos de los que apreciarían este heavy metal más clásico no se acercan por asociar el nombre del grupo a un estilo diferente, ¿qué queda para “Power Metal”?
Pue eso. Desaparecer de su repertorio, de su discografía oficial... y ser reivindicado de vez en cuanto en situaciones como ésta.




jueves, 17 de enero de 2013

1989 - Pretty Boy Floyd - Leather Boyz With Electric Toyz



Vaya por delante que esta vez no se puede decir objetivamente que esté hablando de un “gran disco”. Tampoco es que crea que Pretty Boy Floyd tuvieran intención de hacer un gran trabajo musical, todo hay que decirlo. Ni que quisieran crear “algo nuevo”, porque incluso dentro de una escena de por sí poco original, en ellos eran “más que evidentes” las influencias de Mötley Crüe o Poison. No se puede decir que tuvieran un enorme talento, ni siquiera que tuvieran alguna de esas figuras habituales de los grupos ochenteros de éxito, como un guitarrista especialmente virtuoso o un cantante con unas cualidades vocales muy reconocibles.
Estos tipos, eso sí está claro, se quisieron apuntar a la moda del sleazy y el hard rock macarra de finales de los 80s, y su gran baza para asaltar la fama fue “la pose”.

No parece una buena carta de presentación, pero era necesaria la aclaración porque a partir de esto se les pueden empezar a descubrir las virtudes.  Y es que algo especial debieron tener para que éste fuera un álbum de cierta repercusión (o al menos que contuvo singles de cierta repercusión) y que, con un cuarto de siglo a sus espaldas, siga teniendo ese halo de “disco de culto” que le hace ser recomendado aquí y allá entre los más aficionados a aquel estilo.

Por empezar presentándolos de alguna manera, diré que Pretty Boy Floyd fueron cuatro tipos de Hollywood más maquillados que los Poison y disfrazados del prototipo de “chica explosiva” de los clips de la época, con una buscada estética andrógina, mucha connotación sexual y por bandera un cantante al que llamaban Steve “Sex” Summers, que en lo vocal parecía imitar a Vince Neil, pero que en lo físico era difícil de distinguir como hombre o mujer.
Su potente maquinaria “de imagen” llegaba a impregnar un disco de debut, el que presento, con título ambiguo a juego con el propio nombre del grupo (“Chicos de cuero con juguetes eléctricos”), que evidenciaba que buscaban la polémica elevando el carácter gamberro habitual de este tipo de bandas hasta la apuesta más alta.



Lo “especial” de todo esto (por fin) es que toda la parafernalia consiguió empapar el disco de un “rollo” ultra-fiestero, inmaduro, quizá algo “cutre” y pasado de vueltas, pero que en definitiva sumaba para formar un ambiente de mucho gancho y divertimento, que hoy día se puede identificar mucho con aquella época y escena.

Para entendernos, éste es un disco del que puedes pensar que no es gran cosa, pero que sigues teniendo ganas de pinchar... mientras sigas teniendo ganas de fiesta. De esos que te daría cierta vergüenza proclamar como una referencia, pero que siempre recuerdas con una sonrisa. Probad a escucharlo -si es que no lo conocéis ya- y, después de las sensaciones iniciales o de los juicios más racionales -que seguramente irán por otro lado-, decidme si “Your Momma Won’t Know” o “Rock and Roll (Is Gonna Set The Night On Fire)” no se han quedado rondando vuestras cabezas.
¿Sí? Pues eso: gancho, fiesta gamberra (aunque desde la óptica actual parezca hasta inocente), y una manera divertida de recordar “aquella parte” del final de los 80s.
Eso sí, para ellos -más que para nadie- fue una lástima que toda aquella escena no durara mucho más. Porque cuando alguien se esfuerza tanto en identificarse con algo, creando una “imagen prototípica”, está condenado a desaparecer en cuanto cambia “el dibujo”.
Pretty Boy Floyd (su primera “encarnación”) llegó cuando aquella etapa daba sus últimos coletazos y no les dio tiempo para mucho más que este debut. Quizá esto también sea parte del encanto del disco, pero en fin: Que tengan más suerte de cara a sus actuales proyectos.

viernes, 19 de octubre de 2012

1986 - Magnum - Vigilante


Un unicornio con collar en una estancia rosa y enmarcada en un paisaje fantástico. Dentro, la confirmación. Mágnum se habían pasado definitivamente al AOR.
Fuera por intentar explotar de una vez por todas el tirón popular que por fin habían empezado a conseguir con su último disco ,”On A Storyteller’s Night”, o fuera por la influencia del “enlacado” ambiente de aquel 1986, por excelencia año de la explosión de los cardados y demás parafernalia de un tipo de rock duro muy concreto, los Magnum habían dejado atrás una era... y abrían otra a lo grande.

Siempre habían sido un grupo de corte muy melódico, pero había un trecho importante desde hacer una música que se movía entre los Queen de los dos primeros discos (aquellos que más apostaban por el rock/hard rock sinfónico) y los Scorpions de la misma época (entendamos con esto aquel heavy rock radiable) a lo que proponía “Vigilante".
A estas alturas, los dos motivos apuntados parecen claros.

Por un lado, el disco se vendió más. Se coló en el Top-25 de las listas británicas y se movió por los mismos puestos en las de media Europa, preparando aún más el terreno para la llegada de la cima popular que tuvieron con su siguiente (y Top-5) “Wings Of Heaven”. Y lo de “preparando el terreno” en este caso es especialmente importante, puesto que los singles extraídos de “Vigilante” se extendieron casi 10 meses en el tiempo, y fueron seguidos de un recopilatorio de temas anteriores (señal de que se estaban poniendo de moda) que casi conectó con la salida de su álbum más vendido y famoso. Si “Wings Of Heaven” tiene tales honores, puede decirse, es en parte a “Vigilante”.
Por el otro lado, la influencia del sonido puramente “ochentero”, o del rock más mediático de la época, es evidente. Escuchar los teclados de "Sometime Love", por ejemplo, y  revivir la moda de las hombreras es algo que se mezcla naturalmente. Pero en fin, también Queen y los Scorpions, por volver a esos dos grupos que se mencionaban como bases, estaban haciendo un giro similar a mediados de los 80s.

Pero el caso es que la jugada no les salió nada mal. Ni comercialmente, eso ha quedado claro, ni musicalmente. Sí, puede que no sea el mejor disco de Magnum (sin duda es uno de los mejores, aunque la magia de gusto “más setentero” del entonces ya pretérito “Chase the Dragon” sea difícil de igualar) pero no se puede negar que sacaron todo el partido posible a su nueva propuesta. Y de la mejor manera: con un disco corto pero repleto de potenciales singles en varios registros. Baladones, medios tiempos coreables, temas movidos, estribillos pegadizos, teclados, guitarras y, cómo no, la siempre brillante voz de Bob Catley. Puede que su trabajo en este disco, derrochando esa característica elegancia de corte tan clásico, sea una de las grandes razones por las que el sonido de Magnum seguía siendo, a pesar de todo, perfectamente reconocible. Tan bien les salió que, a partir de entonces, su trayectoria se ha visto marcada principalmente por este tipo de sonidos más AOR.
Y fue gracias a estos temas:

  1. "Lonely Night" — 3:48
Para empezar el que fue el primer single. Escucharlo es entender por qué tuvo ese privilegio.
  1. "Need a Lot of Love" — 4:48
Relajando algo el tono, uno de los cortes más famosos del disco y de toda su carrera, power-ballad por todo lo alto que, ojo, ni siquiera fue single de un álbum que iba bien servido de "hits".
  1. "Sometime Love" — 4:20
Más animado, y más estribillos pegadizos. Pegadiza y “ochentera” hasta decir basta, hubiera sido otro excelente single.
  1. "Midnight (You Won't Be Sleeping)" — 4:01
Esta vez sí, aquí va el segundo single de “Vigilante”. Y tiene todo lo que se puede pedir a un éxito de la época: entrada baladera, subida de guitarras, estribillo animado y pegadizo, solo de saxo...  Ahora que tantas bandas triunfan recordando el sonido radiable y rockero de los 80s viene bien recordar cómo era todo esto en su estado original.
  1. "Red on the Highway" — 4:14
Después de cuatro temas de tipo “hit” podría parecer que la cosa se agota. Pero nada de eso. Llega uno de los temas más puramente rockeros. Y el disco lo agradece.
  1. "Holy Rider" — 5:17
Vuelta al sonido más relajado y muy “de la época”...
  1. "When the World Comes Down" — 5:20
...y vuelta al hit-single con el que fuera el tercer sencillo del disco. Otro de sus temas más conocidos y una balada de corte épico muy del gusto de aquellos años.
  1. "Vigilante" — 6:40
Una de las grandes virtudes del disco es su acertada estructura. Tras un par de temas más relajados convenía algo de acción, y “Vigilante” trae la trae de vuelta. Y sí, otro estribillo para enmarcar.
  1. "Back Street Kid" — 5:01
Final. Y Otra joya que guardaron para el postre. 9 temas y punto. Si son todos buenos, ¿para qué hacen falta más? Que tomen nota los productores actuales.