La escisión de Topo del seno de Asfalto en 1978 había dejado
tocado a uno de los grupos pioneros del rock duro y el rock urbano en España
cuando parecía en pleno despegue. Esa salida y el consecuente establecimiento de
Topo como, posiblemente, el primer grupo puramente de rock urbano estatal había
hecho que la banda se volcara hacia otro de los estilos con los que coqueteaba
desde sus inicios a mediados de los 70s: el rock progresivo.
Sin embargo, dos discos más tarde y entrados los 80s se
habían hecho evidentes el declive de este género y la necesidad de otra
reinvención. Pero tras probar suerte en 1981 con un enfoque más comercial que
podría haberlos metido en la liga de otros grupos rockeros cercanos a “La
Movida”, el escaso éxito de público parecía querer enterrarlos definitivamente.
La reacción del grupo fue contundente: abrir su propia
disquera, “Snif”; fichar a Miguel Oñate como cantante para que relevara en
buena parte de las voces al también guitarra Julio Castejón y centrarse en esa
otra de sus raíces que sí parecía acogerles con agrado: el rock duro.
Mientras que el panorama progresivo español casi había
desaparecido y el pop-rock los ignoraba, miembros de Leño o Barón Rojo
reconocían a Asfalto como el grupo que les había abierto camino.
Todavía con aislados ecos progresivos que se pueden
encontrar, especialmente, en algunos arreglos de teclado, “Más que una
intención” llegaba en 1983 como una apuesta fuerte, lanzándose incluso en un
formato, el video-LP, que no tenía precedente en España.
Inauguraba así la segunda gran etapa del grupo, la del rock
duro de los 80s, en la que –sin ser una banda que se pudiera llamar
completamente “heavy”- se codearía con las grandes bandas del heavy rock
español de la época. De hecho, varios de los temas de este disco se harían
populares entre la generación de Barón y Obús y habituales de aquellos
recopilatorios que nos presentaban a “los grandes del heavy español”.
Sin ser un trabajo completamente redondo fue un disco
decisivo en su carrera y un clásico del rock duro español en el que se pueden
encontrar temas en su día tan famosos como “La Paz es Verde” o “Más que una
Intención”.
Imprescindible para fanáticos del heavy rock estatal de
aquellos años.
1972 había sido un año intenso para Blue Öyster Cult. El
grupo había girado con Alice Cooper y la intensidad y teatralidad de los shows
que habían compartido les había servido para encarar de otra manera la
grabación de su disco homónimo, dándole mayor empaque a su carácter psicodélico
y a ese espíritu de jam band que arrastraban desde su pasado como Soft White
Underbelly. Pero la evolución no había hecho nada más que empezar.
En esa época, el grupo vivía en una especie de comuna hippie
cuyo centro era el escritor Sandy Pearlman, letrista del grupo desde sus
inicios y como tal miembro no oficial pero siempre reconocido por sus
compañeros. Pearlman se encargaría de dirigir también al grupo como manager
durante gran parte de su carrera, y en esta faceta resultaría decisivo para la
evolución de estos años al entender la importancia de la imagen con la que el
grupo se presentaba ante los demás, tanto en el sentido más literal, el
vestuario y la escenografía, como en cuanto a lo que se decía de ellos, toda la
leyenda que se podía crear alrededor suyo.
En estos apartados, Pearlman ya había ejecutado sus primeras
maniobras desde que la banda se rebautizara como Blue Öyster Cult en 1971. Para
empezar, le había dado al grupo el nombre del culto de adoradores de los
escondidos poderes extraterrestres en la Tierra alrededor del cual giraban sus
historias de ciencia ficción, historias que ya empezaba también a utilizar en
sus letras.
Intentó también rebautizar a cada uno de los miembros con los
nombres de sus personajes de ciencia ficción, aunque el único que aceptaría el
cambio fue el guitarrista principal y segundo vocalista Donald Roeser, que
sería “Buck Dharma” desde entonces y para siempre en el mundillo musical.
La conversión en personajes fantásticos continuaría con las
vestimentas, que tenían como principal reclamo a los dos líderes del grupo.
Buck Dharma aparecería siempre vestido impecablemente de blanco, muchas veces
con un elegante traje completamente de este color y mostrando en el escenario
su actitud calmada y altiva. Como opuesto, Eric Bloom –vocalista principal y
guitarrista de apoyo, además de un torbellino de actitud y chulería en el
escenario- se embutiría en cuero negro y completaría su atuendo con sus eternas
gafas oscuras y accesorios moteros, llevando incluso su vehículo ocasionalmente
a escena.
Eric Bloom y Buck Dharma, el ying y el yang del rock duro americano
En lo de convertir a cada miembro en un personaje
fantástico, al parecer, se habían adelantado a una maniobra que pocos años más
tarde explotaría otra banda que saldría también de esa escena de Nueva York que
ya dominaba BÖC: KISS. Y por cierto, Eric Bloom se convertiría así en el
original hombre de cuero negro y moto sobre las tablas, adelantando también en
eso a quien años más tarde se quedaría ese honor: Rob Halford. Lo gracioso del
caso es que los orígenes de esta indumentaria de cuero tienen su base en el
mismo mundillo en el que se fijaría el Metal God: cuenta Eric Bloom que, para
“construir” su personaje, Sandy Pearlman lo llevó a una calle de Nueva York en
la que entonces florecían las tiendas para la comunidad gay y que compró allí
su primer mono de cuero negro.
Pero en fin, desde entonces y durante la gira posterior a su
disco homónimo en 1972, la fama del grupo como algo diferente y relacionado con
lo oculto había empezado a crecer. Y para potenciar esa fama Pearlman tenía
preparada la jugada para su siguiente disco: llevar las letras desde lo extraño
de “Blue Öyster Cult” (1972) a lo exageradamente ocultista de “Tyranny and
Mutation”.
En esto, Pearlman tenía como referencia a un grupo que
llegaba desde Gran Bretaña pegando fuerte: Black Sabbath. Su pasión por lo
rompedor de la propuesta del grupo de Ozzy y Iommi le llevó a escribir para
“Tyranny and Mutation” algunas letras que llevaban incluso un paso más allá
aquel espíritu tenebroso y ocultista, tocando terrenos como la adoración al
Diablo.
Dice Eric Bloom en una entrevista que Pearlman quería
convertir al grupo en los “Black Sabbath americanos”, pero el bagaje y la
personalidad que ya tenían era diferente y acabarían por adoptar solo algunos
elementos. De hecho, tras este disco, “Secret Treaties” (1974) dejaría atrás
buena parte de la temática más oscura para centrarse en la ciencia ficción,
auténtica pasión de todos los miembros originales. Aún así, el interés de
Pearlman en Black Sabbath quedaría activo y años más tarde aprovecharía el
momento de transición en la carrera de los británicos para convertirse también
en el manager (de 1979 a 1983) de su etapa con Dio, a la vez que continuaba su
trabajo con Blue Öyster Cult e incluso los unía para la famosa gira conjunta de
1980. Pero eso es una historia para otro momento.
En “Tyranny and Mutation”, la influencia de Black Sabbath
llegaba también a la música, siendo evidente el movimiento de las guitarras
desde el sonido más psicodélico del disco anterior hacia lo más denso y rocoso
de este. El riff principal de “Wings Wetted Down” es quizás el más claro
ejemplo de esta influencia.
Sin embargo, en otros momentos lo tomado de Black Sabbath se
mezclaría con su ecléctica propuesta, dando lugar a amalgamas sónicas tan
interesantes como “7 Sreaming Diz-Busters”, en la que se pueden identificar
elementos de ese proto heavy rock, de la psicodelia o del rock progresivo de la
época.
Sumándolo todo al más tradicional rock’n roll, otra de sus
influencias de siempre, la apuesta era fuerte. Sin duda, le daba a Pearlman
elementos de sobra para seguir vendiendo al grupo como algo diferente y
especial.
Hay que tener en cuenta que entonces la banda estaba
permanentemente activa en el bullicioso circuito neoyorkino y que se codeaba en
esas giras con grupos como Iggy and The Stooges o MC5, así que ser unos músicos
eclécticos que cantaban letras complejas podía etiquetar a aquellos otros como
grupos que, a su lado, eran poco menos que rudimentarios cavernícolas. Nacía
entonces otra etiqueta que acompañaría a BÖC durante mucho tiempo, la de
“thinking man rock band”. A diferencia del rock duro como salvaje expresión de
actitud, el rock podía ser también para intelectuales, para jóvenes con
inquietudes... y para viajeros astrales inducidos por el ácido.
La etiqueta parecía adecuada y funcionó. Se dice que unos
años más tarde un crítico entró hasta su camerino poco antes de una actuación y
se lo encontró lleno de libros. Los tipos eran aficionados a la ciencia ficción
y su manager era escritor, ya lo sabemos, pero por lo visto el crítico esperaba
encontrarse con el tópico panorama de droga y alcohol. Lejos de romper el hechizo,
la anécdota sirvió para extender la fama de que los Blue Öyster Cult era
“realmente” estudiosos de las ciencias y lo oculto, y su música la expresión de
estos arcanos conocimientos.
Para acabar de redondear esto, Pearlman también buscaba el
apoyo de la crítica.
Uno de sus más fieles compañeros en esa época era Richard
Meltzer, considerado en los USA como el primer “crítico de Rock” por su seminal
trabajo en el seguimiento que hizo para diversas revistas de las primeras
grandes bandas de rock americano desde finales de los 60s. Meltzer frecuentaba
entonces la misma casa común y hasta se animaba a colaborar con Pearlman
escribiendo letras para Blue Öyster Cult, pero centraba su trabajo en las
reseñas de actuaciones y festivales para las principales revistas musicales de
los USA.
Dispuesto a ayudar en la mitificación del grupo, se dice que
Meltzer publicó una reseña inventada de una actuación en el ficticio festival
del Monte Rushmore, en la que decía que Eric Bloom había saltado durante el
show desde la nariz del presidente Washington. Lejos de quedarse en una broma,
cuenta el grupo que llegaron a encontrarse con un fan que decía haber estado en
ese festival y haber visto el salto del vocalista.
Sea como sea, el terreno estaba dispuesto para que la banda
empezara a crecer popularmente. Y la calidad de “Tyranny and Mutation” y el
siguiente “Secret Treaties”, posiblemente sus dos discos más alabados, servía
como prueba irrefutable de que el grupo lo tenía todo para triunfar. La crítica
lo vio así desde esta época y solo un poco más tarde llegaría el éxito popular
masivo con “Agents of Fortune” (1976), si bien ese disco traería también las
primeras divisiones en cuanto al rumbo musical que tenía que seguir el grupo.
Quedarían, pues, como sus primeras joyas y, en el caso de
“Tyranny and Mutation”, como un disco con un carácter muy especial y envuelto
en misterio. Tanto es así, que incluso se dice que en las tiendas de discos los
jóvenes buscaban símbolos ocultos en el dibujo de la portada y, algo más tarde,
Marvel Comics utilizaría la simbología de la misma, además de la imagen de los
miembros del grupo, para antagonizar una historia de Los Defensores titulada
precisamente “Tyranny and Mutation”. En eso, por cierto, también adelantarían a
KISS.
BÖC en una aventura cósmica de ficción: hecho a medida
En lo estrictamente musical, el disco tiene también algunas
otras particularidades.
Como en el disco anterior, Eric Bloom canta la mayoría de
las canciones, incluso cuando no interviene en la composición. Solo queda una
para la voz de Buck Dharma y dos para el bajista Joe Bouchard.En breve esto iría cambiando y Buck Dharma
pasaría a cantar la mayoría de sus composiciones, mientras que el hermano
Bouchard que tendría más protagonismo con la voz sería el batería Albert,
quedando para Bloom poco más que las suyas. En los directos de toda la etapa
clásica serían Bloom, Buck Dharma y Albert Bouchard, por este orden, los
mayores protagonistas con la voz.
En cuanto a la composición, varios miembros del grupo firman
a la vez bastantes temas, claro reflejo de que el disco fue compuesto durante
la gira del anterior, con todo el grupo junto en la carretera. En discos
posteriores se hizo más habitual que cada miembro aportara sus temas, y eso se
notaría en la diversidad de estilos dentro de esos mismos trabajos. Aquí, todos
participarían de manera notable, a excepción del teclista Allen Lanier cuya
firma no aparece en ninguno de los temas. Mención especial en este apartado
para Albert Bouchard, muy activo aquí a pesar de que también perdería protagonismo
en el futuro.
En cuanto a las letras, Pearlman aporta la mitad del disco,
una queda para Meltzer, otra para Patti Smith -entonces poeta y artista
plástica, además de la novia de Allen Lanier, y en poco tiempo musa de la
escena proto-punk americana de mediados de los 70s con su propio grupo- y el
resto se las reparten los propios miembros del grupo que, dicho sea de paso,
parecían estar en esta época en plena forma.
Considerando todo esto, sería un disco importantísimo en la
evolución del grupo. Teniendo el cuenta el panorama americano de principios de
los 70s, todavía a remolque de la escena británica, además sería todo un hito
en el periodo de formación de una escena americana importante y con carácter
propio.
Situémonos.
Primeros años de la década de los 90’s y las cosas están cambiando a
toda mecha en el panorama musical, también para el thrash metal. Los años
dorados del género parecen acabados e incluso los más grandes se mueven hacia
otros terrenos. Metallica (sí, a nadie se le escapa que es la gran referencia
para Testament) ha bajado revoluciones y apuesta ahora por temas de sonido más
denso pero a la vez accesible. Y Testament acepta el reto. “The Ritual” se mete
en la liga del famoso “Black Album” o de “Countdown to Extiction”, y sale
escaldado.
No musicalmente, claro. A nivel de composición encaja
perfectamente en esa nueva “manera” de entender el estilo, y el nivel general
–aunque eso sea algo más subjetivo- raya también en la excelencia.Pero sin el Bob Rock de turno, la producción
queda muy lejos de reforzar la propuesta, y el resultado cae por debajo de lo
que podía haber sido. Tampoco hay apuestas fuertes de las disqueras detrás. Y
todo eso es demasiada diferencia. Comercialmente, pues, y a pesar de conseguir
la mejor entrada hasta la fecha de un disco del grupo en las listas de ventas,
sí que sale escaldado. Además, el disco queda pronto en el olvido, por debajo
incluso de los anteriores.
Así que la banda se queda sin lo que compensa el hecho de
que una parte de los viejos fans los tachen de “vendidos”: el éxito.
No nos engañemos. Eso (que el sector más duro de los viejos
seguidores renunciara a ellos) es algo casi inevitable con los años, y también
les pasaba en la misma época a Metallica y Megadeth. Pero tenían tantos nuevos
seguidores que perder a unos pocos no importaba mucho. Y para Testament no era
lo mismo. Así que el siguiente paso había que pensarlo mucho. Y no estaba el
horno para bollos entre estos músicos.
Dos pesos pesados de la banda, Louie Clemente y Alex
Skolnick, salen del grupo. Otro golpe duro, sobre todo teniendo en cuenta que
Skolnick era algo así como la estrella, el “guitar hero” al que admiraban todos
sus seguidores. Pero a él le parecía que la “marca Testament” encasillaba sus
habilidades en unos registros en los que no podía expresarse completamente, y
vio ahí un buen momento para probar fortuna fuera. Pasó por Savatage y otros
proyectos todavía más “lejanos” en los años siguientes.
El baile de músicos para reemplazarlos es caótico. Glen
Alvelais y Paul Bostaph llegan desde Forbidden y abandonan el barco en un
suspiro. De Exodus llega John Tempesta para hacerse cargo de la batería, y para
la guitarra se recurre a un trotamundos de la nueva escena extrema como James
Murphy, que en pocos años había pasado por Cancer, Death y Obituary. Y aquí
tampoco duraría mucho, no. De hecho, los dos nuevos no se habían quitado la
etiqueta de miembros temporales cuando ya abandonaban Testament, seguidos del
bajista fundador Greg Christian. Pero al menos dejan un buen recuerdo grabando
un disco que, en el fondo, parece una apuesta personal del que entonces se
descubría como núcleo duro y estable del grupo: el guitarra Eric Peterson y el
vocalista Chuck Billy. Y Billy, por fin, se luce.
Desde hacía años se venía postulando como uno de los mejores
vocalistas de la escena thrash. En “Low” se confirma, quizá, como el mejor.
Pero antes de eso, volvamos a la “apuesta” que se comentaba
repasando las opciones:
Seguir la senda de “The Ritual” podría dar por fin un “Black
Album” o un “Youthanasia”, pero esa vía parecía segada demasiado radicalmente
sin un apoyo comercial. Volver a su thrash clásico podía ser más seguro
musicalmente, pero en 1994 eso ya parecía un suicidio seguro, el golpe de
gracia a un grupo que agonizaba.Por
otro lado, Pantera parecía estar abriendo un camino nuevo, los 90s empezaban a
coger personalidad y también la escena extrema se estaba asentando, aunque
mucho más lejos de la primera línea de lo que le correspondería como heredera
de un thrash que llegó a tener cierto peso.
Billy y Peterson debieron pensar... “de perdidos al río”. Y
se tiraron de cabeza.
Sin olvidar la herencia de lo anterior, eso sí, porque no
abandonan ese tempo algo más lento, ese estilo más denso. Pero en lugar de
hacerlo comercial, lo refuerzan con algo de ese aire “groove” tan de los 90,
otro tanto de esa violencia tan de los Pantera de la época, y un toque (sólo un
toque) de oscuro y potente death metal. Ah, y con una producción que, ahora sí,
hace justicia.
El resultado, aunque se siga pudiendo etiquetar como
“thrash” y mantenga claras sus influencias de siempre, está casi tan cerca de
un “Vulgar Display of Power” (o más) como de su clásico “The New World Order”,
y no sólo da cuerda al grupo para mantenerse vivo empezando una segunda era. Lo
engrandece ante los fans por la demostración de personalidad al margen, ahora
sí, de lo que hacían ya los antiguos gigantes del thrash.
En esas aguas tan diversas, Billy emerge gigante. Luce
cantando a la manera más clásica del thrash/heavy, se siente cómodo en lo más
melódico de la única balada del disco, y brilla incluso en lo más agresivo y
con su nuevo registro gutural. Firma, además, casi todas las composiciones
junto a Peterson.
Sin Skolnick, es más un disco de riffs demoledores que de
solos imposibles o demás virguerías guitarreras. Pero funciona dentro de ese
espíritu de la nueva época.
Una buena acogida por parte de crítica y público, e incluso
un videoclip (por cierto muy en el estilo noventero, hecho para el del tema
homónimo) que rueda bastante por la MTV hacen el resto.
Si hasta entonces estaban en esa segunda línea del thrash
que se movía tras la popularidad de los cuatro grandes, desde entonces su
nombre se agiganta para los amantes del género y pasa por delante de algunos de
ellos.
Tras seis años de trabajo, de idas,venidas y cambios en la formación, de
cambios también en las disqueras, e incluso de primeras experiencias en la
grabación (aunque no fueranotra cosa
sino un tributo a los Beatles), Asfalto por fin conseguía una propuesta firme
para lanzar su debut.
Un difícil camino en aquel tiempo de cambio que fue la
transición. Pero el resultado merecía la pena, como si todas esas vivencias
quedaran incrustadas en la música, y la vida en la España de mediados de los
70s tuviera que quedar plasmada para siempre en sus canciones.
Y vaya si lo hizo. El desencanto por unos tiempos tan
largamente esperados, la asfixia por el crecimiento del Madrid obrero de la
época, el hastío de la rutina, el deseo de una vida más sencilla y el recuerdo
de la opresión encuentran su espacio dentro un disco que es casi una crónica
de la época.
De una manera extraña, a la vez emotiva y poética, pero también
muy agarrada a la vida banal de la clase obrera y a sus referentes populares. Pero
con un carácter muy reconocible, entonces novedoso, que más tarde
desarrollarían –de una manera más agresiva- los dos gigantes del rock duro en
España que tras la estela de Asfalto estaban por llegar.
Los primeros en grabar para los históricos Chapa Discos,
consiguieron juntar un buen puñado de canciones que han pasado a la historia
del rock de este país, siendo varias de este primer trabajo algunas de las más
reconocidas de su discografía.
Estos fueron los temas:
1. Ya está bien. Una manera estupenda de comenzar un disco: con el tema
más directo y contundente, y marcando estilo para los grupos que estaban por
llegar. Y para las letras, un relato del duro camino del músico de rocken aquel momento.
2. Capitán trueno. Se dice que es uno de los primeros temas
de ese género tan “nuestro” que es el rock urbano, y además una de sus grandes
banderas. Esto es, claro, por la denuncia social que hacen las letras, aunque
sea de una manera tan inocente como invocar a un héroe del cómic para que
arregle nuestras vergüenzas. De cualquier manera, es un tema de gran carisma y
personalidad, en buena parte por la aportación de esa flauta que da un toque
“folk” o incluso “prog” a su sonido. Una de sus canciones más conocidas y un
éxito de la época.
3. Ser urbano. Guitarras dobladas al más puro estilo
setentero de unos UFO o Thin Lizzy, y un tema de mayor peso hardrockero que el
anterior, si bien se mueve por terrenos parecidos. Esta vez la denuncia, de
nuevo de manera muy simbólica y original, se hace del crecimiento de las ciudades como
masas de asfalto y obreros alienados. Algo muy recurrente en el rock de esos
años.
4. Días de escuela. La auténtica maravilla del disco. Uno de
sus temas más dinámicos, más por esa espectacular base rítmica que por un
sonido general que es mucho más técnico y emotivo que duro. Las penurias de la
escuela de la España Franquista resumidas en una canción que inevitablemente
queda para el recuerdo.
5. Todos los días. Con el listón tan alto, y en vísperas del
tema más desarrollado del disco, “Todos los días” se convierte en un puente
ligerito que bien agradece el trabajo.
6. Quiero irme (La huída). Y turno para el tema más largo,
trabajado, y próximo al hard rock de tintes progresivos de unos Rush. De nuevo
uno de los puntos más altos del disco.
7. Rocinante.Otro
de sus temas más conocidos. En un ambiente nostálgico y altamente emotivo, como
de balada de aire sinfónico, el narrador llega al lugar donde han quedado
olvidadas todas las cosas que ya no existen en la caótica sociedad del momento,
y entre ellas Rocinante, símbolo a la vez de la naturaleza (abandonada “por un
tractor”) y las ilusiones de los “Don Quijotes” que han acabado sucumbiendo. El
abandono de la realidad como solución para nuestras penurias, a la curiosa
“manera Asfalto”.
8. La isla del amor. El disco ha girado hacia lo más
tranquilo, y es buen momento para encajar la vieja y alegre influencia de los
Beatles.
9. El emigrante. Y estando ya en estos terrenos, un cierre
tranquilo nunca viene mal para aumentar las ganas de pinchar de nuevo un disco
tan variado como interesante.
Sin embargo, el hecho de que no consiguieran establecer una
dirección clara (como parece evidente si comparamos el heavy rock de “Ya está
bien”, muy en la línea de lo que en pocos años haría famosos a Barón Rojo, con esa
“beatleliana ” “La Isla del Amor”, o con los varios momentos de influencia
sinfónica o progresiva) reavivó las discusiones en el seno del grupo, que tras
el lanzamiento acabaron con una separación que nos dejaría a unos remodelados
Asfalto grabando rápidamente el siguiente “Al otro lado” y a los nuevos Topo,
nacidos de la escisión, corriendo a hacer competencia con su debut.
Sea como sea, “Asfalto” (el disco) quedó atrás como un
pedazo importantísimo de la Historia del Rocken España, y como tal conviene recordarlo.
Hubo una época, aquella transición hacia los 80s que tan
importante fue en la evolución del rock duro, en la que los grandes grupos de
los 70s fueron cerrando sus etapas de gloria. En algunos casos, para empezar otras,
pero siempre dejando atrás una parte del sonido de esa década en la que se
coronaron, y casi siempre con grandes discos en directo que recogían el mejor
material de aquellos años.
Los “hijos” de Deep Purple lo hicieron (Rainbow con “On
Stage” y Whitesnake con “Live... in the Heart of the City”), Thin Lizzy hizo lo
propio, KISS nos regaló su “Alive II” y Scorpions o Judas Priest cumplieron con
su parte “en el Este”, todos ellos entre el ’77 y el ’80, y todos dejando
algunos de los mejores trabajos en directo que haya dado esta música.
Blue Öyster Cult, el gran “dinosaurio” americano, que había
sido uno de los primeros en llegar, puso también fin a estos años de cambio con
su broche en vivo en el ‘82.
En su caso, además, el sentimiento de “final de una era” fue
todavía mayor. Porque los de Nueva York rompían en esta gira, la de “Fire of
Unknow Origin”, una alineación original que había permanecido inalterable más
de una década. Y porque, al pasar los años, se ha visto que también dejaban
atrás su mejor época en lo musical.
Vendrían otros muchos buenos discos, y otros estilos
llegarían para enriquecer su propuesta. Pero difícilmente se puede discutir que
lo más brillante de su producción quedó allí.
Eso sí, si se trataba de cerrar su etapa de gloria, “Extratrerrestial
Live” lo hizo por todo lo alto.
Quizá sin lucir una grabación fantástica, con un sonido sin
retocar, pero de una manera poderosa, honesta, haciendo participar al público,
estirando o modificando las versiones de estudio, adornándolas con “jams” y
solos y, en definitiva, poniendo de la mejor manera posible ese “añadido” que
debe tener un disco en directo.
“Extraterrestrial Live” no era su primer disco de este tipo,
pero ese “algo especial” que tenía el momento lo encumbró a nuevas cotas, y se
hizo notar incluso en el repertorio. Y es que cada uno de los 8 discos de
estudio anteriores, los 8 de la formación original, se vio representado al
menos por un tema, lo que en un disco de 13 cortes es algo que parece
consciente y significativo. Qué mejor manera de cerrar una etapa que con algo
parecido a un “grandes éxitos” en directo.
A cada fan “le faltará” su tema especial (yo hubiera añadido
“Flaming Telepaths” o “Astronomy”), pero aunque BÖC es un grupo que se ha
prodigado mucho en los directos, para la mayoría éste es el de mejor
repertorio. Y con todo lo anterior, eso lo convierte en un clásico
imprescindible para sus seguidores, y una inmejorable manera de empezar a
conocerlos para los que todavía no lo sean.
De los 13 temas,11
salen de la famosa gira de “Fire of Unknown Origin” (y eso explica que sea el
disco más representado, con 3, en el track list), a mitad de la cual fue
expulsado Albert Bouchard, batería original del grupo y hombre importante
también en la composición. Se sabe que en esa época tenía ciertos problemas
“personales” que lo llevaron a presentarse tarde en varios de los conciertos de
la gira, llegando incluso en 2 ocasiones a comenzar el grupo la actuación con
el “roadie” Rick Downey, y añadiéndose Bouchard a medio show. La gira acabó con
Downey como batería oficial de BÖC y Albert Bouchard centrándose en solitario
en el proyecto que hubiera querido para un grupo (la ópera rock “Imaginos”) que
viraría hacia otros terrenos algo más “comerciales”, pero que sin embargo acabaría
publicándose años más tarde con la participación y bajo el nombre de Blue
Öyster Cult.
En esos 11 temas podemos escuchar a Downey a la batería.
Pero BÖC quiso mantener la presencia de Bouchard en el lanzamiento, y los otros
dos fueron extraídos de la gira inmediatamente anterior, la que realizaron
junto a los Black Sabbath del “Heaven and Hell” en el ya mítico “Black And Blue
Tour” y que había sido grabada para un lanzamiento en VHS.
La cosa, pues, quedó como sigue:
“Dominance and Submission”. Grabado
en NY en 1980, es uno de los dos temas en los que estuvo Albert Bouchard.
Único representante de “Secret Treatries”, que sin embargo es uno de sus
trabajos más reconocidos, sirve para abrir de una manera poderosa el
disco. Impagable la aportación del público gritando algo tan bizarro como
“Dominance! Submission!”.
“Cities On Flame with Rock and
Roll”. El gran clásico del disco debut abre la lista de canciones
grabadas en 1981 ya con Downey en la batería. De nuevo, único
representante de su disco.
“Dr.
Music”. Y lo mismo se puede decir de “Dr. Music” respecto a su disco
“Mirrors”. El cambio de registro entre su debut y este disco de finales de
los 70s es notable, y con esto el directo va añadiendo diferentes
texturas. Como la anterior, grabada en diciembre del 1981, durante el
final de la gira.
“The Red And The Black”. Primer
tema grabado en el show al que pertenecen la mayoría de los siguientes,
histórico concierto de octubre del ’81 en Hollywood que fue también
grabado en video. Y primero de los dos representantes de “Tyranny and
Mutation” que, cómo no, aporta parte de lo más potente disco.
“Joan
Crawford”. El primero de los temas de “Fire of Unknown Origin” sigue
añadiendo registros a base de piano y preciosas melodías.
“Burning for You”. Y si
hay que presentar a “Fire of Unknown Origin”, qué mejor que su hit single.
“Roadhouse
Blues”. Blue Öyster Cult siempre fue uno de esos grupos a los que les
gusta añadir algún “cover” a sus directos. “Born To Be Wild”, por ejemplo,
se había convertido ya en un “bis” clásico para sus actuaciones. Pero en
1981 Robby Krieger, guitarrista original de los entonces ya extintos The
Doors, se hallaba en una época de búsqueda de diversos proyectos, y
colaboró en repetidas ocasiones con BÖC añadiendo su guitarra en directo,
como en este caso, y posteriormente también en estudio. Y para presentar a
Krieger, claro, qué mejor que tocar el “Roadhouse Blues” de The Doors.
Fenomenal actuación de todo el grupo, por cierto, y especialmente la de
Eric Bloom, de la que hubiera estado más que orgulloso el mismísimo Jim
Morrison.
“Black
Blade”. Originalmente lanzado como doble directo, ésta era la apertura del
segundo disco. Y como en el primero, se insertó para empezar un corte
anterior con Albert Bouchard a la batería. En este caso, el único tema de
“Cultosaurus Erectus”.
“Hot Rails to Hell”. De
vuelta a 1981, a Rick Downey, y a “Tyranny and Mutation”.
“Godzilla”.
Y turno para “Spectres”, que aporta sólo su tema “franquicia”. Inevitable
en sus directos y espectacular en aquella época, en la que una
reconstrucción gigante del monstruo aparecía sobre el escenario escupiendo
humo y luces.
“Veteran of the Psychic Wars”. El
tercer y último tema de “Fire of Unkown Origin” es uno de los momentos más
celebrados del disco. Si en todo lo anterior el grupo ya había demostrado
su pericia con los instrumentos, el solo con el que Buck Dharma adorna en
directo a este colosal tema ha sido reconocido siempre por la crítica y
los fans como uno de los mejores que se hayan grabado nunca en los más
clásicos directos de la historia del rock duro. Una demostración más de
uno de los mejores guitarristas del género, aunque sea sin embargo uno de
los menos populares de las “grandes ligas”.
“E.T.I.
(Extra Terrestrial Intelligence)”. Y después del momento mágico del disco,
aguarda la traca final con los dos temas de su celebrado “Agents of
Fortune”, habituales para el final de su repertorio. Primero el que da
nombre a disco.
“(Don’t Fear) The Reaper”. Y
por último el que es posiblemente su tema más conocido y su single de
mayor éxito, siempre cerrando con ese halo de misterio sus actuaciones.
En 1974 debutaban KISS, Rush o Judas Priest, pero unos pocos
dinosaurios del rock duro ya habían conseguido asentarse en la escena con un
peso que pocas veces se ha visto desde entonces. Deep Purple, Black Sabbath o
Led Zeppelin habían conseguido en este terreno que la atención se volcara hacia
Gran Bretaña, pero, como siempre, los USA también habían tenido algo que decir.
Blue Öyster Cult llevaban años en la palestra, y habían
dejado ya dos discos que podían plantar cara a los que venían de las islas. Tan
técnica como oscura y rocosa, su música bien podía colocarse en el mismo
escaparate que la de esos otros gigantes, pero su público, hasta el momento,
estaba más limitado dentro de sus fronteras. Y su tercer disco tenía que
remediarlo.
“Secret Treaties” se ha visto normalmente encasillado como
el capítulo final de la etapa “en blanco y negro” con la que comenzaron su
andadura (las portadas tienen la culpa), pero la verdad es que es más fácil
entenderlo como un disco de transición hacia los más heterogéneos discos
posteriores. En ese sentido, la voluntad de ampliar su público es evidente en
la evolución respecto al sonido del anterior “Tyranny & Mutation”.
Exuberantemente guitarrero, pero también capaz de dar más protagonismo a los
coros y, sobre todo, a los teclados, así como de
dar rienda suelta a su imaginación y excentricidades en otros registros.
Si atendemos a los resultados comerciales, iban por el buen
camino. Certificado oro, estuvo catorce semanas seguidas en las listas del
Billboard americano. Y con el éxito, su reconocimiento iba en alza. Poco
después de su salida, la revista ¡británica! Melody Maker lo declaraba el mejor
disco de Rock de todos los tiempos, empezando a colocarlo como un habitual
entre los trabajos del género que la crítica ha tratado con mayor respeto. Y
que sirva de ejemplo el que revistas como “Rolling Stone” y “Kerrang!” lo hayan
incluido habitualmente en sus rankings de los mejores discos de siempre.
En su momento, les sirvió para que pasaran a ser habituales
cabezas de cartel en grandes festivales, y allanó el camino para que el
siguiente “Agents of Fortune” tuviera una recepción todavía mayor, alcanzando
pronto el platino.
Con todo esto, no es raro que muchos de sus fans lo
consideren el mejor disco de su carrera. Pero lo sea o no (hay mucho donde
elegir, anterior o posterior, como para poder dar un veredicto rotundo), es
innegablemente uno de sus más importantes, tanto popularmente como para la
definición de su identidad. Ésa tan especial y compleja que los hace únicos,
atrapa irremediablemente a unos, y los hace tan poco accesibles para otros.
Veamos por qué.
1. “Career
of Evil”.
Primer tema y primera prueba de su evolución. Si “Blue
Öyster Cult” empezaba con un cañonazo como “Tranmaniacon MC” y “Tyranny &
Mutation” abría fuego de la manera más acelerada con “The Red And The Black”,
“Secret Treaties” empieza a mostrar sus cartas con un medio tiempo en un
formato “single” mucho más claro, en colaboración, además, con la que pronto
sería diva de la escena punk americana, Patti Smith. La clase de Buck Dharma,
Eric Bloom y sus chicos, eso sí, permanece intacta para firmar uno de los
momentos más agradablemente accesibles del trabajo. Un clásico de su repertorio
desde entonces.
2. “Subhuman”.
También derrochando clase, pero en un registro más complejo
en el que la imaginativa guitarra de Buck Dharma se mueve como pez en el
agua, “Subhuman” devuelve a Blue Öyster Cult a un registro más cercano a los
temas “más tranquilos” de los trabajos anteriores.
3.
“Dominance And Submission”.
Y, por fin, la apertura del tercer tema hace recordar a los
fans de los discos anteriores la potencia de sus guitarras. Mención aparte
merece la continuidad también en el terreno de las letras. Si las de los discos
anteriores pueden calificarse como excéntricas, éstas no se quedan atrás.
4. “Me 262”.
De nuevo las letras llaman la atención, pero en este caso
para glosar sobre el primer modelo de avión de combate a reacción. Extraño,
pero recubierto de fiero rock’n roll resulta otro excelente tema habitual de
sus directos.
5. “Cagey
Greetings”.
Más rock’n roll, y más excentricidades. Esta vez salpican a
unas melodías especialmente contagiosas. Y como es habitual en su producción,
fenomenal trabajo instrumental, destacándose aquí como se integran guitarra y
teclados.
6.
“Harvester of Eyes”.
Lo machacón del riff principal la corona como una canción
especialmente apropiada para los directos (y bien que se han servido de ella en
ese aspecto). En “Secret Treaties”, además, nos lleva hacia el decisivo broche
final de los dos últimos temas.
7. “Flaming Telepaths”.
Puede que no sea habitual que los dos temas insignia de un
disco sean precisamente los dos últimos. En un disco relativamente corto como
éste, la estrategia funciona perfectamente. Si hasta aquí era un gran disco,
acabar la escucha de esta manera lleva a cualquiera a levantar su calificación
hasta los extremos que se comentaban antes.
Ciencia ficción (su tema más recurrente) envuelta en
psicodelia y melodías sobrecogedoras, además de enmarcada entre una de las
entradas más espectaculares que se pueden encontrar y un final acelerado que no
lo es menos.
8. “Astronomy”
Y por fin, lo que muchos esperaban. Como Queen harían unos
años más tarde con “We Will Rock You / We Are The Champions”, el poderoso final
de la anterior se corta en seco para dejar paso al piano que abre la siguiente.
Y si “Flaming Telepaths” es uno de sus mayores clásicos, “Astronomy” lo es
todavía más, acabando así el disco con una de sus más conocidas y recordadas
canciones. Habitual en los conciertos, revisada años más tarde dentro de su
disco conceptual “Imaginos”, y versionada todavía otros tantos años después por
Metallica, que se unía así a la larga lista de grupos (de Lizzy Borden a HIM,
pasando por Iced Earth o Candlemass) que han intentado añadir a las suyas las
personales melodías de Blue Öyster Cult.
Inmejorable final... para dejar al público con ganas de empezar otra
vez.
Un unicornio con collar en una estancia rosa y enmarcada en
un paisaje fantástico. Dentro, la confirmación. Mágnum se habían pasado
definitivamente al AOR.
Fuera por intentar explotar de una vez por todas el tirón
popular que por fin habían empezado a conseguir con su último disco ,”On A
Storyteller’s Night”, o fuera por la influencia del “enlacado” ambiente de
aquel 1986, por excelencia año de la explosión de los cardados y demás
parafernalia de un tipo de rock duro muy concreto, los Magnum habían dejado atrás
una era... y abrían otra a lo grande.
Siempre habían sido un grupo de corte muy melódico, pero
había un trecho importante desde hacer una música que se movía entre los Queen
de los dos primeros discos (aquellos que más apostaban por el rock/hard rock
sinfónico) y los Scorpions de la misma época (entendamos con esto aquel heavy
rock radiable) a lo que proponía “Vigilante".
A estas alturas, los dos motivos apuntados parecen claros.
Por un lado, el disco se vendió más. Se coló en el Top-25 de
las listas británicas y se movió por los mismos puestos en las de media Europa,
preparando aún más el terreno para la llegada de la cima popular que tuvieron
con su siguiente (y Top-5) “Wings Of Heaven”. Y lo de “preparando el terreno”
en este caso es especialmente importante, puesto que los singles extraídos de
“Vigilante” se extendieron casi 10 meses en el tiempo, y fueron seguidos de un
recopilatorio de temas anteriores (señal de que se estaban poniendo de moda)
que casi conectó con la salida de su álbum más vendido y famoso. Si “Wings Of
Heaven” tiene tales honores, puede decirse, es en parte a “Vigilante”.
Por el otro lado, la influencia del sonido puramente
“ochentero”, o del rock más mediático de la época, es evidente. Escuchar los
teclados de "Sometime Love", por ejemplo, yrevivir la moda de las hombreras es algo que
se mezcla naturalmente. Pero en fin, también Queen y los Scorpions, por volver
a esos dos grupos que se mencionaban como bases, estaban haciendo un giro
similar a mediados de los 80s.
Pero el caso es que la jugada no les salió nada mal. Ni
comercialmente, eso ha quedado claro, ni musicalmente. Sí, puede que no sea el
mejor disco de Magnum (sin duda es uno de los mejores, aunque la magia de gusto
“más setentero” del entonces ya pretérito “Chase the Dragon” sea difícil de
igualar) pero no se puede negar que sacaron todo el partido posible a su nueva
propuesta. Y de la mejor manera: con un disco corto pero repleto de potenciales
singles en varios registros. Baladones, medios tiempos coreables, temas
movidos, estribillos pegadizos, teclados, guitarras y, cómo no, la siempre
brillante voz de Bob Catley. Puede que su trabajo en este disco, derrochando
esa característica elegancia de corte tan clásico, sea una de las grandes
razones por las que el sonido de Magnum seguía siendo, a pesar de todo,
perfectamente reconocible. Tan bien les salió que, a partir de entonces, su
trayectoria se ha visto marcada principalmente por este tipo de sonidos más
AOR.
Y fue gracias a estos temas:
"Lonely Night" — 3:48
Para empezar
el que fue el primer single. Escucharlo es entender por qué tuvo ese
privilegio.
"Need a Lot of Love" — 4:48
Relajando algo el tono, uno de los cortes más famosos del
disco y de toda su carrera, power-ballad por todo lo alto que, ojo, ni siquiera
fue single de un álbum que iba bien servido de "hits".
"Sometime Love" — 4:20
Más animado, y más estribillos pegadizos. Pegadiza y
“ochentera” hasta decir basta, hubiera sido otro excelente single.
"Midnight (You Won't Be
Sleeping)" — 4:01
Esta vez sí, aquí va el segundo single de “Vigilante”. Y
tiene todo lo que se puede pedir a un éxito de la época: entrada baladera,
subida de guitarras, estribillo animado y pegadizo, solo de saxo...
Ahora que tantas bandas triunfan recordando el sonido radiable y rockero de los
80s viene bien recordar cómo era todo esto en su estado original.
"Red on the Highway" — 4:14
Después de cuatro temas de tipo “hit” podría parecer que la
cosa se agota. Pero nada de eso. Llega uno de los temas más puramente rockeros.
Y el disco lo agradece.
"Holy Rider" — 5:17
Vuelta al sonido más relajado y muy “de la época”...
"When the World Comes Down" —
5:20
...y vuelta al hit-single con el que fuera el tercer
sencillo del disco. Otro de sus temas más conocidos y una balada de corte épico
muy del gusto de aquellos años.
"Vigilante" — 6:40
Una de las grandes virtudes del disco es su acertada
estructura. Tras un par de temas más relajados convenía algo de acción, y
“Vigilante” trae la trae de vuelta. Y sí, otro estribillo para enmarcar.
"Back Street Kid" — 5:01
Final. Y Otra joya que guardaron para el postre. 9 temas y punto. Si son
todos buenos, ¿para qué hacen falta más? Que tomen nota los productores
actuales.
Aunque tenga cierto carácter “maldito” (no se acuerdan de él tantos como debieran para reivindicarlo como uno de los mejores trabajos de Obús y del heavy rock patrio), lo cierto es que no parece haber mejor etiqueta para “Dejarse la Piel” que la de “clásico”. Por su contenido -uno de los más regulares trabajos de la banda y uno de los de mejor sonido de su etapa clásica- y por su significado dentro de la trayectoria de Obús.
En este punto, claro, “Prepárate” –por haberlos dado a conocer de una manera tan grande como el triunfo de su “Va a Estallar el Obús” en las listas de éxitos- o “El Que Más” –por haberlos consolidado definitivamente entre los grandes de nuestra escena- pueden ser siempre los más mencionados, pero no hay que olvidar que “Dejarse la Piel” supuso todo un paso adelante en la maduración de un grupo que, sí, había conseguido ya un nutrido plantel de seguidores, pero que había visto también como su anterior “Pega con Fuerza” (y a pesar de, de nuevo, el éxito del espectacular sencillo “Te Visitará La Muerte”) no cumplía con las expectativas de los que señalaban su mayor irregularidad y el poco acierto de algunas letras que llevaban el gamberrismo rockero, simple, cercano y barriobajero de siempre demasiado cerca de la línea que lo separa de lo poco trabajado o, sencillamente, de lo ridículo.
Aunque pudiera ser arriesgado, tocaba avanzar. Y, sin dejar de sonar a lo que todos esperaban que sonase Obús, “Dejarse la Piel” lo hizo a la perfección apostando por una producción más acorde con aquellas alturas de los 80s –teclados incluidos-, e introduciendo por primera vez una bonita balada con “Complaciente o Cruel” para, en definitiva, dar mayor variedad tanto a las letras como el formato de la canciones, desde la mencionada balada a lo dinámico y divertido de “Spain Is Different”, pasando por la seriedad del rocoso (y tan válido hoy día) medio tiempo “Crisis”.
Lo justo para recuperar la atención y formar un directo con el empaque necesario para una grabación doble, a lo grande, como los más punteros grupos internacionales y como ya había hecho hacía años Barón Rojo. La banda, precisamente, con la que ya podían competir por el liderazgo del heavy rock español. Se “dejaron la piel” para conseguirlo, y mereció la pena.
Este momento, en el que encaramos la recta final de la carrera de los Scorpions, parece especialmente dado a que echemos la vista atrás y recordemos los muchos logros de la banda alemana. Pero alrededor de 40 años de música dan para mucho, demasiado como para intentar algún repaso mínimamente completo, y pareciendo lo más adecuado que cada uno repase los buenos momentos en función de sus gustos, y a partir de aquí se interese (o no) por continuar, ese vistazo al pasado se nos ha ido hasta 1975 para encontrarse con la que puede ser la primera gran piedra que, tras los cimientos, pusieron estos alemanes en su gran obra.
Un tercer disco siempre es un gran paso al frente en la consolidación de un grupo, y en el caso de Scorpions las razones para hablar de consolidación desde este “In Trance” son muchas y variadas. Y empiezan por el propio grupo. A saber: Este fue el segundo trabajo con Uli Roth a la guitarra solista y el primero en el que el virtuoso heredero de Hendrix adquiere el peso necesario para resultar parte importante en la definición del sonido de la banda. El hecho es claro. De firmar dos temas en el anterior “Fly To The Rainbow”, Roth pasa a colaborar en la composición de más de la mitad de los cortes de “In Trance” y volvería a ser importante en los siguientes, resultando un factor decisivo en el crecimiento de la formación durante los 70s, periodo básico para cimentar su posterior éxito mundial en los 80s y para muchos enormemente más creativo que ese otro venidero. Tanto crece su protagonismo que se atreve incluso con las voces en este disco, aunque en ese apartado no resulte de tanta importancia. Además, y todavía en el punto de la composición de la banda, para “In Trance” aparece un Rudy Lenners a las baquetas que, a pesar de su corta estancia en los escorpiones, es considerado todavía por muchos el mejor batería que hayan tenido.
Otra razón de peso pasa por la producción. Con “In Trance” se inicia la colaboración con el productor Deter Dierks, que les acompañaría hasta finales de los 80s siendo una parte muy remarcable del éxito que les vendría en esos años. El personal estilo, claro, que acabarían de definir con el disco, muy metido en el sonido del rock duro de los 70s, a caballo entre lo que ahora se podría definir como hard rock clásico de gusto melódico y heavy metal tradicional, es otra de las más importantes. Ni los trallazos de heavy clásico como “Dark Lady” o “Robot Man” son fáciles de encontrar antes de ese año (y lo que todos conocemos sólo salía de Gran Bretaña, mientras que ahora se abre al mundo desde Alemania) ni –mucho menos- las power ballads como “Life’s Like A River” o el tema del título abundaban hasta que estos germanos explotaron su filón. De todo tiene, entonces, y bien hecho, repartido así:
1. "Dark Lady" – 3:30 (U. Roth) Compuesta y cantada (menos en los coros) por Roth –algo que, para ser el tema que abre el álbum, demuestra la confianza que ya tenían en el músico- es un arrasador inicio con una guitarra exuberante que se adorna en doblajes y partes de vibrato y wah wah. Rompedor, original y creativo para su época, una gran apuesta para empezar un disco.
2. "In Trance" – 4:47 (R. Schenker/K. Meine) Se abre la parte más serena del disco con el tema homónimo. Una pausa para la balada que se rompe para dejar paso una y otra vez a un estribillo poderoso. A día de hoy, ¿cuántas veces hemos escuchado algo así? Bien, ¿y antes de esto? Pues eso. Enorme clásico de la banda.
3. "Life's Like a River" – 3:54 (U. Roth/R. Schenker/C. Fortmann) En un formato más íntimo y magistralmente emotivo, sigue el momento para la balada con uno de los temas de mayor belleza que hayan grabado estos germanos. Y eso es mucho decir. El espectacular trabajo de la guitarra y la conmovedora interpretación vocal de Meine hacen de “Life’s Like A River” uno de sus temas lentos de mayor clase. Qué difícil debe ser sonar así para que tan pocas veces lo hayamos podido escuchar.
4. "Top of the Bill" – 3:26 (R. Schenker/K. Meine) Pero volvamos al rock duro poco a poco con un medio tiempo de enormes riffs que sube la intensidad al disco...
5. "Living And Dying" – 3:24 (R. Schenker/K. Meine) Y sin acabar de salir de ese momento mágico sigamos recorriendo esos parajes oníricos, oscuros y bellos que nos presenta “Living And Dying”.
6. "Robot Man" – 2:47 (R. Schenker/K. Meine) Desde que “Dark Lady” abriera el disco con acelerada rotundidad habíamos tenido dosis de riffs poderosos salpicando aquí y allá ese hard rock tan melódico y elegante, pero es tiempo de sacarnos de esos ambientes y “Robot Man” se encarga de hacerlo con fuerza, iniciando la segunda mitad del disco como empezó la primera, para hacernos notar lo compensado y trabajado de la obra. Y con qué fuerza. A excepción del “Paranoid” de Black Sabbath pocos temas de la época se recuerdan que se muestren tan directos y arrasadores. En menos de tres acelerados minutos y desbordando gancho hasta que inevitablemente acompañemos el ritmo con la cabeza o los pies. Excelente.
7. "Evening Wind" – 5:06 (U. Roth) De vuelta poco a poco a la nostalgia, de nuevo con Roth demostrando su maestría también en estos terrenos.
8. "Sun in My Hand" – 4:25 (U. Roth) Pero si hay un corte en el que el guitarrista parece dejarse ir, éste es el medio tiempo “Sun In My Hand”, donde Uli exhibe recursos, una extraña originalidad sonora que convierte al tema en pieza rara y hasta una legión de solos de escándalo.
9. "Longing for Fire" – 2:44 (R. Schenker/U. Roth) No se abandona la originalidad con “Longing For Fire”, llevada por una pesada línea de bajo y una gran interpretación de batería que hace al tema dinámico bajo las bonitas melodías vocales.
10. "Night Lights" [Instrumental] – 3:14 (U. Roth) Y el cierre que se merecía el disco, que no podía ser otra cosa que un precioso momento instrumental donde la guitarra de Roth se mueve como pez en el agua. Como una firma de despedida. Como un broche de oro para un disco espectacular.
Hay veces que, en esto de la música, las matemáticas no acaban de funcionar y la suma de muchos talentos no resulta un verdadero acierto, pero como para desmentir el tópico parece que en el caso de Mr. Big los números quisieron favorecer el resultado multiplicándose. Y es que éste puede ser uno de los pocos “supergrupos” que ha dado el rock que a la postre haya resultado más famoso como tal que las carreras de sus miembros por separado. Veamos: B.Sheehan había hecho fortuna poniendo su espectacular bajo al servicio de David Lee Roth, Paul Gilbert ya demostraba su talento a las seis cuerdas en sus Racer X, Pat Torpey había trabajado con sus baquetas junto a Robert Plant o Freddy Mercury y Eric Martin era un reputado vocalista habitual de los musicales antes de formar parte de Mr. Big, pero ¿alguien se acuerda de todo esto antes que de discos como éste?
Seguramente no, pero si lo hace es posible que se pare a pensar en lo diferentes en estilo que eran todas esas trayectorias y en cambio en cómo de compacto y “hecho” suena ya este homónimo debut. Aún así, es también fácil distinguir la aportación de cada uno y verles brillar individualmente, siendo indiscutible que uno de los puntos fuertes del disco es precisamente la exhibición del buen hacer en la interpretación de cada uno de los músicos. En este apartado, mención aparte merece Eric Martin, que realiza una de las interpretaciones más lucidas que se puedan recordar en un disco de Hard Rock, poniendo el extra de clase con su estilo tan emotivo y seductor (algo entre Dave Lee Roth y David Coverdale que parece extrañamente difícil de lograr de una manera tan sensual sin perder la elegancia) a un Hard Rock clásico de escuela Van Halen, remozado para la radiofórmula de la época.
Y bien que consiguieron hacerse con esa radiofórmula, porque ya con este primer disco pudieron ver su trabajo en el Billboard 200 (número 46 de discos en 1989) y para el siguiente “Lean Into It” ya habían acumulado la suficiente fama como para tener el álbum entre los 20 primeros y colocar singles en los primeros puestos, dando inicio a una recordada carrera dentro del mundo del Hard Rock que empezó, con este “Mr. Big”, con en el siguiente listado de temas. Empezamos por el primer y único single del disco, que llegó entre la gran competencia de ese año a un meritorio puesto 39 para ser la carta de presentación de estos entonces desconocidos, y pasamos por algunas de las más selectas piezas del momento, incluyendo dos de los medios tiempos baladeros (“Had Enough” y “Anything For You”) de mayor emotividad que se hayan grabado en este estilo. Ahí va:
1. "Addicted to That Rush" (Paul Gilbert/Billy Sheehan/Pat Torpey) – 4:46
2. "Wind Me Up" (Eric Martin/Gilbert/Torpey) – 4:11 3. "Merciless" (Gilbert/Martin/Torpey) – 3:57 4. "Had Enough" (Sheehan) – 4:57 5. "Blame It on My Youth" (Gilbert/Martin/Sheehan) – 4:14 6. "Take a Walk" (Gilbert/Martin/Sheehan) – 3:57 7. "Big Love" (Martin) – 4:49 8. "How Can You Do What You Do" (Jonathan Cain/Martin) – 3:58 9. "Anything for You" (Gilbert/Martin/Sheehan) – 4:37 10. "Rock & Roll Over" (Martin) – 3:50 11. "30 Days in the Hole" (Steve Marriott) – 4:12
Merecido recordatorio hecho a los temas y sus autores (y hay que notar el trabajo de todos los miembros del grupo también en la composición), no nos queda más que rendirnos a su talento. Un buen momento para ponerse de nuevo el disco, ¿verdad?
Cuando existe ese momento de especial creatividad y “feeling” por el que no tantas bandas pueden presumir de haber pasado hasta las prisas pueden transformarse en un aliciente en lugar de resultar un contratiempo. Veamos, la banda más “caliente” del planeta se encontraba en pleno estallido tras haber publicado su exitoso primer álbum y haber empezado a girar abriendo bocas a su paso -maquillaje, disfraces y show rockero mediante-; y de la urgencia por publicar más material impuesta por la necesidad de la emancipación económica de su disquera (que los obligaba a componer y grabar en la mismísima ruta) salió un sonido mágico, crudo, sucio y de producción escasa que acabó de dar ese aire especial a algunos de los temas más melódicamente afortunados que hayan grabado nunca KISS.
Llamémoslo destino o simplemente estado de gracia, pero para dar forma a “Hotter Than Hell” salieron algunos de sus riffs más directos, aparentemente sencillos, efectivos y duros, y a la vez algunos de los momentos más bellos, adornados de melodías nostálgicas y guitarras dobladas, de su extensa discografía. Convertidas así en virtud, si en algún punto se pudieron notar las prisas como algo negativo éste fue el de la promoción.
“Hotter Than Hell” pasa por ser uno de los discos menos populares de la etapa de gloria de los de New York, pero, pensando en el masivo nivel popular que ha ido consiguiendo toda esa etapa al completo con el tiempo, eso tampoco es, ni de lejos, un fracaso comercial. Para el ’77 ya tenía certificación oro por haber vendido más de 500.000 copias y mucho ha llovido desde entonces (también en dinero) para KISS.
Más oscuro en sonido y más relacionable con el hard rock clásico de los 70s que la mayoría de sus discos de la época, sí, pero “Hotter Than Hell” se agranda con la marca (y en este caso nunca mejor dicho lo de “marca”) KISS grabada a fuego y abrasando a un público entonces sorprendido una y otra vez, en buena parte a base de tomar el planteamiento ambiguo y sexual del glam rock de la época y reconvertirlo en algo donde las provocativas letras son ya la clara y abierta exhibición sexual y amorosa del varón que tanto se repetiría en el Hard Rock más mediático de la década siguiente. De principio a fin “más caliente que el Infierno”, de principio a fin una colección de clásicos ya de los KISS:
1. "Got To Choose" (Paul Stanley) – 3:52 Paul Stanley abre fuego planteando la elección de un novio a su pareja infiel en uno de los temas que han pasado a la historia entre lo más selecto del repertorio KISS, con contagioso estribillo en falsete y el primer impresionante riff del álbum. Uno de esos temas con los que se entiende que si el sonido de “Hotter Than Hell” acabó por favorecer su propuesta es precisamente por acercarse al de su arrasador directo. Aquí lo tenemos:
2. "Parasite" (Ace Frehley) – 3:23 Gene Simmons toma el relevo a las voces en un tema escrito por un desbordante Ace Frehley a la guitarra (que nos deja uno de sus riffs más afilados, en el que hay quien ha querido ver un precursor del metal posterior) y que le viene como anillo al dedo al más duro y crudo personaje KISS.
3. "Goin' Blind" (Gene Simmons, Stephen Coronel) – 3:34 Estas cosas siempre son muy personales, pero puede que éste sea uno de los temas más bellos que nos hayan dejado tanto KISS como el hard rock de los 70s en general. No podían hacerlo “standard”, claro, y la historia de amor que nos cuenta se desarrolla entre un anciano y una jovencita, pero ¿no son mágicas esas twin guitars?
4. "Hotter Than Hell" (Stanley) – 3:36 Vuelve Paul Stanley a punto para ligar en su inconfundible estilo con una casada “más caliente que el Infierno”. A estas alturas es tan imposible no conocer este tema como haber conseguido escapar a los incontables recopilatorios y directos del grupo, pero aún así bien que se merece volver a aparecer aquí:
5. "Let Me Go, Rock 'N Roll" (Stanley, Simmons) – 3:17 Otro tema habitual de su repertorio en directo y de sus recopilatorios es este potente y afilado rock’n roll que no necesita más presentación:
6. "All The Way" (Simmons) – 3:17 Volvemos a tener riffs para el recuerdo en el relato de las continuas quejas de la novia de Gene, y con eso nos metemos en una segunda cara del disco, quizás menos conocida, pero de exquisita factura.
7. "Watchin' You" (Simmons) – 3:45 Otro impresionante trabajo de guitarra y atronadora sección rítmica acompañan a “Watchin You”, uno de los cortes más potentes y conseguidos de estos primeros años de la máquina neoyorkina.
8. "Mainline" (Stanley) – 3:54 Y llega el turno de que por fin el batería Peter Criss se luzca a las voces, cómo no, con unas de las más bonitas melodías del trabajo, apoyadas en un fresco y dinámico rock’n roll marca de la casa.
9. "Comin' Home" (Stanley, Frehley) – 3:44 Para no perder el momento, “Comin’ Home” acentúa la belleza a base de la nostalgia de Stanley por regresar a su amada (y por supuesto, siendo KISS, a sus encuentros sexuales), con un estribillo que devuelve la magia y la tranquilidad que le faltaba al disco para acabar de resultar la equilibrada e intachable pieza maestra que es.
10. "Strange Ways" (Frehley) – 3:21 Y el contundente cierre que saca brillo al trabajo viene de la mano (y la guitarra) de A.Frehley, que nos vuelve a dejar un mastodóntico riff a medio tiempo y el que posiblemente es el solo más alucinante del disco. Temazo para el recuerdo. Y van diez. No hace falta más.
Todo un clásico, aunque cada vez parezca más lejano. Sí, quizás por ese nombre tan “poco serio”, quizás por aquella actitud tan “de otra época”, puede que por esa fingida madurez global que parece querer obligarnos a olvidar nuestro pasado, lo que nos hacía pasarlo bien, los 80s más nuestros. Pero desde hace años parece que a Loquillo se le considera desde el gran público -y a pesar de la enorme salud con la que sigue su carrera- patrón sólo de fans atemporales o nostálgicos que poco han aprendido de música en todo este tiempo. De repente, parece que los 80s eran territorio sólo para bandas americanas y, localmente, para aquella tan exageradamente reivindicada “movida” emparentada, sólo emparentada, con la banda que nos ocupa.
Aún así, poco nos debe costar recordar que la generación de los últimos 70s que trajo con fuerza el rock’n roll a España tuvo continuidad a lo largo de la década siguiente también en lo popular (abriéndose hueco a medio camino de esa mencionada fiebre más popera de los medios y la gran generación puramente heavy/hardrockera de Barón Rojo, Obús y demás), encarnándose en la figura del barcelonés José María Sanz Beltrán, rock’n roll personificado en un señorial galán macarra de barrio bajo con toneladas de actitud chulesca. Y en uno de los personajes de la década, sin duda. No en vano consiguió con sus Trogloditas dar el golpe ya desde el debut con el grupo en aquel “El Ritmo Del Garaje” (1983) -que se recuerda a continuación- y consolidarse en el éxito masivo en España y Latinoamérica desde este “Mis Problemas Con Las Mujeres” hasta el alba de los 90s.
Es indudable, entonces, que “Mis Problemas Con Las Mujeres” es uno de los mayores clásicos de nuestro rock (a secas), y que supuso un enorme salto en la carrera de “El Loco” y sus Trogloditas, revistiendo de clásica elegancia (desde esa portada que es toda una declaración de intenciones), variedad y gusto por lo más añejo de esta música al juvenil y gamberro estilo anterior que, cómo no, seguía de espíritu presente y como seña de identidad. Sólo así se pudo abordar el jazz, el swing, el blues, el folk o la música latina desde su inicial rock n roll de espíritu punk y rockabilly inspirado en los Beach Boys o The Clash.
De hecho, aún conservando el desenfado punk, si hay una influencia rockera que parece sumarse para este disco, y no sólo por el curioso homenaje que se le dedica, esa es la de Elvis. A pesar, claro, de que difícilmente se puede encontrar un guión claro para un trabajo tan ecléctico y diverso como éste y que se debe, sobre todo, al momento tan inspirado como confuso del principal compositor de los Trogloditas, Sabino Méndez, que para entonces ya empezaba a chocar con el grupo y hacer evidentes esos problemas con las drogas que, dicen, lo llevaron a su separación de la banda pocos años después, cerrando la mencionada etapa de gloria de Loquillo y Trogloditas.
Con un planteamiento tan amplio, se hace más obligado que nunca un repaso a los cortes del disco uno por uno. Aquí va:
01-Mis Problemas Con Las Mujeres Swing, jazz, bonitos arreglos de viento y cuerda, casi un homenaje a la primera mitad del siglo XX. Para empezar un disco de alguien que se hizo famoso rockeando con estribillos como “Yo para ser feliz quiero un camión” o “Yo tengo una banda de rock n roll”, es todo una apuesta. Lo del homenaje “retro”, para quien lo dude, queda aquí más que claro:
02-El Molino Pero bien, esto es un disco de Loquillo, así que no tarda en aparecer el rock n roll más directo, y con un sonido más potente que de costumbre, arropado en la que puede ser la mejor producción de sus tiempos clásicos. Dinámico, con gancho, potente, divertido, y con una de esas letras costumbristas de la más baja clase social tan suyas y que dominan todo el álbum. Para qué más.
03-Brisa De Abril Nos relajamos de nuevo en esta buscada alternancia de tempo y registro, antes de entrar en la parte más potente del disco.
04-Ya No Puedo Bailar Lo dicho, de nuevo un giro al rock más crudo. Y de qué manera. Divertido, sí, pero gamberro de una manera incluso poco habitual en su carrera, que raya con las letras en una especie de "gore" algo infantil pero efectivo cara al público, dejando al trabajo en su punto más duro antes de atacar con ese clásico definitivo que es “La mataré”.
05-La Mataré Tomando el relevo de forma continuista desde “Ya no puedo bailar”, el rock afilado, potente y de tempo alto (ojo a ese riff cercano al heavy metal) sigue en liza fundiéndose ahora con algunos retazos... ¡de rumba! El resultado: el tema más personal, coreable y pegajoso del disco (y puede que de toda su discografía). Punto y a parte merece la polémica de la letra, que nos lleva hasta un amor/desamor “hasta la muerte” muy al estilo “quinqui” y barriobajero que, según el propio Loquillo, no debería entenderse como un alegato al maltrato de las mujeres, pero que, tal y como están las cosas de mal con esta tragedia, llegó a dejar fuera de su repertorio durante mucho tiempo por temor a malos entendidos y hasta hace pocas fechas. Sabiendo que en muchos lugares se le conoce, principalmente, por este tema, debió cambiar de idea, así que olvidando la polémica por un rato, recordemos “La mataré”:
06-Los Mejores Años De Nuestra Vida Volvamos a lo más tranquilo. Tan sencillo como efectivo (todo un resumen para su planteamiento) y en un registro tan diferente esta vez (retomando parte de los aires “retro” del primer corte), el tema más emotivo del disco.
07-Siempre Libre ¿Queremos más cambios? Pues qué mejor que ir a buscar el aire punk que tanto había explotado en discos anteriores. Nos vamos de rock n roll para otro de sus temas más conocidos.
08-Coleccionistas Y más. Con “Coleccionistas” entramos en la parte más “experimental” del disco. Tanto, de hecho, que ésta y la siguiente son seguramente las canciones que más utilizan como argumento los que acusan a “Mis Problemas Con Las Mujeres” de tropezar en ese exceso de variedad y de temas. ¿Sin ellos sería más homogéneo y constante? Seguro, pero también nos perderíamos un par de temas divertidos que tocan el folk, el rock n roll acústico e incluso lo latino.
09-Cançó De Pagès Lo dicho. Pero ahora en un tema firmado por F. Pi de la Serra y cantado en catalán. La letra, tan cómica como atrevida, y el resultado, curioso, pero indiscutiblemente divertido para un directo. La prueba:
10-Piratas En un registro parecido pero en un tema más masivamente aceptado por sus seguidores, “Piratas” sigue repartiendo tranquila diversión, en este caso con un bonito aire nostálgico.
11-El Fantasma De Elvis Si este no es homenaje más cachondo que se le haya hecho a Elvis debe faltar poco para ello. Rock n roll clásico y retro, cómo no, que liga con ese antiguo sonido que va salpicando al disco para un tema que parece comenzar como una revisión del mítico “Return To Sender” del Rey y acaba por ser un fenomenal y autónomo tema que, sin embargo, bien podría (con otra letra, claro) haber sido cantando por Elvis en uno de sus éxitos.
12-Las Mil Y Una Noches Rock de gusto funk para ir completando registros.
13-Algún Día Moriremos Y un final quieto y nostálgico que presta su melodía para silbar todavía un buen rato más mientras el disco permanece en la mente.
Empezar diciendo que ha sido 6 veces platino en los USA y 4 en Canadá podría ser una buena manera de llamar la atención sobre este clásico. Pero para ser justos, "Stranger In Town" no debería necesitar más presentación que el simple nombre de su autor: Bob Seger. Ese tipo que ha vendido más de 50 millones de copias de su música, que ha triunfado con hasta 7 discos multiplatino, ha sido reconocido como influencia por notorias bandas contemporáneas y posteriores, versionado por gente como Thin Lizzy o Metallica, que cuenta en su repertorio con algunas de las más recordadas piezas de la música popular y que lleva 40 años en el mundo del rock. No debería. Pero como el tiempo parece pasar demasiado deprisa como para poder recordar ciertos nombres, empecemos por recordarlo -al Sr. Seger y a éste "Stranger In Town"- con un single de difícil olvido.
Hecho el ejercicio de memoria con uno de los clips más famosos que se hayan grabado, pongámonos en situación. En 1978, Bob Seger se encontraba en pleno ascenso popular gracias al éxito reciente de su álbum "Night Moves", que por primera vez en una carrera que se remontaba hasta 1966 había dado todo un Top 10 en las listas de discos y varios singles de éxito. Con esto, la apuesta por la Silver Bullet Band que había montado a mediados de los 70's para que lo acompañara de manera estable había quedado más que consolidada y el siguiente paso sólo podía ir hacia el mayor empaque de un grupo rockero que llenara el hueco de las grandes bandas de principios de década. Así las cosas, y aún manteniendo por un lado sus influencias en el rock'n roll más primigenio de Little Richard, Elvis Presley o Van Morrison y por otro el gusto por la canción más comprometida y baladera de su faceta de cantautor, "Stranger In Town" preparaba un asalto al rock pesado y el "up tempo" que acabaría de dar el punto extra de variedad que necesitaba su discografía.
En este sentido, la sucesión de singles que presentó al álbum es todo un ejemplo: "Still The Same" ahondaba primero en el medio tiempo melódico que lo había caracterizado popularmente y daba continuidad al éxito alcanzado con "Night Moves" con un sensacional número 4 en las listas, "Hollywood Nights" sorprendía siendo un segundo sencillo acelerado y de peso rockero, "We've Got Tonight" pasaba a la balada como tercer single, y por último "Old Times Rock'n Roll" machacaba a ritmo de himno para estirar el éxito hasta el punto de relanzarse todavía en 1983 con su aparición en aquella "Risky Business" que protagonizaba Tom Cruise y que dejó el celebre gag del baile en ropa interior que hemos visto.
Toda una lección de buen hacer que sólo se hace posible con un track list tan variado y sugerente como el que tuvo, escrito por completo por Bob Seger excepto en los casos mencionados:
1. "Hollywood Nights" – 4:59 2. "Still the Same" – 3:18 3. "Old Time Rock and Roll" (George Jackson, Thomas Jones, Bob Seger)– 3:14 4. "Till It Shines" – 3:50 5. "Feel Like a Number" – 3:42 6. "Ain't Got No Money" (Frankie Miller) – 4:11 7. "We've Got Tonight" – 4:38 8. "Brave Strangers" – 6:20 9. "The Famous Final Scene" – 5:09
Directos y veloces puñetazos rockeros como el citado de la apertura o el casi heavy "Feel Like A Number", medios tiempos de tan altos vuelos melódicos como esa preciosa "Till It Shines" que nos recuerda que Thin Lizzy tuvieron en Seger un buen maestro en el que fijarse, y baladas de enorme grandilocuencia, todo en sólo 9 temas y un conjunto lo suficientemente breve (otra lección que nos deja) para dejarnos con ganas de más.
No hacen falta mayores adornos si se domina esto de la música (en todos sus aspectos, incluyendo el comercial) de la manera en que queda demostrado, así que sólo queda recalcar lo dicho. Sencillamente magistral.
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