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miércoles, 19 de agosto de 2015

1996 - Desperado - Bloodied but Unbowed


El 12 de octubre de 1987 Dee Snider anunció la separación de Twisted Sister.
Hacía tiempo que buscaba su propio camino. De hecho, su último disco, “Love is for Suckers”, ya había sido inicialmente pensado como el primer disco en solitario de un Snider con ganas de explorar otros terrenos, pero la discográfica presionó para que apareciera bajo el nombre de su grupo. Dee era uno de los frontmen más carismáticos de la escena, pero Twisted Sister funcionaba mucho mejor como marca consolidada. Hasta que quebró.

Dado el paso, en 1988 Dee Snider reclutó al que fuera batería de Iron Maiden Clive Burr, al guitar hero Bernie Tormé (quien además de tener una sólida carrera en solitario, también era conocido por su trabajo en Gillan) y al bajista Marc Russell. Con este equipo se lanzó de cabeza a por el hard rock que había explorado en “Love is for Suckers”, esta vez de una manera más decidida y tocando las raíces más auténticas del género.
Hay que decir, eso sí, que aunque se evidenciara ese mayor gusto por el hard rock americano más clásico y tuvieran una orientación más “seria” que Twisted Sister, especialmente en las letras, muchos de los temas que en 1990 tenía preparados la dupla que tomó el mando en la composición (Dee y Tormé) eran fácilmente asociables al estilo de la banda madre de Snider.

Pero esto no era tampoco lo que querían las discográficas, deseosas de abanderar un giro musical acorde con la nueva moda de los primeros 90s.
En un callejón sin salida y harto de los problemas con las discográficas, Snider dio el grupo por separado a principios de década sin haber publicado finalmente nada. Con un buen listado de temas ya grabado y a punto, el disco no llegó a salir oficialmente, pero los temas empezaron a circular y adquirieron fama de trabajo “de culto”.
Tanto, que la pequeña Destroyer Records se decidió a lanzarlos en 1996 bajo el nombre de “Bloodied and Unbowed”. Ya totalmente fuera de su época y con el panorama hardrockero casi desaparecido, Desperado estaba sentenciado a tener mínima relevancia comercial.
De hecho, para entonces Dee Snider ya había tenido tiempo de volverlo a intentar con no mucha más suerte en otro proyecto en el que mantendría al bajista Marc Russell, Widowmaker, y de iniciar otra aventura más con una especie de banda tributo a su propia carrera, los Dee Snider's SMFs.

Pero volviendo a Desperado, sus temas siguieron generando interés, hasta el punto que la mayor Angel Air Records se hizo con los derechos y volvió a lanzar el disco en 2006 rebautizado como “Ace”, remasterizado y con algún ajuste en el track list.

Tal y como se publicó por primera vez en 1996, el debut y único trabajo de Desperado contenía estos temas:
  1. "Hang 'Em High" - 4:51
  2. "Gone Bad" - 3:44
  3. "The Maverick" - 5:06
  4. "The Heart Is a Lonely Hunter" - 7:11
  5. "Calling for You" - 4:54
  6. "See You at Sunrise" - 5:53
  7. "There's No Angels Here" - 4:54
  8. "Made for Trouble" - 3:45
  9. "Ride Thru the Storm" - 4:30
  10. "Son of a Gun" - 5:34
  11. "Emaheevol" - 4:25
  12. "Easy Action" - 3:52
  13. "Heart of Saturday Night" - 3:53
A pesar de su mala suerte, valían mucho la pena. Dan para especular con qué podría haber sido de este grupo si hubiera podido tener continuidad. Y por supuesto, para pasar un buen rato escuchando buena música. Recordémosla:


viernes, 7 de junio de 2013

1983 - Blue Öyster Cult - The Revölution By Night


Cada uno de los ocho discos de estudio que Blue Öyster Cult publicó antes de la primera ruptura de su formación original, aunque muy especialmente los cuatro primeros y el último de esa etapa, tiene seguidores que lo consideran lo mejor de su discografía. La mayoría están de acuerdo, eso sí, en que los inmediatamente posteriores a esa ruptura son los peores.
La explicación de esta extendida sensación, centrada en “The Revölution by Night”, puede parecer tan sencilla como exagerada.

Para empezar, es el primer disco sin la formación original al completo, que había aguantado toda una década de reconocimiento. Y ya sabemos que los cambios de formación suelen traer polémicas.
El éxito de “Fire of Unknown Origin”, encabezado por el de su hit-single “Burning for You” y rotundamente coronado por el de su posterior gira, recogida en el impresionante “Extratrerrestial Live”, podía llevar a pensar en una nueva era comercialmente dorada para el grupo, que había que aprovechar. Y con la música de grupos como Foreigner, Survivor o Reo Speedwagon reluciendo entre el mainstream americano, esa podía ser una línea a seguir que no estaba del todo lejos de algunos de los muchos registros ya lucidos por la banda de New York.
Albert Bouchard, batería original, salió del grupo durante la mastodóntica gira de “Fire Of Unknown Origin”, y decidió ir por otros caminos de carácter más complejo, embarcándose en la idea de una ópera rock que, a la postre, acabaría publicándose años más tarde bajo el nombre de su banda madre. Rick Downey, presentado en la gira que recoge “Extratrerrestial Live” y por primera vez músico de estudio para BÖC en “The Revölution by Night”, fue su sustituto, empezando así una dinámica que seguiría con el teclista Allen Lanier fuera del grupo poco después de su publicación. Y si en esto ya hay una parte de justificación para los más críticos, la segunda parte es todavía más recurrente para este tipo de casos: el famoso “cambio de estilo”.

En el caso de Blue Öyster Cult, hablar de un cambio de estilo es algo bastante complicado. Está claro que “Tyranny & Mutation” tiene poco que ver con “Fire Of Unkown Origin”, si de etiquetas musicales se trata, y ambos son trabajos de gran reputación. Que desde “Secret Treaties” habían ido evolucionando hacia una manera más personal, a la vez comercial y rica en matices de entender el rock duro es algo evidente, y sabemos que habían sido capaces, incluso en un mismo disco, de dar cabida al hard/heavy rock más rocoso, el pop rock más atmosférico o el rock de tintes progresivos e influencia jazz. Que en este momento incluyeran el rock melódico del mainstream entre su amplia lista de recursos tampoco parece algo especialmente reseñable, así que puede que haya que entender parte del rechazo a que, eso sí, el resultado (con ese barniz que restringe parte de su creatividad) parece algo menos "suyo" que su material anterior, además de menos variado.



En realidad, temas como “Take Me Away”, “Feel The Thunder” (estas dos en un registro muy del Eric Bloom de siempre), “Veins” o “Dragon Lady” (otras dos en el más clásico de Buck Dharma), no se habían movido mucho de esa propuesta personal sobre la que venían variando desde “Secret Treaties”, aunque se pueda decir (y quizá aquí está el punto) que “Take Me Away” no llegue a la brillantez de un “E.T.I”, o que “Dragon Lady” ya no sorprenda tanto como “Tattoo Vampire”, por comparar con clásicos anteriores de carácter similar. Pero no por eso dejan de ser grandísimos temas. Incluso “Light Years of Love” encajaría entre los momentos más relajados de “Spectres”, recordando a “Celestial the Queen”. Y con estos y otros, es fácil encontrar una mayoría de cortes que perfectamente pudieran tener cabida, por estilo y nivel, en otros momentos de su discografía. Lo que puede que falte es alguno de esos bombazos que siempre habían tenido sus discos. Porque ni siquiera en las letras (de nuevo con la ciencia ficción como tema recurrente) hay excesivos cambios. En algo relacionado con esto, eso sí, se centran algunas de las críticas más feroces, ya que la sarta de tópicos rockeros que proclama “Let Go” suele reprocharse duramente a quienes habían sido incluso capaces de resultar elegantes hablando de contactos con alienígenas.

Por otro lado, los temas que sí muestran claramente esa nueva vocación AOR (“Eyes on Fire” y “Shooting Shark”, especialmente) resultan casi impecables en este registro, por mucho que abandonen parte de la fuerte personalidad de BÖC. Y lo dicho, no dejan de ser unos pocos momentos que pueden dar otras texturas al disco, resultando algo distinto del siguiente "Club Ninja", que se centró precisamente en estos registros.

Así que, en resumen, más que resultar especialmente lejano en sonido, la “diferencia” (para bien o para mal) en “The Revölution by Night” la marca el “encorsetamiento”. O, por decirlo de otra manera, esa contención dentro de unos parámetros menos flexibles que permitan momentos más espectaculares. Y esa sensación de "modestia" no impide, claro, que resulte un disco muy disfrutable, divertido e incluso más homogéneo, sabiendo que esto último es algo que algunos de los “no muy seguidores” del grupo echan en falta en sus discos clásicos.

viernes, 12 de abril de 2013

1978 - KISS - Paul Stanley


En 1978 KISS hacía honor a la frase con la que abre sus conciertos: era la banda más “caliente” del planeta.
Unos años antes, “Alive!” les había hecho dar el salto definitivo a la fama y “Destroyer” los había afianzado en el estrellato. Y lo había hecho con un empuje que no sólo todavía duraba, sino que durante la gira de “Love Gun” –quizá precisamente por la voluntad de extenderlo más y más- había sido más perceptible que nunca en sus conciertos multitudinarios (se dice que entonces salían a 13.000 personas por concierto) y en la creciente ola de merchandising diverso sobre la banda. 

Pero a alguien (probablemente el que había sido su manager desde sus inicios, Bill Aucoin) se le ocurrió que todavía se podía dar algún paso más. Puede que para aprovechar un momento que difícilmente se iba a repetir, o puede que siendo consciente de que aquello no podía durar mucho. Pero había que hacer algo nunca visto.

Dos ideas salieron a la palestra: el rodaje de una película que utilizara como personajes a los alter-ego maquillados de los cuatro músicos, y la grabación de cuatro discos -¡a publicar el mismo día!- que dieran su propio espacio a cada miembro de KISS por separado.
Y, cómo no, KISS se embarcó en todo.

No es éste sitio para hablar mucho de la película (y la verdad es que tampoco sería muy reseñable, ya que hasta los propios miembros de KISS manifestaron haberse arrepentido de grabarla, dando esto lugar a la ruptura con Aucoin), pero lo de los discos fue otra cosa.
En aquel momento, las tensiones en el seno del grupo amenazaban ya con finiquitar su trayectoria, y que cada miembro trabajara en un disco por separado (aunque aparecieran bajo la marca “KISS”) podía ser una manera de regenerarse, coger aire y rebajar tensiones... o bien de competir entre todos y ensayar una posible ruptura con carreras separadas. Y por eso cada uno se lo tomó a su manera.

Para Ace Frehley y Peter Criss, los miembros “descontentos” con el papel secundario al que Paul Stanley y Gene Simmons los relegaban disco a disco, era toda una reválida. Una demostración de lo que podrían hacer si les dejaran aportar más, o incluso un escaparate para lucir influencias a las que los líderes del grupo no daban sitio en KISS. Frehley apostó por un sonido con mayor peso de las guitarras, más cercano al heavy rock que ya despuntaba popularmente en esos años, y Criss dio salida a su influencia R&B y del rock & roll de los años 50s y 60s.
Pero para Simmons y Stanley esto debía ser algo diferente: quizá otra manera más de lucirse, quizá algo que tomarse menos en serio... o incluso algo poco oportuno.

El disco de Simmons parece decir que “el demonio” (haciendo uso de esa megalomanía que tanto ha querido lucir en su carrera) vio en esto otra manera de dar brillo a sus excentricidades, y aunque quizá prestó menos atención a la composición de un disco de gran empaque o una dirección clara, se rodeó de todo tipo de colaboraciones famosas y recursos efectistas, y dejó varios momentos a tener en cuenta.
Y Stanley... Stanley se apuntó otro gran disco de KISS. 


Si quiso o no dejar claro que el que dirigía musicalmente al grupo era él es algo que cada uno puede valorar, pero sí que parece claro que para este álbum se estaba guardando algunos temas soberbios, y que además lo adornó con un cuidado y una producción que son difíciles de ver en los discos de la banda al completo.

Que de los cuatro, además, es el disco más puramente KISS, es poco discutible.

Nueve temas originales (los demás tres miembros incluyeron alguna versión) firmados por el propio Stanley, con una mezcla de temas rockeros de melodías power-pop súper pegadizas (con especial atención en este punto a “Wouldn't You Like to Know Me?” y “It’s Alright”, que podrían haber sido grandes hits en cualquier disco KISS –como grupo- de la época, y posiblemente serían habituales de recopilatorios y directos de haberlo sido), medios tiempos hardrockeros más tipicos de KISS, aunque quizá en una versión algo “más cuidada” (“Tonight You Belong to Me” o "Love in Chains", por ejemplo) y temas especialmente melódicos y baladas, destacando especialmente la power-ballad “Take Me Away (Together as One)”, aunque el único single fuera la más radiable y “popera” “Hold Me, Touch Me (Think of Me When We're Apart)”.


A la postre, la maniobra de los 4 discos no tuvo la gran repercusión esperada, y (quizá porque el público no se los tomó como discos “serios” o “reales” de KISS) en principio pareció que entre los cuatro no llegarían a los niveles de ventas que había tenido el último disco conjunto. Además, aunque finalmente todos fueron certificados como platino, con el tiempo han quedado olvidados popularmente dentro de la discografía de KISS.
A diferencia también de sus discos anteriores, sólo tuvieron un single de éxito (para la escala KISS) en el “New York Groove” de Ace Frehley, lo que hace pasar su disco por el de mayor reconocimiento de los “Solo Albums”.
Y claro, todo eso debió convencerlos para volver al redil y grabar inminentemente otro disco como formación. Pero el rumbo de los acontecimientos ya había cambiado, y a pesar de las mayores ventas a las que el super-single “I Was Made For Loving You” llevó a “Dynasty” (un disco que, significativamente, se promocionó como “el regreso de KISS”), este disco recibió peores críticas que los anteriores y no consiguió evitar la sensación de que los días de gloria de KISS empezaban a ir cuesta abajo.

Porque si bien el valorar musicalmente sus cuatro discos en solitario deja la sensación de que, de haber construido un solo disco con lo mejor de ese material, ése podría haber sido uno de los más grandes trabajos de su carrera; al hacer lo mismo con su disco del ’79 éste no parece situarse claramente por encima de ninguno de los cuatro por separado... y quizá sí por debajo, por lo menos, de los de Frehley y Stanley.
Puede que eso hable de “las ganas” con la que los 4 músicos se reencontraron, o de la situación en la que se encontraban ya en los últimos momentos de Peter Criss en la banda (en esa primera época) y en el preludio de la “larga” despedida de Ace. En definitiva, estaban en el primero de aquellos años de transición hacia su regeneración “ochentera” y desmaquillada.

Sea como sea, la extraña idea de los 4 discos nos dejó un buen puñado de canciones memorables, e incluso este disco de Paul Stanley que, si no por fama, sí por música queda muy arriba dentro de la larga discografía de KISS.

Para acabar, un juego para el que conozca los 4 trabajos. ¿No hubiera sido un disco excelente...  por ejemplo algo así?

1.Radioactive (Simmons)
2.Wouldn't You Like to Know Me? (Stanley)
3.I'm In Need of Love (Frehley)
4.Easy Thing (Criss)
5.It's Alright (Stanley)
6.What's On Your Mind?(Frehley)
7.Hooked on Rock 'n' Roll (Criss)
8.Tonight You Belong to Me (Stanley)
9.Rip It Out (Frehley)
10.Mr. Make Believe (Simmons)

jueves, 14 de febrero de 2013

1988 - Pantera - Power Metal

Hay muchos discos de bandas conocidas que son repudiados por la misma crítica que ensalza sus otros trabajos; hay discos que son incluso rechazados por los fans más acérrimos de esos famosos grupos, y por último hay discos que son apartados hasta por sus autores. En el caso que nos ocupa, esta última premisa (algo así como el colmo de la “maldición” para un álbum) se cumple hasta el punto de eliminarlos de la discografía oficial que aparece en su página oficial y de no utilizar nunca más un tema suyo en un directo.

Pantera son conocidos (súper-conocidos) por haber sido uno de los más grandes grupos de metal de los 90s, por su sonido rudo, innovador y poderoso, y por todas esas cosas que ahora no nos interesan... porque son posteriores a la época de la que hablo.
Antes de todo eso, Pantera habían sido un poco popular grupo de hard/heavy rock, como tantos, empapado del sonido de los 80s.
He conocido fans del grupo que incluso pensaban que “Cowboys from Hell” (1990) era su primer disco, y a otros que –conociendo su pasado- sencillamente lo dejaban de lado achacándolo a unos perdonables pecados “de juventud”. En algunos casos, sin molestarse en escuchar esta época y dando por buenas las habladurías sobre “la bochornosa era glam” del grupo.




Y bien, no es que vaya a reivindicar los tres primeros discos de Pantera como trabajos destacables dentro de su estilo, pero sí merece la pena romper una lanza a favor del cuarto, de nombre “Power Metal”. Básicamente, porque a pesar de no tener esa personalidad innovadora que los hizo famosos, es un soberbio discazo. En otro estilo (en clara evolución), pero un discazo.

Con “Power Metal” había empezado el cambio para Pantera. A falta de éxito dentro del hard rock mediático, el grupo quería acercarse a la escena “power” y thrash americana que a finales de los 80s estaba llamando tanto la atención (y que entonces quizá podría ir dentro del mismo cajón, aunque ahora ya tengamos tan definidas las etiquetas), y en busca de la actualización de su sonido había reemplazado al vocalista de los tres primeros discos por un tipo, Phil Anselmo, que tenía cuchillas en la garganta.
Estaba lejos del estilo grave y “redneck” que todo el mundo le conoce, pero por esos años ya demostraba enormes cualidades cantando de una manera muy cercana al Halford más agudo y chillón.



Su gran actuación, una producción más pesada y las intenciones de ir en una dirección más potente (quizás sin tener muy claro el destino, en vista de la variedad en los temas) hicieron que el salto fuera considerable respecto a sus trabajos anteriores.
En “Power Metal” hay heavy metal tradicional a lo Judas Priest o Riot, quedan retazos de un hard/heavy rock más comercial (en el buen sentido) que con el nuevo sonido puede compararse a unos Keel (cuyo guitarrista incluso les cedió una canción) e incluso hay thrash en una senda cercana a los Antrax de la época. Y a pesar de la amalgama suena coherente y ofrece disfrute en todas sus vertientes, desde la radiable “We'll Meet Again” hasta la irresistiblemente veloz “Power Metal”, o desde el carácter tradicionalmente heavy del arranque con “Rock The World” hasta la “trashera” parte final del álbum.




Por lo que pasó luego podemos entender que con su siguiente disco realmente encontraron el estilo que querían, y que lo de “Power Metal” (y lo anterior) fue “sólo” el camino de búsqueda.  Posiblemente, además, un camino ovidado.
Porque si muchos de los que disfrutan de su etapa más “dura” no aprecian tanto esta otra, y muchos de los que apreciarían este heavy metal más clásico no se acercan por asociar el nombre del grupo a un estilo diferente, ¿qué queda para “Power Metal”?
Pue eso. Desaparecer de su repertorio, de su discografía oficial... y ser reivindicado de vez en cuanto en situaciones como ésta.




jueves, 17 de enero de 2013

1989 - Pretty Boy Floyd - Leather Boyz With Electric Toyz



Vaya por delante que esta vez no se puede decir objetivamente que esté hablando de un “gran disco”. Tampoco es que crea que Pretty Boy Floyd tuvieran intención de hacer un gran trabajo musical, todo hay que decirlo. Ni que quisieran crear “algo nuevo”, porque incluso dentro de una escena de por sí poco original, en ellos eran “más que evidentes” las influencias de Mötley Crüe o Poison. No se puede decir que tuvieran un enorme talento, ni siquiera que tuvieran alguna de esas figuras habituales de los grupos ochenteros de éxito, como un guitarrista especialmente virtuoso o un cantante con unas cualidades vocales muy reconocibles.
Estos tipos, eso sí está claro, se quisieron apuntar a la moda del sleazy y el hard rock macarra de finales de los 80s, y su gran baza para asaltar la fama fue “la pose”.

No parece una buena carta de presentación, pero era necesaria la aclaración porque a partir de esto se les pueden empezar a descubrir las virtudes.  Y es que algo especial debieron tener para que éste fuera un álbum de cierta repercusión (o al menos que contuvo singles de cierta repercusión) y que, con un cuarto de siglo a sus espaldas, siga teniendo ese halo de “disco de culto” que le hace ser recomendado aquí y allá entre los más aficionados a aquel estilo.

Por empezar presentándolos de alguna manera, diré que Pretty Boy Floyd fueron cuatro tipos de Hollywood más maquillados que los Poison y disfrazados del prototipo de “chica explosiva” de los clips de la época, con una buscada estética andrógina, mucha connotación sexual y por bandera un cantante al que llamaban Steve “Sex” Summers, que en lo vocal parecía imitar a Vince Neil, pero que en lo físico era difícil de distinguir como hombre o mujer.
Su potente maquinaria “de imagen” llegaba a impregnar un disco de debut, el que presento, con título ambiguo a juego con el propio nombre del grupo (“Chicos de cuero con juguetes eléctricos”), que evidenciaba que buscaban la polémica elevando el carácter gamberro habitual de este tipo de bandas hasta la apuesta más alta.



Lo “especial” de todo esto (por fin) es que toda la parafernalia consiguió empapar el disco de un “rollo” ultra-fiestero, inmaduro, quizá algo “cutre” y pasado de vueltas, pero que en definitiva sumaba para formar un ambiente de mucho gancho y divertimento, que hoy día se puede identificar mucho con aquella época y escena.

Para entendernos, éste es un disco del que puedes pensar que no es gran cosa, pero que sigues teniendo ganas de pinchar... mientras sigas teniendo ganas de fiesta. De esos que te daría cierta vergüenza proclamar como una referencia, pero que siempre recuerdas con una sonrisa. Probad a escucharlo -si es que no lo conocéis ya- y, después de las sensaciones iniciales o de los juicios más racionales -que seguramente irán por otro lado-, decidme si “Your Momma Won’t Know” o “Rock and Roll (Is Gonna Set The Night On Fire)” no se han quedado rondando vuestras cabezas.
¿Sí? Pues eso: gancho, fiesta gamberra (aunque desde la óptica actual parezca hasta inocente), y una manera divertida de recordar “aquella parte” del final de los 80s.
Eso sí, para ellos -más que para nadie- fue una lástima que toda aquella escena no durara mucho más. Porque cuando alguien se esfuerza tanto en identificarse con algo, creando una “imagen prototípica”, está condenado a desaparecer en cuanto cambia “el dibujo”.
Pretty Boy Floyd (su primera “encarnación”) llegó cuando aquella etapa daba sus últimos coletazos y no les dio tiempo para mucho más que este debut. Quizá esto también sea parte del encanto del disco, pero en fin: Que tengan más suerte de cara a sus actuales proyectos.

miércoles, 25 de enero de 2012

1992 - Barón Rojo - Desafío

Y con Barón Rojo vuelven los “discos malditos” al blog. Pero más que de maldito, criticado u olvidado, para “Desafío” habría que hablar de un disco... ninguneado. De esos a los que la mayoría ni siquiera ha dado una oportunidad. De esos de los que muchos ni conocen. Y ojo, en parte, tiene explicación.

Repasemos: el Barón llegó a tocar el cielo mediados los 80’s, encadenando hasta “En Un Lugar de la Marcha” un trabajo inolvidable tras otro, pero con el siguiente “Tierra de Nadie” (1987) la cosa empezaba a cambiar. Sea porque se trata de un disco más irregular que los anteriores o por la ya visible transformación del sonido más clásico que practicaron en la segunda mitad de la década, el trabajo quedó un punto por debajo de donde los anteriores habían llegado, y los años lo han ido separando cada vez más de la etapa de gloria. Los últimos 80’s traían una oferta musical mucho más amplia y los gustos también cambiaban. Pero “No Va Más”(1988), por añadido, acentuaba la cierta irregularidad del anterior al no conseguir tampoco un himno de los que sí que había encontrado “Tierra de Nadie” en temas como el homónimo. En medio de la caída popular, “Obstinato” (1989) parecía querer levantar la cabeza (y bien que deberíamos hacerlo todos para recordar su nueva “Herencia Letal”), pero para colmo José Luis Campuzano y Hermes Calabria abandonaban el grupo y ponían, reforzando aquel sentimiento de cierre de una década que habían representado tanto y tan bien, una especie de “punto y final” moral a la carrera de Barón Rojo.

Muchos los abandonaron entonces, y que los De Castro decidieran seguir adelante y rehicieran la formación para regalarnos pronto este “Desafío” (un título perfecto para lo que suponía) queda ya sólo como recuerdo de los más seguidores. Por no hablar de su carrera posterior, que todavía tendría otro gran acierto en el siguiente “Arma Secreta” (1997) y que ha quedado perdido todavía más en el limbo del panorama rockero patrio.
Con estos dos discos y su reinvención, el Barón se proponía recuperar buena parte del sonido más clásico de sus comienzos y, si bien no estaban tan cargados de himnos como aquellos primeros discos, por lo menos si que conseguían unos conjuntos seguramente más regulares que la mayoría de los de la segunda mitad de los 80s.
Además, y centrando en el disco que nos ocupa, cortes como “Noches de Rock & Roll” parecen capaces agrandar la nómina de clásicos de la banda, al tiempo que nos dicen que este “Desafío” debió superarse con nota. La música debería garantizar por lo menos la empatía de los que habían disfrutado de ellos en el pasado, y la temática es tan o más Barón Rojo (esa amalgama de proclama rockera y denuncia social aquí tan perfectamente representada por “Político” o “Señor Censor”) que cualquier otro que hicieran desde “En Un Lugar de la Marcha”.

El “Desafío” había resultado, quizá, demasiado grande. Y, de paso (y por seguir reivindicando también aquel otro disco), ni su “Arma Secreta” consiguió hacerle frente. Quizá por eso parecieron bajar el listón desde entonces. Quizá, sencillamente, debiéramos recuperar a los barones.

martes, 11 de mayo de 2010

1994 - Mötley Crüe - Motley Crue

Mötley Crüe había arrasado medio mundo (y buena parte de la salud de sus miembros) con el  rotundo éxito de un "Dr. Feelgood" que, por fin, ponía la guinda a su carrera con un número uno. Se habían colocado en una posición tal que hasta el recopilatorio del '91 había llegado a colocarse en el número 2 del Billboard. Pero las cosas cambian y, como casi siempre que se dice eso, pueden hacerlo a peor. En este caso, las condiciones para que se diera algo así estaban perfectamente dispuestas: Por un lado, una banda endiosada poniéndose a trabajar en un álbum nuevo tras varios años más llenos de halagos y fiesta que de trabajo duro. Por otro lado, un momento de cambio radical del panorama musical. Y en medio, varios egos fuertes que satisfacer y predispuestos a la pelea.



En la de Mötley Crüe, fue Vince Neil el que acabó perdiendo. Y su salida de la banda dejó al gigante sin su carismático vocalista y con Nikki Sixx como líder sin discusión. No es de extrañar, entonces, que fuera éste el que no tardara en encontrar el sustituto en un tipo, J.Corabi (entonces vocalista de The Scream), con el que "casualmente" hacía un tiempo contactaba para compartir admiraciones y posibles colaboraciones. El peso de Corabi, eso sí, resultó mayor de lo que se podía esperar de un recién llegado y acabó colaborando en la composición de todos los temas del nuevo disco. Eso, por consiguiente, se sumó a la dirección por la que Sixx quería llevar a su grupo en aquellos nuevos 90s, llevando el resultado un paso más lejos de lo que venían haciendo anteriormente.

Registro diferente para las voces, orientación más seria en las letras (no hace falta decir que Corabi no resultó ser otro llamativo Neil que apostara por el "sexo, drogas y rock n roll") y un sonido más denso y pesado que se apoyaba en otra brillante producción de Bob Rock (por lo menos a la altura de "Dr. Feelgood" en el primer puesto de las producciones "Crüe", si no claramente la primera).
Todo eso suele ser mucho cambio para un salto de un solo disco de estudio (aunque sea también de cinco años) y aunque la larga espera hizo que la acogida fuera tan efusiva como para entrar directamente al nº 7 del Billboard, pronto las ventas se desinflaron por debajo de los trabajos de los 80s.



Pero tampoco imaginemos de más. Temas como "Poison Apples", la tremenda "Welcome To The Numb" o "Driftaway" (una de sus mejores baladas de siempre) son perfectamente reconocibles en su carácter continuista -tanto que no cuesta imaginarlos con la voz de Vince Neil- y hubieran sido perfectos y exitosos hits 100% Mötley Crüe en otra época. "Hammered" o "Smoke The Sky" (de lo más potente de su repertorio) introducen un sonido algo más pesado y poderoso pero no por eso dejan de grandes piezas de hard/heavy rock que deberían haber tenido mejor suerte entre su público de siempre. "Misunderstood", cerca o lejos de su estilo anterior, es claramente uno de los temas más redondos de su discografía. Y en general, todo el disco (también en sus partes más "noventeras") representa un esfuerzo considerable y más que bien aprovechado, del que incluso muchos diríamos que, más aún prescindiendo de un par de momentos, puede ser uno de sus trabajos más conseguidos. Pero quizá exageraron la sensación de cambio colocando, significativamente, algunos de los cortes de mayor gusto "noventero" justo al principio. O quizá, sencillamente, ya no era tan buen momento comercial para ellos.

A estas alturas, eso sí, hemos superado mucho y que sea "el disco de Mötley Crüe sin Vince Neil" o un disco diferente a sus clásicos anteriores no nos debería asustar mucho. ¿Es buen momento para recuperarlo? Bueno, si se hace, por lo menos sabemos que no será un momento perdido.

miércoles, 3 de marzo de 2010

1992 - Love/Hate - Wasted In America

Aunque fue la Geffen la discográfica que dominó el gran mercado del Hard Rock a finales de los 80’s y los primeros años de los 90’s, fue notable el intento –cómo no, a vista de lo exitoso del producto- de otras disqueras por ponerse a la altura en estos terrenos y, algo tarde para haber podido contar con una carrera más extensa (que todos sabemos a estas alturas que una vez entrados los 90s, poco terreno quedaba ya por trillar en ese género) la hoy gigante Sony se decidió a apostar fuerte para conseguir esa banda símbolo de la época que para la Geffen había sido, por ejemplo, Guns N Roses. Para despistados, empecemos a presentarla.



Love/Hate, perfecto representante de aquella nueva hornada hardrockera del cambio de década que andaba ya recibiendo otras influencias, fue una de sus lanzaderas y para su debut discográfico de 1990 se preparó una gran promoción que se vio recompensada (y aquí viene el problema) de una manera un tanto escasa en cuanto a ventas, si bien sí con una aplastante personalidad en lo musical. No hace falta decir, puestos en situación, que con su segundo trabajo, este "Wasted In America", los tipos se lo jugaban todo a doble o nada y o bien encontrarían ese asalto definitivo a la fama que otros habían conseguido años antes, o difícilmente (más pensando en que para cuando se lanzó este disco Nirvana y su séquito empezaban ya a amenazar con desplazar esta música del primer plano) volverían a recibir una oportunidad.

Y pasó lo que ya sabemos. O por lo menos, aunque no se conociera el caso, lo que cualquiera puede suponer si se tacha a éste de ser un “disco maldito”. Que el disco fue excelente, sí, pero que se estrellaron definitivamente en su intento de conquistar el mercado.

Pero como poco arreglo puede tener ya aquel asunto, centrémonos en la música. “Wasted In America” se trabajó hasta el último detalle y resultó un conjunto intachable que, aún sin tener ningún tema con el claro sonido de los hits hardrockeros de la época, resultaba un sensacional trabajo de hard rock ecléctico y personal, complejo y potente, que destacaba especialmente por una intrincada sección rítmica (mucha atención a las líneas de bajo) y un aire mucho menos amable o divertido que lo que se estilaba en los medios hasta entonces, abanderado por la voz macarra de Jizzy Pearl. Algo así, por extraño que parezca, como unos Guns N’ Roses con ganas de demostrar técnica y, de paso, de parecerse de vez en cuando un poco a lo que después serían los Megadeth de los 90’s. Raro, sí, pero cualquiera que haya escuchado ese trallazo que es “Spit” lo entenderá. En un formato más standard, el surtido de cañonazos no tuvo desperdicio, como podemos seguir escuchando con este “Yucca Man”.



Les dio para poder girar por Europa abriendo para Ozzy Osbourne, pero tampoco consiguió cubrir las expectativas económicas de la casa, y esto (dos “fracasos” seguidos) facilitó las cosas para que la disquera se decidiera a deshacerse de ellos y, consecuentemente, para que empezara la cuesta abajo de Love/Hate, culminada con la salida de Jizzy Pearl para formar en los L.A.Guns. Eso sí, las últimas maniobras de levantamiento comercial para el disco no tuvieron desperdicio por llamativas y casi desesperadas. Y es que pocas veces, además de ésta, una promoción será recordada como una de las grandes anécdotas en el mundo del Rock. ¿Alguien recuerda (y el que no que vea el video siguiente) a Jizzy Pearl simulando crucificarse en la "Y" de "HOLLYWOOD"? Pues eso, será que no lo intentaron.

martes, 16 de febrero de 2010

1988 - Blind Guardian - Battalions Of Fear

Objetivamente, "Battalions Of Fear" fue en 1988 el debut de una de las bandas que más ha marcado el devenir del metal europeo en los 90s (quizás por detrás de Helloween y de poco más), y, también objetivamente, aunque este primer disco ya señalara desde la década anterior y con fuerza ese influyente camino, todavía hoy es uno de los trabajos más desconocidos de su carrera.

Puestos, pues, a hacer justicia con esos primeros años, hagamos primero memoria. Formados en 1986 bajo el nombre de "Lucifer's Heritage" y con una formación que hasta 2005 ha sido extrañamente inalterable para lo habitual en este mundillo -Hansi Kürsch (voces), André Olbrich (guitarra), Marcus Siepen (guitarra) y Thomen Stauch (batería, percusión)-, lanzaron dos maquetas -"Symphonies Of Doom"(1986) y "Battalions Of Fear"(1987)- antes de su primer LP oficial, que les valieron para llamar la atención de la discográfica No Remorse Records y poder grabar, ya bajo el nombre de Blind Guardian, su primer disco.

Que el "centro" del metal europeo se volcó en la segunda mitad de los 80s desde Inglaterra hacia Alemania se hacía evidente, y si hay que buscar raíces en el sonido de "los bardos" habría que hacerlo precisamente en compatriotas como Grave Digger, los Accept más afilados, Running Wild y, sobre todo, Helloween.
Metal veloz, pues, a la vez que cargado de melodía era entonces la consigna, pero su personal mezcla de metal enraizado en los primerísimos Helloween (los Helloween del Hansen vocalista) con elementos más clásicos y arreglos orquestales (para muchos sus siguientes álbumes tienen el honor de ser los primeros en utilizarlos significativamente en este tipo de música, aunque luego se haya hecho algo habitual), riffs duros tipo speed/thrash (algo también "muy alemán" en esa época) y una temática fantástica crearon escuela.

Características que a estas alturas casi parecen más de lo mismo de un género gastado y formulista, en el momento fueron toda una explosión. A esto hay que sumarle que, como por ejemplo los citados Running Wild, siempre superion conservar un estilo muy personal (más allá de los cambios de sonido) y diferenciado de los demás. Lo esencial, este punto, para ser recordados con el tiempo entre las masas que vendrían en breve. Tanto, por cierto, que en los últimos años parecen una referencia clara entre algunas formaciones de la nueva generación nórdica del estilo, llámense Persuader o Savage Circus.

Precisamente de entre esos factores diferenciales, una de las cosas que siempre se ha destacado por el público ha sido la potencia, y en "Battalions Of Fear, puede que más que en ningún otro disco, eso se nota. Las extensas y complejas construcciones de "Majesty" -con una entrada que se ha comparado a veces al "Fast As A Shark" de Accept y que podemos escuchar a continuación- y "The Martyr" -con algunos riffs potentísimos que rozan por momentos el trash más oscuro o el primer death-, y la energía de la directa y veloz "Run For The Night" o de "Guardian Of The Blind" son muestras de lo aguerrido de estos alemanes en aquellos tiempos.



Con ellas, otros temas exaltaban los ambientes épicos y medievales al tiempo que demostraban una técnica por encima de la media. Así, las instumentales "By The Gates Of Moria" o "Gandalf's Rebirth", dejaban claro por donde iban a ir los tiros.
Es difícil de decir, pero no es my descabellado pensar que éste sea el primer disco "de primera línea" donde el mundo de Tolkien, los magos, los dragones, las espaditas y la demás fanfarria "épico-metalera" hoy tan habitual como pasada de rosca tome el completo protagonismo. Por lo menos de esta manera, porque si bien es cierto que bandas como Manowar hacía tiempo que cantaban a los dioses de la guerra, y que la épica y los ambientes medievales funcionaban desde incluso décadas atrás, todo esto parecía una expresión de fuerza o se incluía dentro del espíritu de una canción. Desde aquí, en cambio, parece que se abre la puerta a la fascinación de contar leyendas por el encanto de ellas mismas.

Sea como sea, es sin duda un disco lo suficientemente conseguido como para escucharlo dejando de lado todos los prejuicios acumulados contra ese rebautizado "power metal" y con la seguridad de encontrar buenos momentos, además del principio de una carrera ciertamente interesante.

Sí, mayor gloria recibieron desde los medios trabajos posteriores, y precisamente el éxito de esos (y de otros como Gamma Ray) sirvió para que muchas otras bandas tomaran nota y se pusieran manos a la obra para revisar todo lo que sonara parecido desde "Keeper Of The Seven Keys" para adelante, copando el panorama hasta los límites que conocemos. Ahora que hace unos años que este boom parece más que superado, se puede asociar con otros anteriores que hemos vivido, por ejemplo en el Hard Rock más mediático de los 80s. Es inevitable, pues, con todo lo que triunfa y no sólo lo hemos visto con este sub-género: Algunos marcan el camino, muchos se unen a la fiesta hasta que se acaba por aborrecer, y por último quedan sólo los que de verdad tenían algo. Sí, Blind Guardian lo tenían.

lunes, 1 de febrero de 2010

1993 - Diamond Head - Death & Progress

No nos engañemos. Hoy nos acordamos de Diamond Head principalmente por la insistencia de Metallica (entre otros) en reivindicarlos con sus versiones. Si no fuera por esto, nos acordaríamos de ellos sólo como lo hacemos (y utilicemos para la comparación a otras bandas de enorme talento) de Cloven Hoof o de Witchfinder General.
Es decir, cuando nos ponemos, en este afán tan de hoy de conocer más (en cantidad) que nadie, a rebuscar entre esas "bandas de culto" (una manera bonita de hablar de fracasados comerciales) de la NWOBHM.

Para colmo, tanto si nos acordamos de ellos como unos estandartes de aquella "vieja-nueva" generación británica como si lo hacemos por esos "Am I Evil" o "The Prince" que tanto han tocado Hetfield, Ullrich y compañía, sólo nos acordamos de una pequeña parte de su creación. Porque Diamond Head, sí, sobrevivieron a la NWOBHM (o resucitaron tras ella, se debería decir) y volvieron a dejar patente su clase en un estilo renovado que ya poco tenía que ver con esos pioneros del heavy inglés. Y aunque parezca extraño por el olvido en el que ha caído esta segunda era, volvieron a convencer a los más grandes con su música. Por algo debe ser.

Para grabar "Death & Progress" colaboraron, ni más ni menos, T.Iommi (que firma el primer tema) y Dave Mustaine, y para su gira acompañaron a Megadeth o los propios Metallica. Pero la auténtica grandeza no estuvo en el respaldo (que al fin y al cabo y como el tiempo tardó poco en demostrar tampoco sirvió para hacerles dar el
paso al frente en los medios) sino en una música que, además, tampoco tenía nada que ver con "Lightning To The Nations", Metallica, Megadeth o cualquier otro de los emparentados. "Death & Progress" respiraba Hard Rock clásico, melódico y elegante. Con la influencia primigenia de Led Zeppelin, claro, y la del hard rock de la época muy visibles.
Pero con mucha personalidad y clase a raudales. ¿Cómo si no se puede llegar a grabar un tema como éste?



Pues mientras nos damos cuenta de lo mucho que tienen todavía por descubrir al gran público, sólo una cosa más. Todavía están frecuentando la escena. Quizás les viene bien algo de atención.

miércoles, 20 de enero de 2010

1990 - Laos - We Want It

Lo tenían todo para ganar y apenas se alejaron de la salida. Si no, ¿es que alguien más no se acordaría de Laos?
No es muy arriesagado apostar a que, publicado hoy y con una merecida distribución, no tardaría en ser considerado como toda una joya por muchos de los nuevos hardrockeros que disfrutan con ese revival que ha redescubierto (aunque sea a una parte menor del público, comparado con antaño) el rock duro de más gancho como un valor de enorme potencial comercial.



De hecho, no parece (y se puede empezar a juzgar con el single homónimo aquí presente) que pueda envidiar en nada a muchas de esas nuevas "sensaciones", sino que, puestos a apostar por el gancho y el extraordinario divertimento del hard rock melódico/AOR de los 80's/primeros 90's más que por la creatividad o el virtuosismo, parece incluso más exuberante en sus cualidades.

Más llamativo, más hecho para reventar en las radios, para forrar carpetas y animar fiestas. En todo. Rubia al frente con portentosa (y aguerrida) voz y atractiva imagen (cómo no, pues entonces era norma), temas breves, directos y de estribillos coreables, baladones, un productor que había trabajado con Def Leppard, Bon Jovi y Scorpions, y hasta, ahora, el recuerdo de alguien que los había presentado como algo parecido a "si Doro hubiera cantado en Bon Jovi".



Y aún así, no tuvieron suerte. O no estaban en el lugar adecuado. O lo que sea que hiciera entonces que sólo algunos de tantos llegaran a la cima. Además, tan diferente era el panorama de esos primeros 90s que cualquier cosa pudo fallar, pasando desapercibido en su momento y olvidándose definitivamente en poco tiempo.

Unos años antes, si es que hubiera sido posible, puede que se hubieran convertido en ídolos, hoy podrían hacerse un gran nombre entre el público nostálgico y el "neo-retro", pero entonces puede que cuando dieron el paso el suelo fuera demasiado inestable, y que lo último que se valorara -al contrario que ahora, con esas mencionadas "sensaciones"- fuera que se clavaran los clichés de ese hard rock que llevaba tiempo copando el mercado y que seguramente lo había saturado. Puede que se buscara algo nuevo, y se consiguió, y puede que ahora toque, gastados otros tantos ciclos, volver a escuchar cosas como Laos. Que, deseándoles suerte a los nuevos, quizá algunos "viejos" merezcan una revisión.

martes, 1 de diciembre de 2009

1986 - Tesla - Mechanical Resonance

Mucha personalidad, mucha clase... y poca suerte. Eso, no hay muchas más explicaciones posibles, debió ser lo que apartó a Tesla de ser considerada una de mayores bandas de Hard Rock de todos los tiempos. La suerte, claro, pero también la personalidad. Me explico: para cuando saltaron a la escena, el panorama norteamericano se encontraba ya dividido entre las "hairbands" (las que copaban las radios y atraían al gran público con estética reluciente y temas accesibles o provocativos) y las bandas que extremaban su sonido y crecían desde el "underground".

Tesla, por su parte, planteaban un rock duro menos amigable, de retazos heavys e influencias mucho más clásicas (blueseras, setenteras) de las que se estilaban entonces. Dicho de otra manera, con unos Slayer y unos Bon Jovi listos en sus posiciones más que definidas para que el nuevo rockero escogiera bando, pocos se iban a acordar de recuperar a los geniales UFO. Pero Tesla, a pesar de todo, lo hicieron.

Consiguieron, con más trabajo del que otros necesitaron para mucho más beneficio, colocar un single en las listas de éxitos (este "Modern Day Cowboy" que tenemos bajo estas líneas), una aceptable resonancia para el disco y un nombre suficiente para, por lo menos, acompañar giras más grandes (las de de David Lee Roth o Alice Cooper).



Puede parecer difícil escuchándolo ahora, pero les costó tanto abrirse camino poco a poco, que aunque este debut sea hoy considerado por buena parte de sus seguidores como su mejor álbum, sigue siendo el disco de peores resultados comerciales de su primera etapa y, mucho más grave, a pesar de su vuelta a la escena en esta década, su parón mediados los 90s parece haber hecho que el público los olvide.

Que sirva, por lo menos, la mención de este "Mechanical Resonance" (o de los igualmente geniales "The Great Radio Controversy" y, difícilmente superable, "Psychotic Supper") y, al menos, saneemos la memoria.

viernes, 20 de noviembre de 2009

1993 - Helloween - Chameleon

"Pink Bubbles Go Ape" lo apuntaba y "Chameleon" se tiró de lleno a la piscina. Los Helloween estaban ya muy lejos del sonido que los hizo famosos. Que vaya por delante, pero aclaremos.
Como todos sabemos, apostar por lo que ya ha funcionado puede ser bueno para asegurar el tiro o como una demostración de convicción por lo que se hace, pero no es un criterio para medir la validez de un trabajo. Después de todo, que suene o no como los anteriores discos no significa necesariamente que el trabajo sea bueno o malo. Pero ojo: que no suene como lo que ya ha triunfado es arriesgado. En este caso, mucho.
Si era el momento adecuado o no para correr riesgos es otra cosa, pero está claro que fueron muchos los grupos que se arriesgaron de diferentes maneras en aquellos años. Y está claro que Kiske, al que normalmente se coloca como abanderado de este nuevo rumbo, pensó que valía la pena intentar abrir nuevos mercados. Y no nos engañemos, también Weikath, ya que firma tantos temas como él en el disco. Incluso Grapow. Época de cambios, desde luego. Pero vamos con el contenido.

Sin pensar en su lugar y encaje en la discografía de Hellowen, se puede decir que "Chameleon" es un bonito disco de hard rock/rock melódico, incluso pop rock a veces, que sabe mostrarse desenfadado por momentos y tremendamente serio y épico en otros. Se convierte así en un conjunto variado, "camaleónico", que llega desde la balada más accesible (por ejemplo, en la preciosa "I Don't Wanna Cry No More" o en la famosa "Windmill") hasta la épica más pesada y heavy/hardrockera ("Giants"), pasando por la influencia del rock'n roll de Big Band en la irresistiblemente "retro" y divertida "Crazy Cat", la de Queensrÿche en "Revolution Now" y la espectacular "I Believe", o por las melodías más "Helloweenianas" de "First Time".
Todo esto cohesionado por un característico gusto melódico muy apoyado en la voz de Kiske, que firma una actuación espectacular, y en una cuidada producción que incluso tira de sugerentes arreglos de cuerda y viento.



De meterse en esta amalgama sónica se culpa precisamente a Kiske y a su famosa y entonces ya emergente manía al Metal. Como se comentaba, se habla de una apuesta comercial olvidando que es un álbum mucho menos vendido que sus trabajos "más metaleros" y que, para un grupo como Helloween, esta es una apuesta mucho menos segura y comercial que la anterior. Al argumento de la "apuesta comercial" parece darle la razón que los singles fueran "When the Sinner" (uno de los temas más poperos y, posiblemente, también uno de los más flojos del disco), "I don't Wanna Cry No More" y "Windmill". Pero aunque esto fuera lo que escogió la discográfica como carta de presentación, el resto del disco no se conforma con ese camino. Explora muchos. Y en general, lo cierto es que es un disco muy disfrutable... aunque de otra manera o para otro público. Quizá para el público que encumbró en la época el cambio que empezaban con "Empire" los Queensryche, del que posiblemente "Chameleon" se vea influenciado.

Quizá resulte excesivo en la duración para ser un trabajo de este tipo, posiblemente ganaría en frescura con algún "recorte" en el track list o en la duración de algunos temas, pero tampoco ha sido este el argumento habitual para rechazarlo. Y lo que sí que hay que reconocerle al grupo es que, en estilos diferentes, al menos siempre ha sonado de manera muy personal. A los "Helloween heavys" se les suele reconocer esa personalidad y originalidad para encumbrarlos como creadores de todo un género, pero la misma voluntad de hacer algo diferente se les critica en este caso. Cosa de gustos, claro.

Es más objetiva otra de las grandes virtudes del disco, como ya se mencionaba: la voz.
Será porque se sintió más cómodo en estos registros, porque la producción le prestaba más atención o porque ya iba madurando, pero el Kiske de este álbum parece, en mi opinión, "más cantante" que en sus primeros discos, a pesar de las más espectaculares exhibiciones de voz de aquellos o por muy buenos que sean en el cómputo global.

En definitva, a pesar de dejar temas muy interesantes "Chameleon" no funcionó. Ni entre la crítica ni entre el público. La cosa acabó explotando y todos sabemos qué ha pasado tanto con el grupo como con Kiske, que acabaría aquí su viaje con las calabazas. Por lo visto, Weikath pensó que lo mejor era hacer resonsable al vocalista.
También terminó aquí su etapa en el grupo Ingo Schwichtenberg, aunque en su caso la salida tuvo el desenlace trágico que conocemos.

A la historia le vale todo eso para enterrar a "Chameleon" en el olvido. Pero a quien disfrute del Kiske de Place Vendome, por ejemplo, a lo mejor le conviene desenterrarlo.

miércoles, 21 de octubre de 2009

2001 - Judas Priest - Demolition

Con todo los desprecios que puede haber sufrido este trabajo, el título de "disco maldito" -en el sentido de condenado- puede estar perfectamente hecho para él. Pero ¿es entonces merecido el desprecio y el ya casi olvido?

Es difícil hacer juicios absolutos en este tema, pero quizás se pueda llegar a comprender algo mejor si pensamos en los "cargos" que lo hicieron culpable del delito.

Para empezar, está el rechazo que suscitó el que Judas Priest siguieran adelante sin Halford y, por consiguiente, toda la etapa de Tim Owens a las voces. Lo del cambio de vocalista (como cualquier cambio de "estilo", en general) en un grupo consolidado siempre ha generado polémica, y aquí no iba a ser menos. Y si ya la polémica estaba casi gastada con aquel (excelente) "Jugulator", para cuando llegó "Demolition" este punto estaba ya sentenciado. Más, si cabe, tras el atractivo debut de Halford en solitario.

Habiéndose demostrado con el tiempo que el tipo tiene enormes cualidades, pero ciertamente diferentes a las del Metal God (por mucho que se intentara presentar como un clon de Rob -sin duda por su potencia vocal y su facilidad para los agudos imposibles-, su estilo más agresivo casi lo hace parecer un cruce entre el propio Halford y alguien tipo James Hetfield), el barniz diferente que dió a las canciones de los Priest es compresible, pero, por qué no, resultó incluso acorde con la propuesta que los principales compositores de la banda (no olvidemos, tanto antes como entonces, Tipton y Downing) presentaban por aquellos años.
Ellos lo aceptaron para cantar en su banda y ellos marcaron el camino musical. Y si aceptamos otra postura a la tan habitual como cerrada por la que un grupo debe siempre apostar por lo mismo, hasta aquí la cosa no parece grave, y Tim Owens, toda una "Victim Of Changes" ante la comparación (como se hace siempre) con los mejores momentos del anterior (que en este caso es ni más ni menos que todo un dios), resulta sólo culpable por prejuicios.

De esta manera, el cambio de dirección musical al que se llegó resulta el principal cargo esgrimido. Sí, "Demolition" apuesta por dar un cariz actual (pensando en principios de década) a su heavy metal, en gran parte a través de todo tipo de arreglos de guitarras chirriantes y ruiditos industriales, y si bien esa idea le "chirrió" a muchos (y lo sigue haciendo) por su incompatibilidad con "la idea de Priest" del pensamiento colectivo, tan tradicional, la cosa deja de parecer tan extraña si repasamos con algo más de pausa la carrera del gigante británico.

Al hacerlo mínimamente nos encontramos con que sus discos han sido siempre consecuentes hijos de su tiempo, y que han ido "redecorando" su estilo en función de lo imperante en el panorama. Lo hizo "Stained Class", por ejemplo, con la sequedad inglesa de aquellos últimos 70s, lo hizo de la manera más clara posible "Turbo" a base de sintetizadores y estribillos radiables en los años de la laca, y lo hizo Painkiller acelerando esquemas con la llegada de los 90s, por poner algunos ejemplos. ¿Por qué no adaptarse una vez más?

Claro, a todos estos ya nos los miramos con perspectiva y los años nos hacen asumirlos dentro de los mismos "patrones Priest", por muy diferentes que sean todos, precisamente por ser partes de ese patrón colectivo. La vuelta de Halford abrió la ilusión por su gran época, y en un tiempo de "revival" como los años centrales de esta década "Angel Of Retribution" nos despachó un resumen de muchos de esos patrones en un solo disco, con mayor éxito de crítica y público. Sin entrar en la calidad de las canciones, ¿no es eso en el fondo otra manera de hacer lo mismo, que no deja de ser lo mismo -ir adaptándose, y a la vez crear con ello escuela- que han hecho siempre?

Entendido este punto, el análisis se debería entonces reducir (y es algo difícil) a si realmente funcionan o no esos temas (todo y con nuevo estilo y diferente vocalista) de manera más objetiva, como si se olvidaran los nombres y las circunstancias. Ahí tampoco nos podemos salir de lo subjetivo, pero si bien temas como un "Metal Messiah", por ejemplo, sí que parecen demasiado forzados en el intento de reforma, otros más como "One On One" o "Devil Digger" consiguen el cambio manteniendo un espíritu y una fortuna propias (hasta el punto de que si lo despojáramos de arreglos e interludios ruidosos lo podríamos imaginar como clásico en cualquier disco anterior) e incluso alguno como "Feed On Me", "Close To You" o la impresionante "Bloodsuckers" no necesitarían de imaginaciones para hacerse hueco en los honorados álbumes del pasado.



Siendo así, y si "Jugulator" (quizás, sí, más homogéneo) ya tiene las voces que empiezan a reclamar su valía, ¿por qué no esperar lo mismo de "Demolition" con el tiempo, hasta que quede en nuestra memoria dentro de aquel famoso patrón?

Pudiera ser, claro, pero quizá la cosa debería empezar porque los propios Judas Priest, que -por otro parte- tan buen camino parecen estar llevando, aceptaran la dignidad de esta etapa en lugar de contribuir a su olvido excluyéndola por completo de sus directos y demás parafernalia. Bueno, si eso les resultara comercialmente rentable, claro.

martes, 6 de octubre de 2009

1981 - Thin Lizzy - Renegade

Tan habitual como es leer maravillas sobre las muchas virtudes de la carrera de los geniales Thin Lizzy en los 70s es olvidar o denostar su trabajo en la siguente década. Claro, fue su recta final y la gloria del grupo se escapaba al ritmo en que cambiaba el efervescente panorama musical de la época y se deterioraba el carácter de Phil Lynnot, detonante de las salidas de miembros que habían tenido papeles decidivos en el devenir de su trayectoria. Pero si en el umbral de la catástrofe la banda parecía no saber muy bien qué dirección tomar, como demuestra la dispar orientación del anterior "Chinatown", sumidos en sus horas más bajas supieron trazar un nuevo rumbo.

"Renegade" construye a unos Thin Lizzy diferentes, con su antigua y célebre personalidad camuflada tras una capa de tristeza y oscuridad -aunque aún emergente a chispazos, quizá en mayor medida que en los otros dos álbumes de los 80s- en la que tienen papel importante la cada vez más desgastada voz de Phil y los teclados de un D. Wharton que, a diferencia del anterior trabajo (el de su estreno), parece tener ya peso suficiente en una música que, por otro lado, empieza a notar también la influencia del cada vez más notorio heavy metal.

Con todo esto, Lynnot y sus chicos pudieron crear un conjunto homogéneo que mereció mucha más suerte de la que ha tenido históricamente, y que sólo en una parte pequeña pudieron cosechar con ese último coletazo de sonido continuista a "Renegade" pero algo más aguerrido (y quizá algo menos reconocible como Thin Lizzy) que fue el siguiente y último "Thunder And Lightning".



Sí, con "Renegade", entonces, tocaron fondo en lo comercial y se hundieron casi definitivamente en lo personal, pero si escuchamos con atención lo que nos expone sólo podemos asombrarnos de que en medio de todo eso fueran capaces de regalarnos ese casi setentero "The Pressure Will Blow" rebosante de sus características twin guitars, un "Hollywood" de enorme gancho o el casi mágico "Mexican Blood", entre otras cuantas que no pierden el pie y que si bien no relucirían con la misma inspiración que mucho lo que habían grabado en los 70s bien hubieran podido competir con cualquier otro disco de su época, o bien podrían hacerlo hoy (y hasta ganar) con muchos de los estrenos más celebrados del hard y heavy rock.

sábado, 4 de abril de 2009

1993 - Sangtraït - Contes i Llegendes

Que hay poco mercado para el rock duro fuera del cantado en habla inglesa es algo que parece claro, así que el primer condicionante está servido a la hora de hablar de Sangtraït. Y en mayor medida, por supuesto, que el que pueden tener bandas que utilizan el castellano, por ejemplo, por tratarse de una banda que apostó siempre, por su orígen, por las letras en catalán.

La cosa es más complicada todavía si recordamos que en el momento en que se asentó el grupo emergían muchos otros de sonido muy diferente (pop-rock), pero que utilizaban la misma lengua, dando lugar a una popular generación de “rock català” en la que Sangtraït acabaron encasillados mediáticamente casi “porque pasaban por allí”, pero –aunque quizá ayudara esto a su conocimiento general- quedando como los “bichos raros” del mundillo o confundiendo a los que buscaran un sonido más pesado.

Y es que hay que decir que lo que presentaba Sangtraït, básicamente era (aunque con el añadido del arraigo en lo popular o “folk” de su tierra), heavy rock en su versión más clásica. Del ochentero, sin artificios, sin exhibiciones ni brutalidades, a lo NWOBHM, a lo Maiden (unos maiden más rockeros), si queremos ir a por modelos concretos, aunque más que con eso haya que quedarse con lo general de ese tipo de sonido.

Aún con esas, hay añadir que es verdad que consiguieron su público, grande –para esos condicionantes- y fiel, pero dado el potencial que llegaron a tener y servida la comparación con otras bandas de mayor éxito, no queda otra que considerar a Sangtraït como uno de los “malditos”, desconocidos e infravalorados, del género.

Como muestra, un breve respaso a su trayectoria. Para cuando llegaron sus discos de mayor notoriedad, “L’Últim Segell” (1991) y este “Contes i Llegendes”, llevaban ya tiempo publicando, y aún cuando empezaron a publicar discos en el último tramo de los 80's ya llevaban desde principios de década peleando para que esto fuera posible. Tras este “Contes i Llegendes”, además, volvieron los malos tiempos y al fin 1999 vio la salida de su último trabajo de estudio antes de la separación. No parece la narración de una carrera muy interesante, en verdad, pero para demostrar su valía tuvieron suficiente con la música. Este trabajo de 1993, cintando uno, responde con creces.
¿No es tan disfrutable para el público heavy como cualquier joya de la NWOBHM?
“Alè de Mil Cent” parece decirnos que lo es, a base de guitarras afiladas, estribillos directos y lírica motera.



¿Acaso no hay cañonazos para el recuerdo de los más duros?
Que nos lo diga “Les Creus Vermelles”, con su aplastante marcha y esa comprometida letra que aborda lo absurdo de la guerra.



¿Y que hay de la melodía?
Pues hay una buena respuesta en la “Reina del Gel”.



Uno tras otro, estos “cuentos y leyendas” ponen al álbum en su lugar, dejando sólo para el final la parte más abierta al hard rock, el blues y hasta un homenaje al entonces recientemente malogrado F. Mercury.
Sin rodeos, directo al oyente del heavy rock de siempre. Eso sí, lamentablemente sólo del aquel que se digne a escucharlos.

sábado, 7 de febrero de 2009

1995 - Meat Loaf - Welcome To The Neighbourhood

Volvió a pasar. La segunda parte de “Bat Out Of Hell” levantó el nombre de Meat Loaf recuperando su mayor popularidad tras años de caída –resucitar al murciélago no podía fallar- y arrasó en ventas (como la primera), pero su siguiente disco (como el que siguió al famoso disco del ‘77) no aguanto el tirón mediático y acabó por olvidarse rápidamente.

Claro, difícil papel le tocó. Comparado con “Bat Out Of Hell II: Back Into Hell”, el platino que obtuvo el séptimo disco de estudio de Meat Loaf fue algo más que un bajón, y de nuevo empujó a M. Lee Aday a buscar mayor gloria en sus otros proyectos como actor, olvidándose hasta 2003 de más trabajos de estudio.

Pero siendo justos, “Welcome To The Neighbourhood” no parece un disco que pretendiera ser el sucesor de Bat Out Of Hell. Desde la portada, completamente diferente a la línea épica de aquellos discos, al contenido, en una línea más homogénea y estándar para el hard rock más melódico (eso sí, sin perder un ápice de la personalidad que imprime el nombre de la tapa), el trabajo marcaba diferencias con la carrera anterior de Meat Loaf. De hecho, si parece querer una analogía, es con aquellos discos de éxito de finales de los 80’s/principios de los 90’s en el género mencionado.

Las guitarras más potentes y en primer plano, los temas más directamente radiables... Pensando en que la “vuelta al Infierno” que lo precedió era casi obligatoria para reencauzar su carrera (por lo que difícilmente puede indicar por dónde querían ir realmente los tiros), se puede adivinar que “Welcome To The Neighbourhood” era quizá el estilo de disco que estaba pensado –por adecuado- para aquel momento.
Quizás es que finalmente llegó demasiado tarde, y que en 1995 un producto (aún tan bien hecho como éste) de este corte ya no funcionaba igual de bien.

¿Qué en 1990 y con la promoción adecuada hubiera supuesto todo un bombazo? Es una suposición que no parece para nada descabellada.
“I’d Lie For You (And That’s The Truth)”, "Not a Dry Eye in the House" o "Runnin' for the Red Light (I Gotta Life)", por mencionar los tres singles, tenían potencial para haber sido hits mediáticos muy del gusto de esos años (ya en el poco propicio 1995 llegaron a los números 2, 7 y 21 de las listas británicas) y, en general, todo el disco estaba cuidado (intros, interludios y colaboraciones de estrellas invitadas –P.Thrall, Sammy Hagar, S.Van Zant, K.Aronoff o Patti Russo- incluídas) como las mejores producciones de esa época.



Y así es, olvidándonos de rendimientos comerciales y contratiempos de su momento, “Welcome To The Neighbourhood” ahora reluce como un magnífico trabajo de contagiosa y agradable escucha centrado en una buena lista de medios tiempos de aire baladero y exagerada grandiosidad, que uno tras otro acaban por no dejar ni un segundo de relleno a un disco al que, comentado el cuidado de la producción, sólo falta destacarle –si es que es necesario- la impecable interpretación que encabeza la voz de “Meat Loaf”.
Todo ello, claro, si es que, haciendo justicia, nos empezamos a acordar de él.

martes, 3 de febrero de 2009

1995 - Van Halen - Balance

No pocos lo han dicho: es difícil encontrar otro disco de Van Halen con mejor sonido, extendiendo “sonido” a interpretación, producción o arreglos. Es difícil también, se ha dicho, hallar otro álbum en el que el máximo valedor y talento del grupo, Eddie Van Halen, “se luzca” de la manera en la que lo hace en “Balance”. Complicado, añadamos, es poner a la altura potencial de, por ejemplo, “Not Enough” o “Can’t Stop Loving You”, como hits radiables, muchos otros temas del grupo, al menos, fuera de los que dejó “1984” (las pruebas están más abajo en forma de videos). Además, tiene el honor de ser el último álbum de esa alineación que encabezaba Sammy Hagar y que soportó con éxito la partida de una estrella como David Lee Roth (lo que no deja de ser un dato histórico importante) y es el -casi- único responsable de que durante los 90s nos acordáramos de una de las bandas más grandes de la historia del rock.



Pues bien, entonces, ¿qué pasa con “Balance”? Mejoró en ventas al desahuciado y anterior “F.U.C.K”, pero siguió quedándose por debajo en ese criterio de los dos primeros trabajos con Hagar y, por supuesto, de los grandes éxitos con D.L.Roth y, más importante (ya que, después de todo, el “descenso” de ventas significó un triple platino y número 1 en USA, pero es que estamos hablando de Van Halen), a estas alturas es ya el gran olvidado de su discografía cuando toca comentar sus mejores momentos y hasta es, casi para cualquier motivo, difícil siquiera su mención.
Cosa de la época, dirán algunos, y le echarán la culpa a los “malditos 90s”.



Pero no nos engañemos, es difícil ver un disco tan maduro, limpio y potente en su discografía de los 80s, tanto o más escuchar ese protagonismo de bajo y batería (y qué batería) en un disco de los Van Halen más mediáticos, y casi imposible imaginar un trabajo con tan espectacular producción –aquí extendiéndolo a cualquier otro grupo de rock- antes de esos mismos años 90s.
Si la cosa es así y, por tanto, la “culpa” tiene que quedar, en buena parte, para nosotros (el público), restauremos deudas y digamos que si “Van Halen” es el prodigio de su primera época (y uno de los prodigios del hard rock de los 70s en general) y “1984” uno de los más importantes discos de los 80s, un disco tan bien hecho como “Balance” es por derecho propio una de las mayores joyas de madurez de Van Halen y del had rock de los últimos 15 años.

domingo, 18 de enero de 2009

1985 - AC/DC - Fly On The Wall

Ahora que “Black Ice” ha conseguido la aceptación masiva para el trabajo de AC/DC puede ser un buen momento para replantearse la consideración popular de algunos eventos pasados. Porque no siempre la banda australiana ha recibido las mejores críticas, e incluso, como es bien sabido por el público rockero, fueron denostados durante gran parte de los 80s.
“Fly On The Wall” es un ejemplo perfecto de esa época, pero –aún dando por hecho que no reúne la cantidad de himnos que había contenido, por ejemplo, “Back In Black”- puede que merezca una revisión o, si lo preferimos así, una “comparación”.



Sí, ya que “Black Ice” está en boca –y en la cabeza- de todos, una escucha a “Fly On The Wall” puede hacer que alguno se dé cuenta de que aquel disco de 1985 (históricamente considerado el peor, o uno de los peores de su carrera) resulta, como poco, casi (o sin el casi) tan sólido y afortunado como el actual. Por no hablar de la entidad de algunos temas (que se verían muy mejorados con un sonido similar al de ahora, ya que éste es, aquí sí, seguramente su disco más flojo en producción), de la fuerza que desprende en esa línea más aguerrida de “Flick Of The Switch”, o de que, como aquel, parece ganar con el tiempo.

Esto no debe considerarse un desprecio a “Black Ice”. El mundillo musical ha llegado a reconocer todas esas virtudes en los últimos discos, y bien que se lo han ganado. Pero parece que se pueden aceptar ahora esas cualidades y seguir olvidando afrentas pasadas, sin reconocer que nada ha cambiado tan sensiblemente como para que existan esos saltos de opinión pública.
¿Es eso señal de que este fenómeno es “una moda”, o sencillamente de que en tantos años de carrera se han ido ganando tantos seguidores que la cosa ha acabado por impregnar a los medios?

Sea como sea, otra enhorabuena para los australianos, y una pregunta en el aire. Con las condiciones actuales, si “Fly On The Wall” fuera el nuevo disco de AC/DC, ¿no estaría ahora igualmente el mundo alabando sus virtudes a ritmo de "Sink The Pink", "Back In Business", "Stand Up" o “Shake Your Foundations”?

jueves, 15 de enero de 2009

1981 - Meat Loaf - Dead Ringer

No será la primera vez –ni la última- que nos encontramos con uno de estos “discos malditos” justo después del gran “bombazo” de una discografía. Será porque el éxito no siempre ayuda al talento, puede que porque estos trabajos suelen venir con aquel clásico “no llega al nivel del anterior” puesto de fábrica, o sencillamente porque el no cumplir con unas expectativas de ventas, puestas demasiado arriba como para repetirlas, los marca como un fracaso comercial que, sin embargo y aunque a veces nos olvidemos, no tiene por qué serlo también en lo musical.

En el caso de Meat Loaf, la “maldición” de “Dead Ringer” estaba echada desde que “Bat Out Of Hell” acabara por arrollar el mundo de la música de arriba a abajo. Hay quien dice que con un exitazo como ése entre manos, Marvin L. Aday se relajó –“se dio a la mala vida” añadirían algunos- y se decidió a tomarse un tiempo de vacaciones. La discográfica, sin embargo, viendo el tirón del invento de Aday y Steinman, no tragó con demoras y quiso sacar un segundo disco.

Steinman trabajaba en nuevo material, pero cuando Marvin intentó volver a la actividad tras ese parón se encontró con sus cuerdas vocales afectadas. Achaquémoslo a esa “mala vida” que decíamos. En el aprieto y con el vocalista abandonando, Steinman finalmente publicó "Bad for Good" bajo su propio nombre, y a pesar de que la discográfica añadió un llamativo “del creador de Bat Out Of Hell” la cosa no funcionó tan bien como se esperaba. Era necesario un disco de Meat Loaf.

No sin esfuerzo del cantante, lo tuvimos: “Dead Ringer” salía en breve aprovechando los temas que Steinman había escrito durante la época de éxito de “Bat Out Of Hell” y que nunca habían entrado a grabar. Pero la cosa no se había acabado de torcer todo lo que podía. En nada, hubieron dos discos a la vez, el de Steinmann y el de Meat Loaf, compitiendo en las tiendas y en las campañas de marketing –algo que llevó a que surgieran los problemas entre los dos socios, y a su conocida separación- y las ventas del segundo se resintieron. Unido a su caótica situación personal, la bajada comercial llevó al orondo vocalista a la ruina.

Hablar de la bajada de ventas de “Dead Ringer”, eso sí, resulta engañoso. El disco fue número 1 en UK, y tuvo tres singles de éxito, encabezados por aquel célebre “Dead Ringer For Love” en el que cantaba como artista invitada –otra de las maniobras comerciales de la disquera- Cher.



Así las cosas, lo de “fracaso”, sólo se puede explicar recordando que “Bat Out Of Hell” había sido, y es todavía hoy, uno de los discos más vendidos de la historia de la música. Y –reivindiquemos su valía- si aquel disco funcionó, “Dead Ringer” no debería haber merecido mucho menos.
Misma fórmula –rock’n roll, pianos, aires de divertido y casi bailable musical, baladas, algunas guitarras más pesadas y mucho protagonismo vocal- y resultado más que notorio. Pero ¿cuánta gente habrá que disfrute del aclamado disco del ’77 y ni haya dado una oportunidad a “Dead Ringer”? Para pensárselo.