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sábado, 2 de mayo de 2009

1986 - Metallica - Master Of Puppets

Es difícil comentar un disco “como éste” sin caer en lo de siempre. Quizá por ello, ni en la sección de clásicos, discos "como éste" han sido habituales. Se ha escrito y hablado tanto y, más aún, se ha escuchado tanto, que cualquiera que guste mínimamente del género conoce de arriba abajo cada riff, cada solo, cada palabra que se debe corear en un directo. Pero si algo nos sigue diciendo que es una obligación rescatarlo como clásico, es que un disco “como éste” es un disco especial.

Especial porque tras más de veinte años de escucha sigue aguantando en el recuerdo, en los escenarios y los equipos de música. Porque a pesar de tenerlo claro en la memoria todavía apetece escucharlo de vez en cuando. Porque escucharlo de nuevo tras tantas veces todavía es volver a vibrar con algo que nos recuerda lo mucho que hemos disfrutado con él hace más o menos tiempo, o incluso con lo que hace tiempo hubiera pasado desapercibido. Porque despierta sonrisas cómplices de años pasados, o porque si entonces habíamos sacudido la cabeza con los temas insignia, ahora podemos admirarlos todos tanto o más que aquellos, y con cada repaso es uno diferente el que nos vuelve a parecer imprescindible. Porque imprescindibles lo son todos, o porque lo de “clásico” se inventó para este tipo de discos.

Pero el caso es que se hace difícil explicar por qué tras esos años y años de recibir de buen grado novedades y novedades de las que, algunas, podrían superar a un disco “como éste” en complejidad, técnica, sonido y todo tipo de factores objetivos, resulta que volvemos a ponerlo en el equipo y nos damos cuenta de que poco o nada de todo eso nos ha emocionado como nos sigue emocionando aquello.

¿Será que discos “como éste” nos devuelven la atención que les dimos en su día? Si es así, demos las gracias a los “British Steel”, “Back In Black”, “Master Of Puppets” y a tantos otros como se las damos a lo viejos amigos, y en lugar de insistir en las circunstancias que los rodearon, volver a hablar de sus cifras de ventas a lo largo de los años, o de divagar sobre las cualidades de aquellos músicos y de cómo hemos cambiado todos, desde ellos hasta nosotros pasando por la propia música, démosles el sencillo homenaje que es intentar recordar, vinilo, cinta o cd mediante, por qué consiguieron atraparnos.
Que valga hasta aquí por todos ellos, llámense “Heaven and Hell”, “Love At First Sting” o de cualquier otra forma, y vayamos a hacer ese tipo de justicia con el que ahora nos ocupa: “Master Of Puppets”.

1. "Battery" (James Hetfield, Lars Ulrich) - 5:12
Una entrada mil veces imitada que se ha convertido en leyenda. Poco se puede añadir de nuevo a los primeros y más conocidos temas de “Master Of Puppets”. Sólo disfrutémoslos con algunos directos sacados precisamente de la primera parte de la gira de este mismo disco.

2. "Master of Puppets" (Hetfield, Ulrich, Cliff Burton, Kirk Hammett) - 8:36


3. "The Thing That Should Not Be" (Hetfield, Ulrich, Hammett) - 6:37
4. "Welcome Home (Sanitarium)" (Hetfield, Ulrich, Hammett) - 6:27


Aún con una calidad discreta de grabación, ¿no impresiona el carácter que derrochaba el grupo? Puede ser uno de los directos más afortunados por lo que transmite. Puede que imitando patrones de lo iniciado en “Ride The Lightning”, seguramente desarrollándolos, pero estos tipos alcanzaron un nivel soberbio con estos temas.

5. "Disposable Heroes" (Hetfield, Ulrich, Hammett) - 8:17
Si no fuera porque en las últimas giras las han recuperado con fuerza, “Disposable Heroes” y “Leper Messiah” serían probablemente los temas más olvidados del disco. Puede que sea, entonces, por el menor desgaste, pero qué mérito tiene que sean capaces de relucir como las que más hoy por hoy. El potencial lo tienen, su directo es escandaloso. Si escucháramos dos temas así en un disco de una banda nueva, ¿no los pondríamos como los cortes insignia de una nueva sensación en el metal? Lo dicho.

6. "Leper Messiah" (Hetfield, Ulrich) - 5:40
7. "Orion" (Hetfield, Ulrich, Burton) - 8:28

Sin lugar a dudas, la desafortunada muerte de C. Burton durante la gira de “Master Of Puppets” ha hecho engordar el mito de este disco. Qué hubiera pasado en la carrera posterior de Metallica de haber seguido Cliff en el grupo es algo que se ha preguntado desde hace años buena parte de sus seguidores, en muchas ocasiones suponiendo que se con él se hubieran evitado “errores” venideros. Es mucho imaginar, a toro pasado. Pero es fácil entender las razones de los que lo idolatran, viendo los temas que firma dentro de este disco. “Orion” quedó como su testamento. Descanse en paz, Cliff...

8. "Damage, Inc." (Hetfield, Ulrich, Burton, Hammett) - 5:30
...y claro, a todos, gracias.

viernes, 5 de septiembre de 2008

2008 - Metallica - Death Magnetic

Nuevo disco de Metallica.
Una frase que por sí sola es capaz de generar todo tipo de expectación, debates y encendidas polémicas, capaz de generar opiniones tan encontradas que es hasta difícil encontrar réplicas tan distantes al mismo evento sea cual sea el terreno del que se hable.
Y es que con el tiempo estos americanos no sólo se han hecho con una legión de seguidores enfervorecidos sino que también tienen otra de detractores al tanto de cualquier noticia sobre la banda para inundarla apresuradamente de críticas, si el medio lo permite, demostrándose tanto en uno como en otro caso el interés que despiertan.

Poco tiempo hace desde que Internet hiciera posible el acceso al nuevo material. Casi nada. Sin embargo, un vistazo rápido a ese mismo medio y ya proliferan las opiniones. Hay quien lo critica negativamente con todo tipo de argumentos, desde los más trasnochados y que casi evidencian que ni siquiera se ha escuchado el trabajo (pongamos por ejemplo el ya clásico y esta vez inservible “Metallica ya no es metal”, el esperable antes de conocer el disco “es el St. Anger II” o el más directo “Metallica es –pongamos el calificativo despectivo que queramos- desde tal disco”) hasta los que dramatizan hechos con más visos de realidad, tachando de negativa la composición de esas estructuras un tanto caóticas (algo a comentar con calma), acusándolo de autoplagio (¿cuántos nombres de bandas veteranas nos saldrían si buscáramos alguna que no haya repetido esquemas o sonidos de sus épocas pasadas? ¿y a cuántas otras se las critica por esto?) o ensalzando un posible déficit en el sonido o en la interpretación.
De la misma manera, el mismo vistazo rápido encuentra todo otro tipo de comentarios igualmente abundantes y mucho más ilusionados en los que se corre a aclamar la “vuelta” de hijo pródigo o se califica a “Death Magnetic” como el mejor disco de la banda desde los 80s.

Como viene pasando desde hace años con Metallica, este proceso promete durar hasta que “gane” una de las opiniones y acabe por hacerse la “oficial”, marginando a la rabia a la perdedora. Para el ejemplo podemos recurrir a los últimos discos. Actualmente la opinión “colectiva” de “St. Anger” está asentada en lo muy negativo y cualquier comentario no peyorativo sobre este disco es considerado por gran parte del público como puro fanatismo sin sentido. Desde luego, aquel disco puede que sea el más flojo que hayan lanzado en su carrera en diversos sentidos, pero podrían destacarse también cosas positivas de las que se reniega. De la misma manera, “Load” pasó por una época en la que se lo consideraba popularmente como la gran “estafa” (aquí quizá con razones mucho más propias de ese fundamentalismo metalero que otra cosa), y sin embargo parece que se está abriendo un poco la mano sobre el tema. Hablar desde el lado contrario de otros discos como “sobrevalorados” es igualmente polémico si ya están aceptados como auténticas obras maestras.

Con el terreno así de abonado, hay que entender que se vaya a mirar al detalle este “Death Magnetic”, y se vayan a resaltar todos los matices encontrables, bien sea para tildarlos de negativos o de positivos. Lo de las “estructuras caóticas” o complejas, por ejemplo, o una voz poco lucida, en lo que a las acusaciones se refiere. Da para pensar si, imaginándonos que el nuevo disco de Metallica fuera “Ride The Lightning” –poniendo el ejemplo de un álbum del que hay poca discusión sobre su gran valía- se hablaría de una muy poco correcta interpretación vocal, del corto minutaje, de una pobre producción o de algún tema que parece no encajar en el conjunto. Si hacemos esta reflexión, puede que lleguemos a darnos cuenta de que todas estas características –o todas las consideraciones de este tipo que queramos ver en cualquier disco- no tienen por qué ser defectos (entendiendo como defectos en este caso a aquellas cosas que lleven a que el trabajo no nos guste) sino que acaben por conformar una personalidad, un aire o una entidad propia e igualmente estimulante.

Pero al fin y al cabo, acabe reinando una opinión u otra (quede para la historia como el gran disco del resurgir de Metallica o como un trabajo más), démonos cuenta de una cosa: el disco seguirá siendo el mismo.
Aunque esto sea una evidente tontería, parece que a veces necesitamos que nos digan que es lo que tenemos que pensar también en este terreno, y que corremos a leer si el álbum es bueno o malo para saber si nos tiene que gustar o no. Escuchémoslo, y sencillamente comprobemos por nosotros mismos si es de nuestro agrado.

Así las cosas y teniendo en cuenta que sólo el tiempo dirá como se asienta, de momento quedémonos con lo objetivo para la primera descripción, y con las primeras impresiones personales –más no se puede decir todavía- para lo demás.
Primero, las evidencias:

Con “Death Magnetic” se ha intentado recuperar parte de la identidad que el grupo tuvo en años pasados, apostando por el aquel thrash con un pie puesto todavía en el heavy metal, por la búsqueda de la espectacularidad que tuvieron, o por esquemas ya utilizados anteriormente en temas (el single “The Day That Never Comes” ya nos daba una pista en esto, reutilizando el esquema de “Fade To Black” o de “Sanitarium”) o en el conjunto del disco (primer tema con intro acústica y posterior sonido afilado, el single radiable en el track 4, una instrumenta hacia el final...). Asimismo, se recuperan los solos acelerados en gran cantidad, y hasta el wah-wah.

En el resultado final hay algo más de peso del heavy metal en melodías y juegos de guitarra, especialmente en algunos solos, que el que tuvieron incluso en aquella época. Por otro lado, también encontramos dominando algunos de sus riffs más veloces. Sumado todo esto, podemos ver cierta intención de evolución junto a la reseñada de involución.

Dos temas parecen escaparse de estas intenciones “de aire thrash”, explorando otros sonidos: “Cyanide” y “The Unforgiven III”, esta última en una línea mucho más acorde con su época “Load” - “ReLoad”. Las dos aparecen seguidas en el orden de las pistas, lo que en función del oyente puede representar un bajón en el disco (o un bonito punto de respiro o variedad).

El disco hereda parte de las estructuras poco habituales o caóticas, si queremos decirlo así, que pudimos ver en “St.Anger” en determinados temas. En este caso esto no es algo que parezca excesivamente exagerado, y seguro que podemos recordar títulos de canciones de diversos autores de estructuras complejas o poco convencionales que de primeras parecen caóticas y en unas escuchas se aceptan sin que esta característica influya en su valoración.

El sonido es bueno (incluida la batería, sí) aunque da especial protagonismo a las guitarras por encima incluso de la voz.

La interpretación también es buena dentro de los estándares de la banda (bien, Ullrich nunca ha sido un batería filigranero y en “Death Magnetic” tampoco se sale de su estilo de siempre, y Hetfield no es la gran voz del género pero tampoco lo ha sido nunca, ni en la mejor etapa de Metallica) e incluso la pareja de guitarras hace uno de sus trabajos más complejos, quizá en detrimento de parte de la frescura que pudo tener en otros tiempos.

Descrito todo esto, es de pensar que existe toda una sensación de sorpresa (al menos de esa “sorpresa” que tantos estaban esperando desde hace tanto tiempo) que puede llevar a la euforia inicial, sobre todo por la espectacularidad de algunos cortes como “All Nightmare Long”. Es normal que estas sensaciones de sorpresa (de la misma manera que antes se decía para las de caos) se disipen con las escuchas y se pase a observar con más criterio a las composiciones.
En cualquier caso, parece bastante objetivo que “Death Magnetic” se presenta como un buen álbum trabajado a conciencia y que tiene cualidades para que agrade (y mucho, en algunos casos) al público que ya gustaba de Metallica, siendo lo que falta por ver si conecta con la gente de manera satisfactoria o no.
Eso, antes incluso de su salida oficial, es algo arriesgado de aventurar.

jueves, 21 de agosto de 2008

1996 - Metallica - Load


Ya han salido algunos casos claros: “Born Again”, “Flick Of The Switch” o “Presence” pueden ser algunos de esos discos de bandas grandes históricamente maltratados y pocas veces recuperados. Pero si hay un disco que haya recibido “palos” por doquier una y otra vez desde su publicación –algo, por supuesto, reservado sólo a esas “bandas grandes”- ése es “Load”.
Puestos a medir por este criterio, es tan difícil superarlo que puede que sólo lo hayan conseguido superar los mismos Metallica, visto el aluvión de críticas negativas que todavía hoy sigue recibiendo “St. Anger”. Para colmo y a diferencia de éste, “Load” ya tiene los suficientes años de trayectoria como para que una parte importante de las nuevas generaciones de metaleros -que en 1996 no estaba entre los “consumidores”- haya aceptado la crítica que les venía dada y lo juzgue sin haberlo llegado a escuchar, al menos con atención o más de un par de veces.
De entre los que lo esperaban impacientes ya cuando salió al mercado, sin embargo, hay quienes lo rechazaron y han acabado por olvidarlo en el tiempo, y quienes habiéndolo rechazado al principio han ido reconociendo otros valores con los años y las escuchas, entre otras muchas combinaciones. Lo que pasará con “St. Anger” ya lo veremos.

El caso de “Load” es, sin embargo, diferente a casi todo. Para empezar, estamos hablando de que este trabajo, uno de los discos más “malditos” y desdeñados de la historia del rock duro, fue, ni más ni menos que número 1 del Billboard de álbums, colocó dos singles también como números 1 (“Until It Sleeps” y “Hero Of The Day”) y otros dos entre los 10 primeros de las listas (“Bleeding Me” y “King Nothing”).
Dado que estas dos posiciones (enfurecida crítica y éxito de ventas) casan muy difícilmente, se ha de recurrir al tan habitual argumento del “cambio de público” para justificar el hecho. Dicho de otra manera, y siempre en parte, el público de “Load” no fue el mismo que el de trabajos anteriores sino uno más masivo, y el público “anterior” fue la masa para esa crítica que no soportó el cambio.

Y como un cambio de público suele ser el acompañamiento de uno de estilo, o al menos de enfoque comercial –no nos engañemos, haya cambio de estilo o no, el éxito ante el gran público de una banda ya reconocida por uno especializado suele traer el rechazo de este último-, hay que acudir a lo que realmente está en el centro de todo: ¿cómo sonó “Load”?

Lo primero es la evidencia: diferente a como venía sonando Metallica hasta antes de su disco homónimo, e incluso diferente y más allá de cómo sonó éste. Si el mero hecho de la diferencia y el cambio ya conlleva siempre críticas y decepciones, en un público tan “especializado” como lo es el del mundo del Metal era lógico que creara polémica la inclusión de elementos e influencias más acordes con las propuestas más mediáticas del momento.
Aún así, hay que aclarar una cosa que no pocas veces se ha confundido: “Load” no es para nada un disco fácil y accesible. En todo caso, algunos temas (especialmente los dos singles nº 1 y alguno que otro más) presentan melodías más accesibles, entre otros planteamientos. Pero en conjunto, no es descabellado decir que el disco homónimo e incluso algunos otros anteriores son trabajos más inmediatos y llegadores (aunque estos últimos no ante un público tan mayoritario) que “Load”.
La mayor complejidad con la que interaccionan los instrumentos, la también mayor de los arreglos o de la producción en general, o el más amplio abanico de influencias son algunos signos de la mayor dificultad del disco, que sin embargo puede ser acusado con más razón de cambiar frescura y energía por un carácter más pensado –algunos dirían “maduro”- y trabajado.
Ya tenemos donde agarrarnos para explicar todo el revuelo: un disco difícil y a la vez más metido en sonidos más cercanos al gran público. ¿Cuáles eran estos sonidos?

En “Load” se evidencian influencias tan diversas como las de aquel nuevo rock hoy llamado “alternativo” de la época (el que sucedió al primer grunge), el rock’n roll y folk rock de fuertes raíces americanas, y el rock duro orientado al blues (y mucho blues) con las más añejas referencias en la historia del género. Algo de “nuevo”, algo de “viejo”, y por detrás, esa personalidad -no del todo apagada- más metalera que tras una trayectoria como la que tenían era imposible encerrar completamente.
El si es o no posible lograr que una mezcla como ésta llegue a buen puerto dependerá del que lo escuche. Por lo menos, Bob Rock se encargó de que sonara con mucho empaque y riqueza de matices, y seguramente lo consiguió (con lo que podemos suponer un gran esfuerzo y mucha convicción, compartida por la banda, en la apuesta fuerte por este nuevo aire) en mayor grado que en el siguiente “ReLoad” que, por otra parte, y por mucho que esté formado por temas que se compusieron en la misma época, puede que quedara condenado (o salvado, según se vea) por los cortes que no encajaran tanto esa apuesta, quizá algunos de los más fáciles, ligeros, menos blueseros o diversos, y a un conjunto quizá menos coherente o trabajado desde el plano de la producción que éste.

Así las cosas, podría decirse que, pudiendo gustar o no (algo con lo que poco se puede hacer más que a nivel personal y que, por supuesto, nada tiene de malo ni en una postura ni en otra), pero valorado dejando de banda los prejuicios, “Load” fue un buen disco, ateniéndose a los estándares de calidad en los que se movía Metallica o el panorama rockero de la época. Si tampoco ha acabado considerado como un grande en esos otros terrenos (salgamos del Metal, entonces) puede que se deba a las diferencias antes comentadas o, esto parece tener más peso, a dos características puede que algo subjetivas pero influyentes y muy ligadas entre sí.

La primera es la “irregularidad”, entendida no como la diferencia de calidad entre los temas sino como la suma variedad y diferencia de “efectividad”, efectismo, o como se le quiera llamar, que va adquiriendo con el minutaje; y la segunda, el quizá no muy acertado orden en el que se presentan los temas, que colocándose casi en dos bloques diferenciados (un primero donde los temas son más intensos, inmediatos, más potentes, y un segundo más experimental aunque quizá menos desarrollado) acaba por dar la impresión de que sobra “relleno”, no haciendo sino acentuar la impresión de la primera.
Más específicamente, hay otros aspectos de ese orden que no dejan de extrañar en un trabajo que se quiera presentar como tal, y no como sólo un contenedor de algunos temas estrella o casi como un recopilatorio: los dos singles más claros están casi juntos, se juntan también algunas de las canciones de tempo más lento, el tema más largo aparece al final y después de la parte “más difícil”...

Con esto, puede que, disponiendo del mismo material, el disco hubiera funcionado mejor si se hubieran conformado con un track list más corto, aunque fuera menos ambicioso, y quizá con otro orden. Por ejemplo, ¿no sería mucho más digerible, sin dejar de mostrar los valores pretendidos, un “Load” con sólo 10 temas más homogéneos, dejando fuera "Poor Twisted Me", "Ronnie", "Cure" y "Mama Said"?

Podemos buscar muchas otras combinaciones más cortas que la original y que mantengan el interés durante todo el disco, siempre sin añadir un ápice a unas grabaciones y unas composiciones bien hechas. Personalmente, creo que un disco como el del ejemplo bien pasaría por uno de los más grandes del hard/heavy rock de los 90s.
Nada que hacer si estamos buscando thrash, agresividad o guitarras afiladas, claro, pero tampoco caigamos en esas ideas tan reduccionistas por las que si algo trabaja un determinado estilo ya no (o sí) merece la pena. Con un poco de paciencia y nada de opiniones prefijadas, las cosas se ven de otra manera.