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miércoles, 21 de octubre de 2009

2001 - Judas Priest - Demolition

Con todo los desprecios que puede haber sufrido este trabajo, el título de "disco maldito" -en el sentido de condenado- puede estar perfectamente hecho para él. Pero ¿es entonces merecido el desprecio y el ya casi olvido?

Es difícil hacer juicios absolutos en este tema, pero quizás se pueda llegar a comprender algo mejor si pensamos en los "cargos" que lo hicieron culpable del delito.

Para empezar, está el rechazo que suscitó el que Judas Priest siguieran adelante sin Halford y, por consiguiente, toda la etapa de Tim Owens a las voces. Lo del cambio de vocalista (como cualquier cambio de "estilo", en general) en un grupo consolidado siempre ha generado polémica, y aquí no iba a ser menos. Y si ya la polémica estaba casi gastada con aquel (excelente) "Jugulator", para cuando llegó "Demolition" este punto estaba ya sentenciado. Más, si cabe, tras el atractivo debut de Halford en solitario.

Habiéndose demostrado con el tiempo que el tipo tiene enormes cualidades, pero ciertamente diferentes a las del Metal God (por mucho que se intentara presentar como un clon de Rob -sin duda por su potencia vocal y su facilidad para los agudos imposibles-, su estilo más agresivo casi lo hace parecer un cruce entre el propio Halford y alguien tipo James Hetfield), el barniz diferente que dió a las canciones de los Priest es compresible, pero, por qué no, resultó incluso acorde con la propuesta que los principales compositores de la banda (no olvidemos, tanto antes como entonces, Tipton y Downing) presentaban por aquellos años.
Ellos lo aceptaron para cantar en su banda y ellos marcaron el camino musical. Y si aceptamos otra postura a la tan habitual como cerrada por la que un grupo debe siempre apostar por lo mismo, hasta aquí la cosa no parece grave, y Tim Owens, toda una "Victim Of Changes" ante la comparación (como se hace siempre) con los mejores momentos del anterior (que en este caso es ni más ni menos que todo un dios), resulta sólo culpable por prejuicios.

De esta manera, el cambio de dirección musical al que se llegó resulta el principal cargo esgrimido. Sí, "Demolition" apuesta por dar un cariz actual (pensando en principios de década) a su heavy metal, en gran parte a través de todo tipo de arreglos de guitarras chirriantes y ruiditos industriales, y si bien esa idea le "chirrió" a muchos (y lo sigue haciendo) por su incompatibilidad con "la idea de Priest" del pensamiento colectivo, tan tradicional, la cosa deja de parecer tan extraña si repasamos con algo más de pausa la carrera del gigante británico.

Al hacerlo mínimamente nos encontramos con que sus discos han sido siempre consecuentes hijos de su tiempo, y que han ido "redecorando" su estilo en función de lo imperante en el panorama. Lo hizo "Stained Class", por ejemplo, con la sequedad inglesa de aquellos últimos 70s, lo hizo de la manera más clara posible "Turbo" a base de sintetizadores y estribillos radiables en los años de la laca, y lo hizo Painkiller acelerando esquemas con la llegada de los 90s, por poner algunos ejemplos. ¿Por qué no adaptarse una vez más?

Claro, a todos estos ya nos los miramos con perspectiva y los años nos hacen asumirlos dentro de los mismos "patrones Priest", por muy diferentes que sean todos, precisamente por ser partes de ese patrón colectivo. La vuelta de Halford abrió la ilusión por su gran época, y en un tiempo de "revival" como los años centrales de esta década "Angel Of Retribution" nos despachó un resumen de muchos de esos patrones en un solo disco, con mayor éxito de crítica y público. Sin entrar en la calidad de las canciones, ¿no es eso en el fondo otra manera de hacer lo mismo, que no deja de ser lo mismo -ir adaptándose, y a la vez crear con ello escuela- que han hecho siempre?

Entendido este punto, el análisis se debería entonces reducir (y es algo difícil) a si realmente funcionan o no esos temas (todo y con nuevo estilo y diferente vocalista) de manera más objetiva, como si se olvidaran los nombres y las circunstancias. Ahí tampoco nos podemos salir de lo subjetivo, pero si bien temas como un "Metal Messiah", por ejemplo, sí que parecen demasiado forzados en el intento de reforma, otros más como "One On One" o "Devil Digger" consiguen el cambio manteniendo un espíritu y una fortuna propias (hasta el punto de que si lo despojáramos de arreglos e interludios ruidosos lo podríamos imaginar como clásico en cualquier disco anterior) e incluso alguno como "Feed On Me", "Close To You" o la impresionante "Bloodsuckers" no necesitarían de imaginaciones para hacerse hueco en los honorados álbumes del pasado.



Siendo así, y si "Jugulator" (quizás, sí, más homogéneo) ya tiene las voces que empiezan a reclamar su valía, ¿por qué no esperar lo mismo de "Demolition" con el tiempo, hasta que quede en nuestra memoria dentro de aquel famoso patrón?

Pudiera ser, claro, pero quizá la cosa debería empezar porque los propios Judas Priest, que -por otro parte- tan buen camino parecen estar llevando, aceptaran la dignidad de esta etapa en lugar de contribuir a su olvido excluyéndola por completo de sus directos y demás parafernalia. Bueno, si eso les resultara comercialmente rentable, claro.

jueves, 16 de julio de 2009

2009 - Judas Priest - A Touch Of Evil Live

A golpe de DVD por cada vez que se pisa un escenario y a base de videos de ínfima calidad tomados por seguidores que acuden a los conciertos cámara en mano -no se sabe si para ver el show con calma y en casa en lugar de disfrutarlo en el momento o para demostrarle al mundo que estaban allí- se está perdiendo el gust por un formato, el del disco en directo, que ha dado algunas de las joyas más reputadas de la historia del rock, y hoy en día es evidente que un lanzamiento de esta índole tiene poca trascendencia, máxime si viene de una banda de repertorio más que conocido, a no ser que se le dote de alguna particularidad.

Judas Priest debían estar al tanto de esto, y con "A Touch Of Evil Live" se han ido dejos de lo que todo el mundo podía esperar: Disco sencillo y nada de los clásicos que se han grabado tantas y tantas veces, que para eso ya tenemos anteriores y difícilmente superables trabajos. Sólo temas que esta formación no había grabado nunca en vivo y con especial atención a los que nos ha traído la celebrada reunión con estos ya dos nuevos álbumes de estudio. Una manera de hacerlo atractivo, claro, pero también una buena forma de comprobar como algunos de ellos van para clásicos.

¿El resultado? Si nos ponemos en este nuevo rol, lejano a la intención de grabar el mejor directo posible a base de lo mejor y más espectacular de su carrera -algo que hoy casi parecería sólo indicado para quien los empiece a conocer ahora- pero ideal para el seguidor habitual por lo fresco del lanzamiento, más que conseguido.

miércoles, 7 de enero de 2009

2000 - Halford - Resurrection

Llegó nada más empezar, pero para muchos el gran acontecimiento de la década será la vuelta al metal –a “su” metal, y por todo lo alto- de Halford. Nos hemos vuelto a acostumbrar a verle entre cuero y tachas e incluso al frente de Judas Priest, pero hay que recordar que no siempre fue así, y que en un momento dado, “Resurrection” supuso la más grande ilusión posible para gran parte de la “parroquia” –y nunca mejor dicho- metalera de siempre.
“El disco que Halford nunca llegó a grabar con Judas Priest”, “el verdadero sucesor de Painkiller”, o hasta “¿el mejor disco de ‘Judas Priest’?” fueron comentarios habituales en el 2000, convirtiéndose el Metal God de nuevo en referencia mediática dentro de un panorama en el que sólo se le pudo comparar en importancia la noticia del disco de la vuelta de Dickinson a Iron Maiden.



Sí, el gigante ausente buena parte de los 90s, Judas Priest, ya había reencauzado su carrera sin él, pero pocos habían aceptado esa evolución (¿sustituir al “Dios”? ¿Priest sonando “actualizados”?) y el regreso de Halford a sus raíces (¿quién quiso acordarse de que en su “evolución” hasta ese punto se había ido mucho más lejos que los propios Priest?) fue algo así como la vuelta del hijo pródigo y a la vez una colleja a sus ex compañeros.
Todo se olvida pronto, y todos teníamos ganas de volver a escucharle escupir los tópicos de siempre entre riffs afilados como cuchillas. Él sabía lo que le convenía y dejó claro que había “resucitado” de nuevo el espíritu de Priest. Nada de medias tintas, “Resurrection” era premeditadamente “el disco de Judas Priest”, y consiguió con él uno de los mejores resultados posibles para un trabajo que pretenda moverse en esos parámetros del heavy metal. Efectivo, directo, potente, y sólo algún guiño más melódico y denso que apuntaría para donde de verdad le apetecía tirar y que, por otro lado, con el siguiente “Crucible” se nos enseñó como una línea interesante –si bien no tan “segura” para el público- que de momento parece haber quedado cortada.



Pero el primer paso estaba dado y las cosas empezaron a girar como todo el mundo esperaba y la mayoría deseaban: pronto se dijo que con Halford en ese camino no tenían sentido “dos versiones diferentes de Judas Priest”, que Halford quería voler a su cuna y finalmente... que estaba hecho: Judas Priest reunidos y dispuestos a hacer como si nada hubiera pasado en una década. Especulaciones sobre los intereses del evento al margen, su nueva carrera ha acabado demostrando, afortunadamente, que la cosa iba en serio y que podían volver a sentirse tan fuertes como equipo para incluso probar caminos nuevos y más complicados en todos los sentidos.

No hay duda, el pistoletazo de salida lo puso el Metal God con su resurrección, secundado con el gran trabajo en la producción de Roy Z (que también firma la composición de hasta 8 temas junto al protagonista del disco) y a los instrumentos (y también ayudando en la composición) de P.Lachman, M.Chlasciak y B.Jarzombek.
Incluso muchos dirán hoy que ese pistoletazo fue en definitiva el disparo más afortunado que se ha dado desde entonces. Para el que se quedara colgado desde “Painkiller”, para el que buscara viejas sensaciones o, en definitiva, si lo que se quiere es heavy metal, poco más se puede pedir: uno de los discos de la década.

sábado, 30 de agosto de 2008

1981 - Judas Priest - Point Of Entry


“Point Of Entry” es una de las mejores muestras de cómo el tiempo acaba por formar la opinión dominante ante cualquier acontecimiento, y es que si en 1981 la gira del entonces nuevo disco de Judas Priest supuso uno de los mayores acontecimientos metaleros del año y de lo más grande que en este sentido se había hecho nunca hasta entonces, llenando recintos allí por donde pasaba y llevando a teloneros que hoy costaría de reunir bajo la sombra de cualquier otra banda (ni más ni menos que Iron Maiden, Accept y Saxon), hoy por hoy la idea “colectiva” formada sobre ese disco va por terrenos muy diferentes, siendo un habitual en su mención cuando se hace referencia a los puntos más bajos de la trayectoria de los Metal Gods.

¿La razón? Bien, cualquier análisis superficial sobre la situación de este disco ya nos arroja dos factores que pueden tener su parte de importancia en esto.
El primero y el más evidente es el puesto en que ha quedado “Point Of Entry” dentro de la discografía de esta veterana banda británica, encuadrado entre dos de sus más populares discos: “British Steel” y “Screaming For Vengeance”.
Con dos colosos como estos flanqueándolo, el potencial de “Point Of Entry” queda para muchos en entredicho, como un respiro entre puñetazo y puñetazo. Para colmo, existe una continuidad en cuanto a sonido mucho más lógica entre aquellos dos trabajos, sobre todo si observamos la evolución que entre el segundo de ellos hay con el siguiente “Defeders Of The Faith”. El carácter cada vez más rocoso y adentrado en el metal más tradicional de los 80s que ellos mismos ayudaron, y mucho, a definir se explica mucho mejor siguiendo la tríada “British Steel” - “Screaming For Vengeance” – “Defenders Of The Faith”, que incluyendo en medio el olvidado y en parte más hardockero disco de 1981. De esta manera, puede resultar hasta normal que un nuevo metalero no muy atento obvie su existencia.

El segundo factor va por terrenos más alejados de lo estrictamente musical para meterse de lleno en lo comercial: “Point Of Entry” fue el primero de los discos de Judas Priest que no se grabó en UK –se hizo definitivamente en Ibiza- y que se encaró en cuanto a producción y distribución a empezar a explotar la figura de los Priest, ya más que asentada en su país natal y buena parte de Europa, fuera de sus fronteras, especialmente en los USA.
Los impuestos que se pagaban en aquel entonces en Gran Bretaña en esta industria eran demasiado fuertes para un grupo que con su status crecido quería empezar a aprovechar al máximo los nuevos recursos, tanto ampliando los mecanismos en la grabación, como agrandando otros publicitarios como el de los video clips (de este disco se hicieron tres: “Don’t Go”, “Hot Rockin” –un clip que es todo un manifiesto heavy y que se puede ver bajo estas líneas- y “Heading Out To The Headway”), así que posiblemente “Point Of Entry” pagó la novatada consecuente al cambio de costumbres y no acabó de reventar ni en sus viejos terrenos ni en los nuevos.


Además de esto, se pueden notar otras bazas que, quién sabe, pudieron también tener su peso en que el disco no se acabara de consolidar con el tiempo. Por ejemplo, el hecho de que el primer single y carta de presentación fuera “Don’t Go”, un tema hardrockero de buena factura y notable gancho pero de cariz bastante diferente y más accesible que lo que venían haciendo hasta entonces (de hecho es un tema “diferente” hasta dentro del conjunto del disco), pudo despistar a parte de la audiencia más que atraer a la nueva.

El que la portada de la edición europea fuera algo que nadie ha sabido entender y que ni ellos mismos han querido explicar (quizá sencillamente no se refiere a nada) también puede tener su parte de culpa, y aunque este argumento pueda parecer algo trasnochado adquiere mucha más trascendencia si nos acordamos de que se acabó por añadir a la caja original una etiqueta con la foto del grupo y su anagrama para que el público se diera cuenta de que se trataba de ellos y así ayudar en algo a las ventas.

Más allá de todo esto, y de las acertadas o no decisiones que rodearon a la presentación del álbum, lo cierto es que en lo musical no hay demasiadas razones para el desprecio. “Heading Out To The Headway” o, especialmente, “Hot Rockin”, podrían haber formado parte –e incluso haber destacado allí- del anterior y aclamado “British Steel”, “Desert Plains” o “Solar Angels” resultaron algunos de los medios tiempos más grandiosos que habían grabado y tuvieron gran éxito en directo (“Solar Angels” abrió todos los conciertos de esa gira, como se ha comentado, también más que exitosa) y algunas otras como “Turning Circles” o “On The Run” combinaban el sonido acerado y rocoso con un refrescante punto de accesibilidad y variedad, resultado temas de notorio gancho.
En conjunto, sí, resulta un disco de más peso hardrockero que los demás discos grandes de los 80s, pero aunque su nombre sea santo y seña del heavy metal, esta faceta es algo que siempre han mantenido intacta bajo su piel de cuero y tachas.
Y, desde luego, es también digna de atención.

martes, 29 de julio de 2008

1978 - Judas Priest - Hell Bent For Leather


“British Steel”, “Screaming For Vengeance”, “Painkiller”... puede que hoy sean estos otros los discos más alabados de la trayectoria de Judas Priest. Pero “Hell Bent For Leather” culminaba de manera grandiosa una evolución que durante los 70s había dado a esta banda una serie de trabajos con un aire tan especial, que puede que ni los centenares de imitadores que han tenido desde el albor de los 80s, ni los propios Priest desde entonces, hayan vuelto a conseguir.
Más allá de que puedan ser o no “mejores” o “peores” discos, sí que se hace bastante evidente que de “British Steel” en adelante se asentó un sonido algo diferente que fueron sacando adelante reformándolo convenientemente en cada nuevo esfuerzo, pero que a esas alturas ya ponía mucho camino en medio desde “Sad Wings Of Destiny”o “Sin After Sin”.

“Hell Bent For Leather”, eso sí, adelantaba parte de ese sonido, el más rocoso y aguerrido de “British Steel”, y a la vez conservaba parte de la magia más rockera y setentera de sus predecesores. Y puede que por eso deba considerárselo como uno de sus discos más (o directamente “su disco” más) completos y variados.
Los diferentes registros de sus composiciones así lo abalan, recorriendo un espectacular espectro de posibilidades desde el rock melódico y radiable de “Evening Star” hasta el afilado y frenético heavy metal del tema homónimo, todo tipo de variaciones mediante.
Y así lo abalan también los distintos registros en la interpretación, ejemplificados en su máxima en la voz de Rob Halford, que salta otro nivel más dentro de su inigualable trayectoria para añadir a los agudos (dominantes por ejemplo en el inmediatamente anterior “Stained Class”) y graves limpios (que con tanto acierto intercalaba en los temas lentos de sus primeros trabajos) una nueva y especialmente emotiva y rockera voz dura y rasgada. Todo un protagonista de este disco, Halford, dejando claro que si es El Gran vocalista del heavy metal no es por haber dejado sólo el cliché de sus agudos imposibles, sino porque fue siempre capaz de escoger el mejor entre sus millones de recursos y por su amplísima variedad de registros. Personalmente, esa voz rockera y muy rasgada que luce por ejemplo en “Evil Fantasies” me es su “manera de cantar” favorita.

Volviendo a “Hell Bent For Leather”, puede que estas maneras más rudas respondieran en parte a la nueva imagen que se venían formando desde “Stained Class”. Esa tan característica hoy de Judas Priest -y por imitación del heavy metal en general- que adopta el cuero y los accesorios de metal como indumentaria, y la imaginería motera como lema, sacado todo ello de bares de carretera y ambientes de fuerte carga sexual (masoquismo, homosexualidad...) con intención de diferenciarse de manera clara y lanzarse ante el público. De hecho, la misma portada del disco ya reforzaba esta línea.

Publicado como “Killing Machine” el 9 de octubre de 1978 en UK, tuvo que “rebautizarse” para poder lanzarse al mercado USA e internacional sin problemas de “acogida moral”, y en marzo de ’79 aparecía en las tiendas americanas, y luego en las de todo el mundo, como “Hell Bent For Leather”.
De por medio, Judas Priest había tenido tiempo de añadir a la grabación una pista más, la versión de Fleetwood Mac "The Green Manalishi (with the Two-Prongued Crown)", que acabó por convertirse en uno de los mayores éxitos del álbum y en una imprescindible de su repertorio.
De aquí salió también el primer video de la banda, el de “Take On The World” –en el que vemos a un Halford ya ataviado en sus tradicionales cuero negro, metal, gafas oscuras y gorra-, junto al single de esta misma canción, acompañado de un directo de “Starbreaker” como cara B.
Precisamente este single atrajo especial espectación entre el público japonés, que recibiría en breve la visita de Judas Priest, y en esa gira nipona de “Hell Bent For Leather” obtendrían uno de sus primeros éxitos masivos en vivo y grabarían –de ahí que se la cuidara especialmente- su primer trabajo en directo, el célebre “Unleashed In The East”.


En esa misma gira, pero a su paso por Irlanda, se dió también la primera aparición de otro hecho ya clásico en su trayectoria: la entrada en escenario de Rob Halford montando una Harley Davidson para el comienzo del entonces nuevo tema “Hell Bent For Leather”. Maniobra casi aplacada por la policía local entonces, en adelante se convirtió en una constante para enloquecer al público.

Mucha historia, por tanto, acompaña a “Hell Bent For Leather”. Eso sí, para acabar de situar el disco, como mínimo cabría añadir que se trata de uno de los trabajos más citados como influencia y referencia de la NWOBHM que en poco tiempo estallaría en Gran Bretaña.

¿Hace falta algo más para que cualquier amante del heavy metal reverencie este álbum? Posiblemente no, pero sí para dar una idea de la enorme magnitud de este maravilloso conjunto, del que la experiencia dice que gana más y más con los años y las escuchas.
Así que repasémoslo tema a tema:

1. "Delivering the Goods" – 4:16
Primer cañonazo para abrir, descubriendo a la vez el sonido más pesado que consiguieron para su anterior “Stained Class” y que mostraban siempre en directo, y esos nuevos registros más rasgados, graves y aguerridos de Halford. Con la añadidura de un aire rock’n rollero y un no por habitual menos destacable excelente trabajo de guitarras, un tema absolutamente espectacular (puede que el antecesor a “Breaking The Law”) que quizá merecería mayor presencia en sus directos.

2. "Rock Forever" – 3:16
Un bajo pesado –al que hace mucho bien en todo el disco el mayor volumen que se le ha dado en la edición remasterizada, caso parecido al de los mínimos arreglos de teclados en otros temas- aguantando el tema para mayor juego de las guitarras y Halford que empieza a demostrar que puede cantar como él quiera, exhibiendo ahora voces más limpias y estirando notas a su voluntad. En general, un corte que engancha con un sonido más setentero.

3. "Evening Star" (Halford, Tipton) – 4:06
Nuevo cambio de estilo para el corte más radiable y accesible, que si bien podría parecer de primeras a fanáticos de otras etapas Priest algo fuera de lugar, acaba por aceptarse tan bien que ayuda a dar variedad al disco y a respirar espacio entre los anteriores y lo que se avecina.

4. "Hell Bent for Leather" (Tipton) – 2:41
Lo que se avecina no otra cosa que una descarga afiladísima de heavy metal de estribillo antológico marca de la casa que es hoy por hoy clásico ineludible de su repertorio. Alabar el trabajo de la dupla de guitarras Tipton & Downing sería casi caer en lo obvio, por algo son los maestros en esto.

5. "Take on the World" (Halford, Tipton) – 3:00
Tras la velocidad, “Take On The World” pasa al medio tiempo rock’n rollero de ritmo marcado de batería y estribillo hímnico, de nuevo con Halford espectacular en su papel más aguerrido. Como se ha dicho, single de éxito en su día, y un tema bastante incorporado a la cultura popular inglesa. Algo así como su “We Will Rock You” particular.



6. "Burnin' Up" (Downing, Tipton) – 4:07
Si queremos seguir con la camparación con Queen (argumento que perfectamente podría aguantarse bajo el peso de la presencia mediática que tenía “la reina” aquellos años), temas como “Burnin’ Up” dan pie a hablar de la variedad de influencias dentro del mismo disco. En este caso, unas guitarras que casi juguetean con el funk o el progresivo. Ésta es una orientación del disco en la que cabe señalar la aportación de la batería de Les Binks. Probablemente la más técnica y “sutil” que ha tenido Priest –sólo tocó en éste y el anterior trabajo, siendo sustituido por Dave Holland en “British Steel”- y que probablemente encajaba menos en los discos de los 80s. Otro tema injustamente olvidado.

7. "The Green Manalishi (With the Two-Pronged Crown)" (Peter Green) – 3:23
La versión que se comentaba antes, y que adquiere un empaque enorme de pesado pero brillante hard rock.

8. "Killing Machine" (Tipton) – 3:01
Otro tema curioso, que como “Rock Forever” o “Burnin’ Up” prefiere dejar el peso rítmico al bajo (puede que éste sea su disco donde el bajo es más notorio) y lucir eclecticismo en las guitarras, y de nuevo con unas atractivas melodías vocales de gusto setentero. Un corte de los que crecen con el tiempo.

9. "Running Wild" (Tipton) – 2:58
Y otro que por contra es totalmente inmediato. Un directo trallazo de heavy metal de los que crearon escuela de por muchos años.

10. "Before the Dawn" – 3:23
Vuelta total a la tortilla para encontrarnos con la balada del disco, un breve pero sentido corte de sobrecogedora atmósfera.

11. "Evil Fantasies" – 4:15
Y final de la mejor manera posible. Un temazo de hard rock clásico pero pesadísimo y agresivo, acentuado por una magistral y dura interpretación vocal, casi desquiciada en los tonos más rasgados, de un Rob Halford que nos recuerda que buenos cantantes hay muchos, pero que Dios sólo hay uno.
¿Es este álbum su mejor interpretación, o bien “Sad Wings Of Destiny”? En cualquier caso, un cierre fantástico para un disco de los que se funciona y se debe escuchar de una pieza, con calma y dispuestos a disfrutar de todo lo que puede dar.

lunes, 21 de julio de 2008

2008 - Judas Priest - Nostradamus


Si con “Angel Of Retribution” muchos pensamos que Judas Priest iban claramente a asegurar el tiro, con “Nostradamus” habría que decir que se han atrevido a disparar hasta con los ojos vendados. Y puestos a arriesgar e ir hacia delante, un grupo con más de tres décadas de historia se ha dedicado a hacer ahora su primer disco conceptual, su primer disco de estudio doble, y todos los arreglos que no habían hecho para sus numerosos discos anteriores, entre otras novedades.

Sólo por eso resulta admirable. Más teniendo en cuenta que no tenían ninguna necesidad de darse un trabajo de años y que la mayoría hubiera lanzado ya las campanas al vuelo con un disco más de diez temas directos empapados de cuero, tachas y dientes apretados. Más todavía si nos acordamos de cómo se tachó la reunión de Halford con Judas Priest de mera maniobra comercial.
Si en aquel momento pudo sonar creíble el argumento, “Nostradamus” lo desmonta. Porque el que sólo pretende sacar tajada no se esfuerza tanto ni se vuelve –¿por cuántas veces ya?- a reinventar, y porque si aún así apostara por reinventarse no lo haría para alejarse de lo que más fácilmente puede vender.

Y es que “Nostradamus” es desde el planteamiento un disco destinado a recoger golpes, y todo lo contrario de lo que hoy impera en el mercado. No nos engañemos, en un momento en el que un consumidor de música puede acceder a tantos productos como quiera con unos pocos clics, poco suele interesar facturar uno que necesite de tiempo y atención para poder degustarse. Para cuando haya tiempo, ya habrá otra media docena de estrenos.
En un momento en el que el consumidor medio escucha su música en reproductores portátiles mientras realiza cualquier otro tipo de tarea poco puede interesar una que en lugar de apostar por el volumen y los primeros planos directos se moleste en rellenar cada tema de matices que pasarán desapercibidos.
Y en un momento donde manda la información en cantidad y premura hasta el punto de que podemos leer una crítica del disco antes de que se publique no hay tiempo para ofrecerle a lo nuevo de los Priest antes de opinar sobre ello. Media escucha y ya tenemos una reseña, que para el siguiente ya no hará falta ni eso. Con este panorama, sólo hace falta añadir el cambio importante de sonido –algo que siempre resulta polémico en cualquier grupo que ya triunfara- para que muchos lo tiren por el suelo.

Afortunadamente, y aunque los “nuevos fans” que estén a la espera de otro “Painkiller” puedan haber salido corriendo, Judas Priest tienen una base de seguidores lo suficientemente fiel y madura como para responder al esfuerzo con dedicación, y muchos de ellos ya habrán podido a estas alturas comprobar que, efectivamente, se trata de un disco difícil y poco inmediato, pero que gana considerablemente con cada escucha atenta, que consigue un gran empaque como conjunto a pesar de la variedad, y que contiene momentos enormemente brillantes en varios terrenos, destacándose por igual la grandilocuencia épica y melódica de un “Future Of Mankind”, la acelerada rabia de “Persecution”, o la casi progresiva calma atmosférica de ese “New Begginings”, por poner algunos ejemplos. Aunque no todo nos convenciera por igual, tendríamos casi dos horas de música de la que rescatar seguro muchos momentos disfrutables.

¿Queremos oír un disco en el estándar más Priest? Por supuesto, esperemos nuevos para el futuro, y en el pasado tenemos auténticas joyas. Si estamos dispuestos a abrirnos a otra cosa, con “Nostradamus” -aunque sólo el tiempo dirá si acaba siendo un clásico o se queda en ese "disco maldito" que de momento apunta- nos han hecho un regalazo.