martes, 6 de enero de 2009

1982 - Twisted Sister - Under The Blade

"Vestir como mujeres, hablar como hombres y tocar como hijos de puta". Aunque suene rudo y cargado de prejuicios (disculpas), pocas maneras hay mejores que el autoproclamado lema de Twisted Sister para describir el espíritu de esta banda.
Heavy rock sin artificios, desnudo de arreglos, sin exhibiciones ni pretenciosas grandilocuencias. No necesitaban más complejidades, tenían muy claro lo que querían hacer y lo hacían poniendo todos los kilos de actitud, rock duro y fiesta que cupieran en un disco.

Si hubiera que buscar comparaciones, habría que alinearlos junto a KISS –siempre citados en el caso de Twisted Sister-, Judas Priest, AC/DC, Quiet Riot y demás bandas que, de uno u otro signo, pusieron por encima el pegar directo y a la cara que el deleitarse con rodeos y matices, pero si este tipo de rock duro pudiera ser una influencia evidente, también lo pudo ser, y de antemano, la fiesta de –por citar algunos- unos Slade, no en vano habían comenzado en el boom del glam rock setentero para ir adquiriendo bagaje en el hard rock y el heavy.

Sí, la llegada de Twisted Sister no fue cosa de un día, y de hecho, para cuando “Under The Blade” salía al mercado, ya suponía todo un premio al trabajo de diez años poniendo convicción en su música.
Se habían formado ni más ni menos que en 1972 a partir de la apuesta original de J.J. French, un habitual de la escena glam de Nueva York de los primeros 70s que había compartido local con los primeros pasos de lo que luego sería KISS. Mucho trabajo después y para 1976, con el colofón de la entrada del vocalista Dee Snider, la banda ya tenía –a pesar de no tener todavía una formación estable- forma y maneras de bestia para el directo.

Los primeros singles -"I'll never grow up (now)" y "Bad boys of rock and roll", dos utilizadas luego en el LP debut- daban buena cuenta de ello, enarbolando dos himnos de los que es imposible no corear entre el público.
Para su grabación habían utilizado los mismos Electric Lady Studios que usarían en la época KISS, pero la distribución no había podido ser, ni de lejos, la misma: hasta dos años más tarde la independiente Secret no les dió la confianza, primero para un EP y, por fín en 1972, para que grabaran "Under the blade" con un Pete Way como productor que, si bien era ya estrella al bajo de los UFO, recibía con este disco su primer encargo –y bien que se notó- como productor.

Nada de arreglos y unas guitarras que en la mayoría de ocasiones pasan por ser una sola, pero ese sonido sucio y directo bastó para realzar toda una colección de riffs sencillos pero tan efectivos como memorables, base para un listado de himnos cargados de actitud y nacidos para gritar en vivo, propios de un momento en que la idea de “heavy metal” no necesitaba estar reñida con el gancho o con los medios para hacer hueco a su identidad.

Estos fueron:

1. "What You Don't Know (Sure Can Hurt You)" 4:45
Primer trallazo con una entrada histórica pensada para trasladarla a la apertura de un show: estudio y directo no eran dos cosas diferentes para estos tipos.

2. "Bad Boys (Of Rock 'n' Roll)" 3:20
El single pretérito se hace notar con una mayor dosis de rock festivo y coreable de la vieja escuela. Impagable el estribillo.

3. "Run for Your Life" 3:28
Y vamos a por el heavy metal, primero "Run For Your Life"...

4. "Sin After Sin" 3:23
Y luego un "Sin After Sin" que no sólo por el título recuerda a unos Judas Priest.

5. "Shoot 'Em Down" 3:53
Sin respiro, más temas directos...

6. "Destroyer" 4:16
...para llegar a un punto diferencial con "Destroyer", un pesadísimo medio tiempo que rememora el ambiente oscuro de aquel "God Of Thunder" de KISS.

7. "Under the Blade" 4:40
Para el tema del título, volvemos al heavy metal rocoso y afilado. Aquí lo tenemos en directo, la mejor manera de disfrutarlo:


8. "Tear It Loose" 3:08
Otro himno más breve pero efectivo. A vista de la efectividad de todos los cortes, se notó que el disco llevaba preparándose mucho tiempo, y viendo los geniales "You Can't Stop Rock N Roll" y "Stay Hungry" que lo seguirían en uno y dos años respectivamente, que los Sisterz eran una máquina de crear himnos.

9. "I'll Never Grow Up, Now!" 4:09
Y otro guiño al pasado que recuerda el sonido glam rock de los 70s. Como en "Bad Boys Of Rock N Roll", otro estribillo para recordar.

10. "Day of the Rocker" 5:03
Para el final, un nuevo medio tiempo de estribillo sencillo e hímnico repleto de convicción, de los que resuena en los estadios. ¿Qué mejor manera de cerrar?

lunes, 5 de enero de 2009

2002 - UFO - Sharks

Diez medios tiempos sólidos y densos unidos en un irrompible y homogéneo conjunto de puro hard rock. Sin más bailes de registros, sin concesión a la balada ni al arranque más afilado.
No es algo que asegure la aceptación masiva ni, sobre todo, el gancho inmediato; y tal y como se ha acabado por consolidar el acceso a la música en esta década, la inmediatez es lo único que asegura que alguien se acuerde en breve de un disco si ha podido escuchar tantos como le apetezca en el mismo día. Puede que fuera esto lo que hizo que “Sharks”, ni más ni menos que el disco que cerró la última etapa de M.Schenker con los UFO, pasara sin pena ni gloria en lo mediático.

Tal y como estaba la cosa, esto tenía que acelerar la partida definitiva del guitarrista alemán, que ya había abandonado tras la reunificación de la alineación clásica que supuso “Walk On Water”, pero finalmente había vuelto al redil para grabar el siguiente “Covenant” y, entre rumores, aguantar hasta este “Sharks”. De hecho y por esto, podría decirse que éste fue el único disco para el que hubo un tiempo de continuidad en el trabajo de los principales compositores de UFO, dado que los dos discos anteriores fueron más deudores del acontecimiento de la reunión, con toda la parafernalia que esto conlleva, resultando “Walk On Water” más que satisfactorio para estas expectativas de crítica y seguidores y “Covenant”, para muchos, más irregular quizá por pretencioso. Por una cosa –por la (mínima, pero al fin y al cabo alguna) solidez de formación que se pudo conseguir, ya no preocupada por celebrar reuniones- o por otra –por corregir el rumbo que algunos no aceptaron en “Covenant”-, “Sharks” acabó siendo el álbum más homogéneo, personal y con entidad propia en años, y si el tiempo acaba por recuperar lo que no pudo llamar la atención de principio –explicadas las razones, es evidente que es un disco que se disfruta con el tiempo y escuchas necesarios para adentrarse en su bloque cerrado- puede que (junto a “Walk On Water”) de lo mejor de UFO desde sus clásicos de los 70s.

Por lo menos, debió dejar satisfechos de sus posibilidades a Mogg, Way y compañía, cuando tras la tan inevitable como cantada salida de Schenker se apresuraron a buscar un reemplazo –y no esperar a los eternos cambios de viento del ex Scorpions- en la persona de Vinnie Moore y seguir un trabajo continuado en estudio que, por fin de una manera estable, sigue produciendo material regularmente. No es de extrañar teniendo en cuenta que, por ejemplo P. Mogg, había conseguido grabar en “Sharks” el que puede ser uno de sus trabajos más espectaculares a las voces, luciendo lo más aguerrido y profundo de su voz rockera.

Para colmo, en medio de la pared sónica del disco quedaron algunos cortes que marcan la diferencia con un toque de aquella magia que impregnó décadas atrás los mejores momentos de UFO: “Serenity” (un mastodonte con gusto a viejo clásico del hard rock de los 70s) o “Fighting Man” (uno de los cortes más dinámicos e inmediatos) siguen esperando su turno para que la justicia los coloque al lado de los imprescindibles de su repertorio.
Mientras esto siga así, quizá haya que considerar a “Sharks” uno de esos discos malditos a ir reivindicando. Llegados al punto de repasar lo mejor de la década, puede que un futuro clásico.

domingo, 4 de enero de 2009

2005 - T.Iommi With G.Hughes- Fused

Toda una vida dedicado por completo a Black Sabbath hasta que empezó la década, y eso es todo un récord de longevidad hablando de un veterano como T.Iommi.
Sí, lo cierto es que el que es probablemente uno de los guitarristas más influyentes de la historia del rock duro (y del rock en general) ya había intentado publicar bajo su propio nombre cuando su banda estuvo casi deshecha, pero siempre acabó aceptando su trabajo como un sinónimo de ella.

Que Ozzy se quedara con los derechos del viejo nombre y con su vuelta (la de la formación original) aparcara -por lo menos en el estudio- la actividad del grupo, pudo ser el detonante que necesitaba Tony para seguir explorando su propio camino.
El caso es que ya, y por fin, en 2000 T.Iommi probaba suerte como simplemente “IOMMI” en un disco de colaboraciones con notables estrellas de las escena rock, y poco tiempo después se decidía –algo tuvo que decirle que era “su momento”- a recuperar el viejo material que en 1996 había grabado con Glenn Hughes y que nunca había visto la luz oficialmente.

La buena acogida de este trabajo fue el germen de, ahora sí, un álbum preparado a conciencia y desde el principio para la ocasión: Tony Iommi y Glenn Hughes presentaron una de las obras más destacadas de estos años, “Fused”. Como mínimo, el disco recuperó las esperanzas de los que daban por perdida la posibilidad de volver a escuchar más discos “grandes” de “Black Sabbath” (entendamos, de su característico sonido guitarrero) y establecía otra cima en la carrera de estos dos grandes veteranos del rock. Si algo pudo quedar de esto como poco positivo fue el que no se llegara a confirmar una intención de que el proyecto viviera a más largo plazo. Eso sí, con Iommi lanzado, no hemos tenido que esperar mucho para ver como –algunos directos con los Black Sabbath de Ozzy mediante- comenzaba otra nueva esperanza llamada Heaven And Hell.

Pero más allá de lo atractivo del posterior camino con Dio y compañía, “Fused” hizo méritos para requerir atención por sí solo. Grabado con T.Iommi a la guitarra, G.Hughes (y con ésta ya son muchas las veces que el guitarrista de Birminghan ha recurrido a la “Voz del Rock”) a las voces y el bajo, y el músico de sesión K. Aronoff (habitual de grabaciones con Elton John o Bob Seger) a la batería; y producido por Bob Marlette (que también añade teclados y bajo a algunos cortes) en los Monnow Valley Studios de Gales, el disco destacó enormemente por exhibir el que ya muchos consideran como el más afortunado despliegue de riffs -y trabajo de guitarra en general- que haya hecho esta estrella desde hace décadas.

El sonido claro, denso y potente que permite apreciar todo con perfecta nitidez, y el añadido que supone la espectacular voz rockera de Hughes realzaron además un álbum que dio algunos temas –“Dopamine” o la mastodóntica “I Go Insane”, destacando algunos- para la más alta lista de himnos de la década.
¿Futuro clásico? Seguro, si no lo es ya.

jueves, 1 de enero de 2009

1982 - Riot - Restless Breed

Si el nombre de Riot ya pasa por ser el de una de las formaciones más infravaloradas de la historia del metal (no hay duda de su influyente papel de pioneros en el metal clásico americano desde los últimos 70s, a veces comparado incluso con el que desempeñaron los mismísimos Judas Priest en Europa, pero sin embargo nunca han gozado de gran éxito o nombre a nivel popular), el de “Restless Breed” es además el de uno de sus trabajos más desconocidos, encuadrado en una época de transición entre los primeros y respetados discos, encabezados por la voz de Guy Speranza, que culminaron con “Fire Down Under” –prodigio de metal afilado para la época- y el resurgimiento de ese metal más poderoso que abanderó “Thundersteel” con la entrada de Tony Moore como cantante.

En medio, “Restless Breed” –y el siguiente “Born In America”-, apostaban por un heavy rock de corte aguerrido y rockero muy deudor de los Judas Priest de “Hell Bent For Leather” (especialmente) y “British Steel”, realzando este aspecto por las voces del nuevo y poco longevo en la banda Rhett Forrester, que con su interpretación dura y rasgada se acercaba al glorioso Rob Halford de aquella época.
Quizá fuera precisamente ese carácter menos “innovador” lo que se pudo echar en falta tras unos comienzos tan prometedores, o sencillamente –y más probablemente- la explosión de nuevos grupos americanos de los primeros 80s tapó –como por el contrario no llegó a hacer la NWOBHM con los Priest- parte del cartel de sus maestros.

Pero a pesar de todo, ahí quedaron “Hard Lovin’ Man” o “Loanshark” –dos soberbios trallazos que no sólo encajarían a la perfección en el citado “Hell Bent For Leather”, sino que resultarían también allí otros dos temas estrella-, junto a un bonito conjunto de temas en el que hay espacio para el aire distinto de la versión de los Animals “When I Was Young” o el clásico tema del título, en el que se deja ver a la vez el gusto por los Black Sabbath de R.J. Dio.
Que sirva este tema entonces como recuerdo de una época que mereció más suerte, y de un vocalista que también acumuló méritos sin conseguir relevancia, al que por la locura de la violencia ya hace años perdimos para siempre.

martes, 30 de diciembre de 2008

2000 - Joe Lynn Turner - Holy Man

Por mucho que hayan pasado unos treinta años desde que entrara a la fama por la puerta grande (la que le abrió Rainbow tras unos prometedores comienzos en Fandango) se puede decir a día de hoy y sin temor a equivocarse que Joe Lynn Turner ha sido uno de los grandes personajes de la primera década década del siglo.

Repasando méritos, en esta década ha afianzado regularmente su carrera en solitario (lanzando tantos discos como en todo el periodo anterior desde que la comenzara a mediados de los 80s), ha puesto voces a una emergente banda como Brazen Abbot y ha protagonizado algunos de los proyectos más llamativos de estos años para los seguidores del hard y heavy rock más clásico: el Hughes-Turner Project con otro gigante del rock, Glenn Hughes, que ha dado ya dos álbums de estudio y un directo, Sunstorm con dos figuras actuales como Jim Peterick y Dennis Ward, y la ópera rock Nostradamus de Nikolo Kotzev.

Firmar al menos media docena de los no demasiados trabajos más que seguro la parte del público dada a al sonido más añejo de estos géneros consideraría lo mejor de estos diez años (nueve, todavía) no es poco. Y tal grado de actividad en una figura del rock que se acerca ya a los 60 no es, desafortunadamente, muy habitual. Todo ello, claro, añadiendo la calidad con que sigue desempeñando su tarea tanto como vocalista como en su papel de compositor, para nada a la sombra de cualquier otro momento anterior.


“Holy Man” fue su punto de partida de la década y todo un acierto para hacer girar hacia su música a esos nostálgicos de los viejos Rainbow –cómo no, pero también de Deep Purple y demás leyendas de la época- que habían acumulado ganas durante demasiado tiempo. Sin duda el inicio de década fue un momento propicio para este tipo de “revivals”, y desde entonces hemos asistido a reuniones de veteranos de todo tipo, regrabaciones y celebraciones varias de obras pretéritas y resurgimientos sorprendentes con nuevos grupos de géneros que parecían olvidados. Lo de JLT, eso sí, no pareció teñirse de maniobra de marketing, sino que sencillamente ha ido respondiendo de ahí en adelante a una coherencia y buen hacer del que conoce a la perfección un estilo y tiene ganas de demostrar su convicción.

La regularidad que ha demostrado estos años lo confirma, como igualmente este tiempo también se ha encargado de ir colocando a “Holy Man” como el disco preferido del Sr. Turner para muchos de sus seguidores, además de uno de los más completos –del heavy acelerado a las baladas pasando por medios tiempos abiertos a otras influencias, todo tratado con exquisito gusto melódico-, afortunados y repleto del sabor de siempre para el que ha sabido hallarlo sin necesidad de más publicidad que la buena reputación de su nombre. Para el futuro, un clásico.