miércoles, 3 de septiembre de 2008

1996 - Morgana Lefay - Maleficium


Que el heavy más clásico se vino abajo como estilo masivo con la década de los 90s es un hecho.
Pero también lo es el que algunas bandas rescataron parte de esa esencia clásica para lanzarse en carreras alejadas de lo imperante en el panorama del Metal en esos nuevos tiempos.
El gusto que algunas formaciones rescataron por aquel primer power metal que en los 80s dio la visión más cruda del metal tradicional, aquel que fue una parte importante de la generación que muchos llaman la “US Metal” y que puso la respuesta paralela a la británica NWOBHM, llevó a que esos contados grupos se identificaran popularmente y con el avance de los años en la década como los paladines de un mercado que todavía tenía sus fieles. Iced Earth es posiblemente el caso más claro desde los USA.

Que en Europa hubo mayor predilección si cabe que en los USA por rescatar elementos clásicos es también claro, pero el heavy metal tradicional que se pudo tomar como base se adaptó hacia terrenos más melódicos y se masificó en la herencia de la generación alemana de los últimos 80s, dando lugar a algo que con brillantes excepciones se acabó por saturar en propuestas demasiado parecidas y muchas veces faltas de contenido y que, sin embargo, se ha dado en llamar también “power metal”, pareciendo en los últimos tiempos que es éste es precisamente el uso del término que impera.
Sea como sea, más allá de estos vacíos debates sobre etiquetas y aceptando estas dos ramas del estilo, en Europa también nos hemos encontrado con casos separados de lo general y que han llevado el estandarte del “primer” power metal, el “power metal americano”, o como le queramos llamar. Los suecos Morgana Lefay son un ejemplo destacado.

Principalmente del “US Metal” –muy especialmente de grupos como Savatage y Jag Panzer-, también de la NWOBHM, pero en cualquier caso siempre con la base del heavy metal más tradicional de los ochentas, con el añadido de un tratamiento excepcionalmente crudo y más puntualmente oscuro, y para acabarlo de formar con cierto gusto en las guitarras por el crujiente thrash metal de unos Overkill o, sobre todo, de los primeros Metallica: esto podría ser una definición de la propuesta de estos nórdicos.
Como mínimo, más que llamativo para los que desde entonces echan de menos el metal pura y duramente ochentero, así que puede merecer la pena repasar un poco la carrera de Morgana Lefay.

Formados en 1986 como “Damage”, tras los siempre iniciáticos cambios de formación consiguieron lanzarse definitivamente al mercado en 1990, ya con su nombre más conocido y con disco debut.
Desde entonces ha habido dos hombres que han dirigido siempre este proyecto y puesto su seña a toda creación, el guitarrista Tony Eriksson y el vocalista Charles Rytkonen. Precisamente Rytkonen ha sido desde el principio el factor más llamativo de Morgana Lefay de cara al público, dado su parecido timbre en los tonos más agresivos y similar estilo con el clásico vocalista de Savatage Jon Oliva.
De la misma manera, en sus primeros años siempre fueron comparados con este ya casi legendario grupo norteamericano, siendo además habituales las opiniones que les añadían la influencia también de los citados Metallica, e incluso de Pantera. El caso es que, desde unos planteamientos que, sí, podían ser bastante deudores de los momentos más agresivos de los Savatage de un “Hall Of The Mountain King” fueron construyendo un estilo más personal pero siempre de mucha presencia añeja y aguerrida, de la misma manera que el mismo Rytkonen fue creciendo como vocalista añadiendo registros a su interpretación hasta convertirse en el que hoy puede ser, a pesar de no tener el status de estrella de muchos otros y como demuestra en sus discos actuales (más incluso que en estos clásicos), una de las mejores voces del panorama metalero.

Tras una primera carrera que dejó discos más que interesantes como “Knowing Just As I” o “The Secret Doctrine”, e himnos de la talla de “Rooms Of Sleep” o “To Isengard”, “Maleficium” fue su quinto disco de estudio y presentó a un grupo más que asentado en una propuesta difícil, más dura, más densa.
Mientras repasamos alguno de esos primeros clásicos para ponernos en situación comencemos a hablar del disco.
Rooms Of Sleep (Secret Doctrine)


Para empezar, “Maleficium” fue su disco más largo hasta la fecha –trece temas no precisamente cortos más un bonus track que aparece en la mayoría de ediciones-, y ahondó en su carácter pesado y difícil con un extra de trabajo en varios frentes: se potenció el ambiente oscuro, las composiciones más complejas de mucho peso guitarrero y se optó por una unidad conceptual en las letras, dando pie a un álbum que es todo un monográfico sobre la Inquisición visto a través de una historia ficticia.

Con la fuerza que da a estos planteamientos una producción cruda y sencilla, podría decirse que ochentera (de hecho era probablemente su disco más potente hasta la publicación de su último “Aberrations Of The Mind”, trabajo sin embargo de otro carácter más limpio y menos añejo), el resultado fue más que conseguido, si bien es necesario advertir que no es para nada de fácil acceso a la primera escucha, al menos para oyentes que no estén acostumbrados a las producciones de los grupos más pesados y rudos de esa US Metal o de la NWOBHM.
Aún así, y si bien el grupo nunca ha conseguido un triunfo comercial de primera línea, el disco obtuvo el reconocimiento de la crítica especializada y ayudó a consolidar el nombre de Morgana Lefay como uno de los grandes “ilustres desconocidos” (tan habitual es encontrar bandas con una base de seguidores relativamente pequeña pero que los consideran enormemente y que siempre son bien tratadas por la crítica) que pueblan el mundo del Metal. Además, consiguió un notorio éxito con la gira del álbum en la que partían como cabezas de cartel (en la del disco anterior, por ejemplo, habían acompañado a Gamma Ray como teloneros), acompañados por Solitude Aeturnus –que presentaban entonces su “Downfall” y convirtieron el tour en un gran mano a mano entre dos respetadas bandas en crecimiento (qué extraña curiosidad que tras esto las dos bandas tuvieran un desafortunado parón que quizá las haya apartado de tener un status más grande)- y unos entonces primerizos Brainstorm.

Presentado convenientemente, repasemos los temas:

1. The Chamber of Confession
Para abrir, una intro tétrica de sonido tan primario que nos mete en el ambiente de los discos más oscuros de cualquiera de aquellas perdidas bandas de culto del metal de los 80s.

2. The Source of Pain
Y el primer trallazo que se nos viene encima. Duro, nada fácil, poderoso aunque no especialmente rápido, oscuro, denso y muy personal. Empieza la espesa mole sonora de rudo pero clásico metal de la vieja escuela que acompaña a casi todo el disco.

3. Victim of the Inquisition
Y ahora sí nos metemos de lleno en esos medios tiempos difíciles y oscuros tan característicos de Morgana Lefay.

4. Madness
Para seguir con otro igualmente “malvado”, con una parte central que cambia de manera brillante.

5. A Final Farewell
Un pequeño respiro para embellecer el conjunto con un tema lento que fácilmente puede relacionarse con este mismo tipo de temas de unos Iced Earth.

6. Maleficium
Y vuelta a lo rocoso con el medio tiempo que da nombre al disco. Fue el único tema del que se grabó un video clip, y es el que sigue:


7. It
Una intro para abrir “Master Of Masquerade”.

8. Master of the Masquerade
Y con ésta se inicia la parte más dinámica del disco después de una primera mitad más pesada, ya que a partir de aquí se pueden encontrar más referencias al thrash clásico y algunas melodías más “optimistas”, aunque siempre aguerridas.

9. Witches Garden
Uno de los temas más “llegadores” del disco, en el sentido que ya anunciaba la anterior.

10. Dragons Lair
Y más afilado sonido en la misma escuela sin perder nunca de vista el heavy metal más clásico.

11. The Devil In Me
El momento para el contrapunto en esta segunda mitad con un corte a medio tiempo que intenta plasmar maldad y desconcierto.

12. Where Fallen Angels Rule
Y vuelta a lo más arrollador y directo, esta vez con un estribillo más en la línea del power metal más “standard” (si bien llamativo y pegadizo), a diferencia de la mayoria de más cortantes y duros anteriores.

13. Creatures of the Hierarchy
Para el final, cierre con una bonita outro de guitarra acústica.
A los que dieron por enterrado al metal tradicional en los 90s, aquí tienen un buen clavo al que agarrarse.

domingo, 31 de agosto de 2008

1992 - W.A.S.P. - The Crimson Idol

Fiesta y desenfreno, estribillos y coros ultra-pegadizos, puestas en escena orgiásticas, letras explícitas y provocadoras, actitud macarra... todo eso y mucho más es lo que había representado W.A.S.P. desde que iniciara su fulgurante carrera en los primeros 80s.
Y sin embargo, en el momento en que Blackie Lawless –principal “mastermind” del asunto- se quedó sólo, optó por abordar el proyecto más serio y trabajado, o –en una palabra- maduro de su trayectoria.
No nos engañemos, las señas de identidad de W.A.S.P. siguieron intactas, y la evolución con su disco anterior, “Headless Children” (que ya asume un estilo más comedido y puramente heavy metal que esos maravillos trallazos de heavy rock para sacudir la cabeza que son sus primeros discos) también resulta de lo más coherente, por lo que cabe pensar que el terreno se venía preparando de lejos. Pero ante la desbandada de Chris Holmes (hasta entonces el otro gran responsable del grupo), Blackie no se achantó y optó por demostrarle al mundo que él “era” W.A.S.P. y que W.A.S.P. era capaz de lo mejor. ¿Y qué mejor forma de demostrar esas intenciones ambiciosas que con un disco conceptual, puesto que esto siempre ha sido en el mundo del rock y el metal signo de grandilocuencia y enorme trabajo tanto musical como letrístico?

Que Lawless se lo tomó como un proyecto y una reivindicación “personal” (no en vano inicialmente lo encaró como un disco en solitario, aunque la finalmente la “marca” W.A.S.P. se consideró un activo comercial demasiado potente como para ser desechada) lo demuestra el hecho que de lo manejara todo al más mínimo detalle: compuso, arregló y produjo todos los temas, y grabó las voces, el bajo, los teclados y algunas guitarras (incluyendo todas las acústicas, que en el disco son muchas), sólo dando la guitarra líder a Bruce Kulick para que ensalzara su trabajo añadiendo todo tipo de filigranas y solos marca de la casa, y la batería a dos expertos en la materia, que hacen un trabajo espectacular y de primer plano, apabullando con su sonido y dando al disco una marca muy característica con todos esos redobles: F.Banali (viejo conocido y popularmente asociado a Quiet Riot) y S.Howland (hoy conocido por su trabajo con Blackfoot, Impelliteri y Lita Ford).

Para las letras, escogió como historia la vida, miserias y tragedia de una estrella del Rock, un tema ya explorado en estos terrenos (¿alguien ha dicho Pink Floyd?) pero que da al álbum un enfoque de lo más serio y emotivo, por momentos triste y siempre muy bien hecho, que –en esto sí- se aparta de las habituales letras de W.A.S.P. en su primera época. Reflejado en la vida de Jonathan, Lawless repasa el ascenso y caída por el que muchos nombres célebres han pasado en la vida real, y lo consigue en un álbum que puede ser una de mayores expresiones (muchos dirían “la mayor”) del heavy metal clásico norteamericano, así como, también posiblemente, la última gran obra de este género, o como mínimo de su etapa dorada. Repasémoslo:

1. "The Titanic Overture" (Blackie Lawless) – 3:23
Una entrada progresiva en intensidad que anuncia elementos que irán apareciendo en el disco, como corresponde a una obra conceptual de esta magnitud, y que deja las expectativas por todo lo alto a base de redobles de batería y un muy emotivo trabajo vocal.

2. "The Invisible Boy" (Lawless) – 4:04
Primer trallazo heavy metal, en el que se nos explica como la frustación familiar de Jonathan acaba por empujarlo a irse de casa.

3. "Arena of Pleasure" (Lawless) – 4:06
La entrada del protagonista en la gran ciudad y en el mundillo de la música sube un punto en esa característica intensidad W.A.S.P. con otro tema de desbordante sonido, un impresionante riff, fabuloso estribillo y ritmos cabalgados.


4. "Chainsaw Charlie (Murders in the New Morgue)" (Lawless) – 7:36
Y cúlmen de esta primera parte del disco con el que fue primer single, y con otra subida más en intensidad -¿era posible?- y un mastodóntico tema rebosante de energía que arrolla con sus melodías y clava el estribillo en lo que es casi una definición de heavy metal. El éxito ha llegado para Johnathan.

5. "The Gypsy Meets the Boy" (Lawless) – 4:08
Un respiro en la descarga y vuelta a las acústicas que tanto brillo dan a este disco poniendo el contrapunto a lo energético de temas como los anteriores. Mucha emotividad para el relato de tragedia que la gitana adivina en Jonhathan.

6. "Doctor Rockter" (Lawless) – 3:43
Si hay un tema que rescate el sonido de los primeros discos de W.A.S.P. ése es “Doctor Rockter” con su “brutal accesibilidad”. Gancho a raudales, mientras Jonathan descubre las drogas.

7. "I Am One" (Lawless) – 4:27
Aguerrido también, pero en una forma más cercana al punto donde lo dejó “Chainsaw Charlie”, “I Am One” simula sonido directo para presentarnos a Jonathan descargando rabia en su máximo apogeo. No hace falta decirlo: redobles, ritmos cabalgados, estribillo con gancho, solos a rabiar... El tipo en una estrella, y le espera la caída.

8. "The Idol" (Lawless) – 5:20
Entramos en la recta final con un sentido tema que en un registro muy diferente no baja el listón del anterior. Podemos escucharlo a continuación.


9. "Hold on to my Heart" (Lawless) – 4:14
Y pasamos a la balada más clásica para redundar en el derrumbe de la vida de Jonathan. A destacar el trabajo vocal de Lawles, tan capaz de arrollar con esas voces dobladas y agresivas de buena parte del disco, como de conmover con su interpretación en este tema.

10. "The Great Misconceptions of Me" (Lawless) – 9:29
¿Qué podía faltar? Pues el cierre más grandilocuente posible, repasando todos los terrenos tocados, desde la balada a lo más aguerrido, retomando riffs y melodías de los cortes anteriores, y un final con un sentimiento tan mágico como estupendo para recordar. La guinda a un disco tan enorme que sasta a W.A.S.P. le costó reponerse y volver a estar a la altura.
Y sí, puede que sus primeros discos entren más directos a la sesera del oyente, pero es imposible no apreciar esto.

sábado, 30 de agosto de 2008

1981 - Judas Priest - Point Of Entry


“Point Of Entry” es una de las mejores muestras de cómo el tiempo acaba por formar la opinión dominante ante cualquier acontecimiento, y es que si en 1981 la gira del entonces nuevo disco de Judas Priest supuso uno de los mayores acontecimientos metaleros del año y de lo más grande que en este sentido se había hecho nunca hasta entonces, llenando recintos allí por donde pasaba y llevando a teloneros que hoy costaría de reunir bajo la sombra de cualquier otra banda (ni más ni menos que Iron Maiden, Accept y Saxon), hoy por hoy la idea “colectiva” formada sobre ese disco va por terrenos muy diferentes, siendo un habitual en su mención cuando se hace referencia a los puntos más bajos de la trayectoria de los Metal Gods.

¿La razón? Bien, cualquier análisis superficial sobre la situación de este disco ya nos arroja dos factores que pueden tener su parte de importancia en esto.
El primero y el más evidente es el puesto en que ha quedado “Point Of Entry” dentro de la discografía de esta veterana banda británica, encuadrado entre dos de sus más populares discos: “British Steel” y “Screaming For Vengeance”.
Con dos colosos como estos flanqueándolo, el potencial de “Point Of Entry” queda para muchos en entredicho, como un respiro entre puñetazo y puñetazo. Para colmo, existe una continuidad en cuanto a sonido mucho más lógica entre aquellos dos trabajos, sobre todo si observamos la evolución que entre el segundo de ellos hay con el siguiente “Defeders Of The Faith”. El carácter cada vez más rocoso y adentrado en el metal más tradicional de los 80s que ellos mismos ayudaron, y mucho, a definir se explica mucho mejor siguiendo la tríada “British Steel” - “Screaming For Vengeance” – “Defenders Of The Faith”, que incluyendo en medio el olvidado y en parte más hardockero disco de 1981. De esta manera, puede resultar hasta normal que un nuevo metalero no muy atento obvie su existencia.

El segundo factor va por terrenos más alejados de lo estrictamente musical para meterse de lleno en lo comercial: “Point Of Entry” fue el primero de los discos de Judas Priest que no se grabó en UK –se hizo definitivamente en Ibiza- y que se encaró en cuanto a producción y distribución a empezar a explotar la figura de los Priest, ya más que asentada en su país natal y buena parte de Europa, fuera de sus fronteras, especialmente en los USA.
Los impuestos que se pagaban en aquel entonces en Gran Bretaña en esta industria eran demasiado fuertes para un grupo que con su status crecido quería empezar a aprovechar al máximo los nuevos recursos, tanto ampliando los mecanismos en la grabación, como agrandando otros publicitarios como el de los video clips (de este disco se hicieron tres: “Don’t Go”, “Hot Rockin” –un clip que es todo un manifiesto heavy y que se puede ver bajo estas líneas- y “Heading Out To The Headway”), así que posiblemente “Point Of Entry” pagó la novatada consecuente al cambio de costumbres y no acabó de reventar ni en sus viejos terrenos ni en los nuevos.


Además de esto, se pueden notar otras bazas que, quién sabe, pudieron también tener su peso en que el disco no se acabara de consolidar con el tiempo. Por ejemplo, el hecho de que el primer single y carta de presentación fuera “Don’t Go”, un tema hardrockero de buena factura y notable gancho pero de cariz bastante diferente y más accesible que lo que venían haciendo hasta entonces (de hecho es un tema “diferente” hasta dentro del conjunto del disco), pudo despistar a parte de la audiencia más que atraer a la nueva.

El que la portada de la edición europea fuera algo que nadie ha sabido entender y que ni ellos mismos han querido explicar (quizá sencillamente no se refiere a nada) también puede tener su parte de culpa, y aunque este argumento pueda parecer algo trasnochado adquiere mucha más trascendencia si nos acordamos de que se acabó por añadir a la caja original una etiqueta con la foto del grupo y su anagrama para que el público se diera cuenta de que se trataba de ellos y así ayudar en algo a las ventas.

Más allá de todo esto, y de las acertadas o no decisiones que rodearon a la presentación del álbum, lo cierto es que en lo musical no hay demasiadas razones para el desprecio. “Heading Out To The Headway” o, especialmente, “Hot Rockin”, podrían haber formado parte –e incluso haber destacado allí- del anterior y aclamado “British Steel”, “Desert Plains” o “Solar Angels” resultaron algunos de los medios tiempos más grandiosos que habían grabado y tuvieron gran éxito en directo (“Solar Angels” abrió todos los conciertos de esa gira, como se ha comentado, también más que exitosa) y algunas otras como “Turning Circles” o “On The Run” combinaban el sonido acerado y rocoso con un refrescante punto de accesibilidad y variedad, resultado temas de notorio gancho.
En conjunto, sí, resulta un disco de más peso hardrockero que los demás discos grandes de los 80s, pero aunque su nombre sea santo y seña del heavy metal, esta faceta es algo que siempre han mantenido intacta bajo su piel de cuero y tachas.
Y, desde luego, es también digna de atención.

martes, 26 de agosto de 2008

1988 - Bon Jovi - New Jersey


Puede que fuera su imagen, o puede que la suerte. Puede que fuera el carisma de su líder, sus enlacadas melenas, o su facilidad para crear himnos de éxito. Pero lo cierto es que Bon Jovi tenían algo que les hacía quedar siempre “mejor” ante el público que muchas otras bandas de su generación o estilo ya fueran de mayor o menor éxito, y aunque algunas demostraran más condiciones “musicales” que ellos mismos.
Es “algo” que sólo han tenido algunos grupos muy señalados en diversos momentos y estilos. Esa facilidad para conectar, para parecer “diferentes”, y que los ha hecho quedar por encima de otros en muy diferentes terrenos.
Es un “algo” que tuvieron los Metallica en su género, es algo que tuvieron Iron Maiden... y es un “algo” que Bon Jovi supo explotar como nadie en el mundo del hard rock más mediático de los 80s. Pero eso, o más bien el éxito derivado de ese algo, fue paradójicamente también la cruz donde fueron clavados por los que sólo necesitan ese éxito como excusa para rechazar a un grupo o a un disco.

Dejando de banda lo que se pueda haber torcido su carrera desde entonces, los “complejos de estrella” y demás factores, tanto los “externos” a la música como los posteriores a su gran momento de gloria, es evidente que Bon Jovi dejó algunos de los trabajos más rotundamente populares y contagiosos de la ya larga trayectoria del hard rock, y es a la vez notable que ya entonces, en ese mismo momento de gloria, Bon Jovi también eran acusados de ser la banda más “pastelosa”, más “moñas”, o más cualquier otro adjetivo por el estilo de entre los millares que puedan haber recibido. Cosas del éxito.

De éxito, eso sí, también habían tenido a raudales. Del bombazo del multiplatino internacional (más de 20 veces platino en todo el mundo) “Slippery When Wet”, disco número 1 del Billboard y con varios números 1 en las listas de singles, habían sacado el partido necesario para hacerse un nombre que asegurara expectación de por vida, y en sólo dos años más “New Jersey” vino a reafirmar su popular condición con otro exitazo similar: de nuevo más de 20 millones de copias vendidas, álbum número uno en ventas en USA, UK, Australia, Canadá, Japón, Brasil, más de media Europa y montones de sitios dispares más, y cinco singles entre el top 10 de las listas USA, dos de ellos llegando a número uno. Números como estos son tan imposibles de imaginar hoy día como irrepetibles en el panorama actual, pero hay que decir no obedecen a otra cosa sino al enorme potencial mediático de estos trabajos.

“New Jersey” tuvo cinco, pero es fácil ver potencialmente hasta ocho singles como para arrasar en medio mundo aún hoy día, siempre y cuando se volvieran a dar aunque sólo fuera mínimamente unas condiciones de promoción y aceptación del público y mercado actuales por el hard rock. “Lay Your Hands On Me”, “Bad Medicine”, “Born To Be My Baby”, “Living In Sin”, “Blood On Blood”, “Wild Is The Wind”, “Stick To Your Guns” o “I’ll Be There For You” tienen un calibre en ese sentido que ya les gustaría poder exhibir hoy día a los mismos Bon Jovi (aunque sus últimas propuestos ni parezcan querer ir por este camino) y volverían loca a gran parte de las nuevas generaciones que entonces no tenían edad de disfrutarlas y hoy no tienen la fortuna de poder encontrarse frente al rock duro con la facilidad con la que podíamos en los 80s.

El hecho de que un solo disco pudiera recoger a la vez tantos singles potenciales también tiene su explicación, a parte en el buen hacer de los que trabajaron en el álbum, en la intención que tuvieron para la creación de “New Jersey”, que no fue otra sino precisamente deshacerse de las comentadas críticas a su accesibilidad o banalidad. Y es que todo el equipo que se había encargado del éxito de Bon Jovi, incluyendo el importante aporte de Desmond Child en la composición, la participación de Bruce FairBairn en la producción y la experta mano de Bob Rock con las mezclas, se conjuró para crear un trabajo que apareciera como más maduro, hardrockero, variado y de mayor empaque.
De esta manera, llegaron a crear hasta 26 temas para lo que inicialmente iba a ser un disco dobe (algo impensable para una banda de rock radiable del momento que tuviera “sólo” esa aspiración, y sí muy relacionado con las clásicas obras de gigantes del rock más “serio” y siempre respetado como Rolling Stones o Led Zeppelin), que finalmente se fue seleccionando –por la poca pretensión de riesgo que tuvo su discográfica- hasta quedar en las 12 que mejor funcionaban y que acabaron componiendo el disco único.
Si bien de esta manera terminó por no mostrar toda la variedad y monumentalidad que se pudiera pretender, sí que se consiguió componer un listado impecable de temas que es probablemente el conjunto más sólido de la carrera de Bon Jovi. Las intenciones se pudieron seguir adivinando en un sonido algo más potente, en la inclusión de temas soliales a sus habituales letras “amorosas”, en la contundencia y complejidad de un “Homebound Train” o en la influencia de Bruce Springsteen de un “Blood On Blood”, por ejemplo.
Pero a pesar de la notable evolución y riqueza que había ganado desde el disco anterior, el éxito de sus singles principales acabó por colocarlo en el sentir popular “sencillamente” –que no es poco- como el sucesor de “Slippery When Wet”.

Una enormidad que no dejó a nadie indiferente y que se ha colocado en un puesto de honor a la hora de hablar sobre el hard rock de los 80s que, para más mito, no tardó en tomar cariz de despedida por los constantes rumores de separación de la banda –recordemos los discos en solitario que se prepararon tras “New Jersey”- y que se acabaron por tapar ante el público con el revuelo del “reestreno” del grupo unos años más tarde con “Keep The Faith”. Todo un acontecimiento que acaparó portadas y minutos de televisión incluso en España para regocijo de sus fans (por lo menos para los que no corrieron asustados al ver el cambio de imagen y, en parte, de propuesta que presentaban), pero que no deja de ser ya historia posterior. Volvamos a “New Jersey” entonces, que n disco como éste merece por lo menos que se preste atención tema a tema:

1. "Lay Your Hands on Me" (Jon Bon Jovi/Sambora) – 6:00
Una entrada de las que saben crear expectativas progresivamente para un tema de hard rock melódico, hímnico y contundente que es hoy día uno de los más conocidos del trabajo e infaltable clásico de su repertorio. Cuarto single del trabajo, número 7 del Billboard. Aquí lo tenemos:


2. "Bad Medicine" (Jon Bon Jovi/Child/Sambora) – 5:16
Otro single claro –en este caso el primero del disco, además de número 1 del Billboard- en forma de otro medio tiempo, algo más dinámico y de menor tradición clásica y rockera que el anterior, pero con atractivo punto nuevo (para entonces, claro) acompañando a un riff y un estribillo de lo más pegadizo.

3. "Born to Be My Baby" (Jon Bon Jovi/Child/Sambora) – 4:40
Más gancho en cantidades industriales con “Born To Be My Baby”, segundo single de “New Jersey” y número 3 de las listas de éxitos, y un tema en la estela de anteriores clásicos como “Runnaway”. Rápido para el conjunto del disco, potente pero muy accesible y de estribillo coreable.

4. "Living in Sin" (Jon Bon Jovi) – 4:39
Más singles, ahora el quinto y de nuevo de fuerte pegada en las listas (número 9), con un corte a medio camino entre el medio tiempo y la balada de contenido social, con aires de himno de su época (ritmos y riffs muy claros y marcados, majestuoso estribillo, teclados ambientales de lo más 80s...) y una excelente interpretación a las voces por parte de Jon Bon Jovi, que se muestra aquí, como en la mayoría del disco, en un momento espectacular luciendo sus registros más aguerridos.

5. "Blood on Blood" (Jon Bon Jovi/Child/Sambora) – 6:16
Salimos del terreno de los singles (aunque “Blood On Blood” pudiera perfectamente haberlo sido por entidad y gancho) para adentrarnos en el rock más maduro heredero de Bruce Springsteen. Un corte de nuevo dinámico que pone una nota variada y muy interesante a lo que el disco es hasta el momento.

6. "Homebound Train" (Jon Bon Jovi/Sambora) – 5:10
Más variedad pone “Homebound Train”, incorporando estructuras más complejas y un sonido de lo más potente y afilado en “New Jersey”.

7. "Wild Is the Wind" (Jon Bon Jovi/Child/Sambora/Warren) – 5:08
Volvemos a los temas de clara orientación radiable con otro medio tiempo de soberbio y emotivo estribillo que con su fuera alterna a los pasajes lentos y baladeros.

8. "Ride Cowboy Ride" (Jon Bon Jovi/Sambora, credited to Captain Kidd/King Of Swing) – 1:25
Una especie de interludio acústico para dar rienda suelta a las tendencias country y folk a lo película del Oeste de Jon Bon Jovi, que sin más sirve de entrada “Stick To Your Guns”.

9. "Stick to Your Guns" (Jon Bon Jovi/Knight/Sambora) – 4:45
Todo un temazo a medio tiempo de melodías cercanas a la balada y quizá menor inmediatez que algunos de los singles claros del disco, pero de excelente recuerdo para el que se ha parado a escucharlo más con el tiempo.

10. "I'll Be There for You" (Jon Bon Jovi/Sambora) – 5:46
Y llega el turno para la balada más clara del disco, tercer single de “New Jersey” y rotundo éxito con un número 1 en el Billboard. Grandes melodías muy orientadas a la radio y a la vez sonido potente y aguerrida interpretación con ese gusto de las buenas baladas “heavys”. Para muchos “su gran” balada –lo que en la carrera de Bon Jovi es decir mucho-, y otro tema seña de su repertorio que en cuanto a intensidad parece empezar a ir cerrando el disco.

11. "99 in the Shade" (Jon Bon Jovi/Sambora) – 4:29
Y esto es porque le sigue “99 In The Shade” relajando el tono con un rock’n roll desenfadado, entretenido, macarra y casi relajante.

12. "Love for Sale" (Jon Bon Jovi/Sambora) – 3:58
Y por último, “Love For Sale” pone punto y final de manera acústica y de nuevo distendida. Otro contrapunto más para añadir matices a un disco que, efectivamente, tiene un objetivo mediático claro, pero que lo aborda de una manera absolutamente efectiva y contagiosa.
Si aceptamos que "comercial" no es ni mucho menos sinónimo de "malo", y queremos escucharlo sin prejuicios, por supuesto.

jueves, 21 de agosto de 2008

1996 - Metallica - Load


Ya han salido algunos casos claros: “Born Again”, “Flick Of The Switch” o “Presence” pueden ser algunos de esos discos de bandas grandes históricamente maltratados y pocas veces recuperados. Pero si hay un disco que haya recibido “palos” por doquier una y otra vez desde su publicación –algo, por supuesto, reservado sólo a esas “bandas grandes”- ése es “Load”.
Puestos a medir por este criterio, es tan difícil superarlo que puede que sólo lo hayan conseguido superar los mismos Metallica, visto el aluvión de críticas negativas que todavía hoy sigue recibiendo “St. Anger”. Para colmo y a diferencia de éste, “Load” ya tiene los suficientes años de trayectoria como para que una parte importante de las nuevas generaciones de metaleros -que en 1996 no estaba entre los “consumidores”- haya aceptado la crítica que les venía dada y lo juzgue sin haberlo llegado a escuchar, al menos con atención o más de un par de veces.
De entre los que lo esperaban impacientes ya cuando salió al mercado, sin embargo, hay quienes lo rechazaron y han acabado por olvidarlo en el tiempo, y quienes habiéndolo rechazado al principio han ido reconociendo otros valores con los años y las escuchas, entre otras muchas combinaciones. Lo que pasará con “St. Anger” ya lo veremos.

El caso de “Load” es, sin embargo, diferente a casi todo. Para empezar, estamos hablando de que este trabajo, uno de los discos más “malditos” y desdeñados de la historia del rock duro, fue, ni más ni menos que número 1 del Billboard de álbums, colocó dos singles también como números 1 (“Until It Sleeps” y “Hero Of The Day”) y otros dos entre los 10 primeros de las listas (“Bleeding Me” y “King Nothing”).
Dado que estas dos posiciones (enfurecida crítica y éxito de ventas) casan muy difícilmente, se ha de recurrir al tan habitual argumento del “cambio de público” para justificar el hecho. Dicho de otra manera, y siempre en parte, el público de “Load” no fue el mismo que el de trabajos anteriores sino uno más masivo, y el público “anterior” fue la masa para esa crítica que no soportó el cambio.

Y como un cambio de público suele ser el acompañamiento de uno de estilo, o al menos de enfoque comercial –no nos engañemos, haya cambio de estilo o no, el éxito ante el gran público de una banda ya reconocida por uno especializado suele traer el rechazo de este último-, hay que acudir a lo que realmente está en el centro de todo: ¿cómo sonó “Load”?

Lo primero es la evidencia: diferente a como venía sonando Metallica hasta antes de su disco homónimo, e incluso diferente y más allá de cómo sonó éste. Si el mero hecho de la diferencia y el cambio ya conlleva siempre críticas y decepciones, en un público tan “especializado” como lo es el del mundo del Metal era lógico que creara polémica la inclusión de elementos e influencias más acordes con las propuestas más mediáticas del momento.
Aún así, hay que aclarar una cosa que no pocas veces se ha confundido: “Load” no es para nada un disco fácil y accesible. En todo caso, algunos temas (especialmente los dos singles nº 1 y alguno que otro más) presentan melodías más accesibles, entre otros planteamientos. Pero en conjunto, no es descabellado decir que el disco homónimo e incluso algunos otros anteriores son trabajos más inmediatos y llegadores (aunque estos últimos no ante un público tan mayoritario) que “Load”.
La mayor complejidad con la que interaccionan los instrumentos, la también mayor de los arreglos o de la producción en general, o el más amplio abanico de influencias son algunos signos de la mayor dificultad del disco, que sin embargo puede ser acusado con más razón de cambiar frescura y energía por un carácter más pensado –algunos dirían “maduro”- y trabajado.
Ya tenemos donde agarrarnos para explicar todo el revuelo: un disco difícil y a la vez más metido en sonidos más cercanos al gran público. ¿Cuáles eran estos sonidos?

En “Load” se evidencian influencias tan diversas como las de aquel nuevo rock hoy llamado “alternativo” de la época (el que sucedió al primer grunge), el rock’n roll y folk rock de fuertes raíces americanas, y el rock duro orientado al blues (y mucho blues) con las más añejas referencias en la historia del género. Algo de “nuevo”, algo de “viejo”, y por detrás, esa personalidad -no del todo apagada- más metalera que tras una trayectoria como la que tenían era imposible encerrar completamente.
El si es o no posible lograr que una mezcla como ésta llegue a buen puerto dependerá del que lo escuche. Por lo menos, Bob Rock se encargó de que sonara con mucho empaque y riqueza de matices, y seguramente lo consiguió (con lo que podemos suponer un gran esfuerzo y mucha convicción, compartida por la banda, en la apuesta fuerte por este nuevo aire) en mayor grado que en el siguiente “ReLoad” que, por otra parte, y por mucho que esté formado por temas que se compusieron en la misma época, puede que quedara condenado (o salvado, según se vea) por los cortes que no encajaran tanto esa apuesta, quizá algunos de los más fáciles, ligeros, menos blueseros o diversos, y a un conjunto quizá menos coherente o trabajado desde el plano de la producción que éste.

Así las cosas, podría decirse que, pudiendo gustar o no (algo con lo que poco se puede hacer más que a nivel personal y que, por supuesto, nada tiene de malo ni en una postura ni en otra), pero valorado dejando de banda los prejuicios, “Load” fue un buen disco, ateniéndose a los estándares de calidad en los que se movía Metallica o el panorama rockero de la época. Si tampoco ha acabado considerado como un grande en esos otros terrenos (salgamos del Metal, entonces) puede que se deba a las diferencias antes comentadas o, esto parece tener más peso, a dos características puede que algo subjetivas pero influyentes y muy ligadas entre sí.

La primera es la “irregularidad”, entendida no como la diferencia de calidad entre los temas sino como la suma variedad y diferencia de “efectividad”, efectismo, o como se le quiera llamar, que va adquiriendo con el minutaje; y la segunda, el quizá no muy acertado orden en el que se presentan los temas, que colocándose casi en dos bloques diferenciados (un primero donde los temas son más intensos, inmediatos, más potentes, y un segundo más experimental aunque quizá menos desarrollado) acaba por dar la impresión de que sobra “relleno”, no haciendo sino acentuar la impresión de la primera.
Más específicamente, hay otros aspectos de ese orden que no dejan de extrañar en un trabajo que se quiera presentar como tal, y no como sólo un contenedor de algunos temas estrella o casi como un recopilatorio: los dos singles más claros están casi juntos, se juntan también algunas de las canciones de tempo más lento, el tema más largo aparece al final y después de la parte “más difícil”...

Con esto, puede que, disponiendo del mismo material, el disco hubiera funcionado mejor si se hubieran conformado con un track list más corto, aunque fuera menos ambicioso, y quizá con otro orden. Por ejemplo, ¿no sería mucho más digerible, sin dejar de mostrar los valores pretendidos, un “Load” con sólo 10 temas más homogéneos, dejando fuera "Poor Twisted Me", "Ronnie", "Cure" y "Mama Said"?

Podemos buscar muchas otras combinaciones más cortas que la original y que mantengan el interés durante todo el disco, siempre sin añadir un ápice a unas grabaciones y unas composiciones bien hechas. Personalmente, creo que un disco como el del ejemplo bien pasaría por uno de los más grandes del hard/heavy rock de los 90s.
Nada que hacer si estamos buscando thrash, agresividad o guitarras afiladas, claro, pero tampoco caigamos en esas ideas tan reduccionistas por las que si algo trabaja un determinado estilo ya no (o sí) merece la pena. Con un poco de paciencia y nada de opiniones prefijadas, las cosas se ven de otra manera.